El Observatorio

Los derechos individuales, ¿van a matar a la libertad?

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En una entrevista conjunta, Le Figaro reúne a dos autores que acaban de publicar en Francia sendos libros sobre la libertad: Carlo Strenger, ensayista israelí, autor de Allons-nous renoncer à la liberté?, y el abogado François Sureau, autor de Pour la liberté, que ha recurrido ante el Consejo Constitucional en contra del “estado de emergencia” adoptado en la lucha contra el terrorismo.

Ambos subrayan que, incluso en las sociedades liberales, la libertad no se puede dar por supuesta, hay que luchar por ella. “En estos tiempos de atentados, de vuelta a los fundamentalismos y de ascenso de los extremismos, querría recordar que la libertad no es un derecho fundamental sino una conquista de la cultura occidental que hay que preservar, y de oponer al consumismo pasivo”, dice Strenger.

Ambos politólogos señalan la incoherencia de las tendencias individualistas que paradójicamente llevan a un refuerzo del control por parte del Estado. “De un lado –dice Sureau–, se busca la satisfacción ilimitada de los derechos de disfrute individual; del otro, se pide que el Estado administre la guardería social, arrogándose un derecho de control integral sobre nuestras vidas”.

Estado niñera

También Sureau muestra su inquietud ante “el desarrollo de lo que se llama el ‘Estado niñera’, ese Estado hiperprotector que quiere proteger la sensibilidad de cada uno como una madre. El precio que hay que pagar es una tiranía de lo políticamente correcto, que limita la libertad de expresión”.

La defensa de la seguridad en estos tiempos de atentados terroristas no nos debe llevar a abdicar de nuestros propios principios. En este tema, dice Sureau, el primer principio a respetar es que “nadie es un criminal antes de que haya cometido un delito (…) El abandono de esta idea va de la mano con una forma de relativismo moral que ha borrado la noción de mal: cada uno actúa como le da la gana, pero cuanto más se reconoce este derecho, más nos volvemos hacia el Estado para garantizar la seguridad del conjunto. Hay una relación estrecha entre la inmoralidad de nuestras sociedades y el carácter represivo del Estado. El segundo principio es que confiamos el castigo de los delitos a un juez independiente. Es lo que el ‘estado de emergencia’ [vigente en Francia para la lucha contra el terrorismo] ha querido abolir, al otorgar cierto número de poderes represivos al representante del gobierno. ‘Más seguridad, menos libertad’ es una idea absurda, pues todo el sistema del Derecho, mucho antes de la Ilustración, ha sido concebido para no tener que escoger entre ambas cosas”.

Para Carlo Strenger, “es fácil seguir siendo civilizados frente a los que lo son tanto como nosotros. Nuestro gran deber es conservar los logros morales de nuestra civilización en las situaciones de crisis. Y la historia está llena de momentos en que lo hemos conseguido”.

Por su parte, Sureau advierte que “la idea de que la mejor manera de defender una civilización sería renunciar a aquello que la constituye es a la vez absurda y peligrosa. Y no demuestra más que una cosa: que no estamos convencidos de ser una civilización, pues estamos tan fácilmente dispuestos a renunciar a ella. Es, en síntesis, el mensaje que transmite la propaganda islamista: Mirad, dicen, han sustituido a Dios por los derechos humanos, y no creen en los derechos humanos más que en Dios, puesto que hacen caso omiso de ellos cuando se trata de luchar contra nosotros; así que no creen en nada, y como no son nada, nosotros no hacemos más que destruir la nada”.


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