Los cristianos palestinos abandonan su tierra

La inseguridad, las altas tasas de paro y los bajos salarios impulsan la emigración

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En los últimos veinte años, más de la mitad de los palestinos cristianos han abandonado Palestina. Se van preferentemente a Toronto, California, Melbourne o París. Pues les resulta difícil defender su identidad árabe -entre una mayoría árabe musulmana-y sobrevivir con una economía maltrecha.

La emigración de cristianos es general en Oriente Próximo (ver servicios 69/95 y 111/95). Tanto, que en Tierra Santa los cristianos constituyen sólo el 2% de la población. De Jerusalén se han marchado en los últimos cuatro años más del 90% de las familias cristianas. Otro ejemplo de este éxodo es Belén, símbolo de la autonomía palestina. Antes de 1948, el 90% de su población era cristiana; pero tras la salida de 50.000 cristianos, ya sólo lo es un tercio de la población. Entre las causas de la emigración de los territorios "liberados" en Palestina, destacan las altas tasas de paro -hasta el 60% de la población activa- y los bajos salarios. Los ingresos medios de un palestino son de 700 dólares al año, muy lejos de los 15.000 en Israel.

Las dificultades económicas se ven agravadas por la situación de inseguridad. Pues los atentados terroristas contra Israel -condenados por obispos y patriarcas- han acentuado las medidas de represión contra la población palestina. El Consejo pontificio "Justicia y Paz" habla incluso de "castigo colectivo". La mayoría de los asalariados de Jerusalén han sido bloqueados dentro de los territorios palestinos. Y el control severo de población que viaja de la capital a los territorios ha desorganizado escuelas y hospitales.

Además, los palestinos cristianos que viven en Israel están demasiado divididos políticamente como para tener peso en el Parlamento. De los que viven en territorios de la Autoridad Nacional Palestina, son minoría los que se dedican a la política. Algunos frecuentan el entorno de Arafat; pero su capacidad de decisión en el Parlamento palestino es escasa. Además, se ven forzados a radicalizar su nacionalismo, ante el temor de ser considerados como representantes de la cultura occidental.


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