Los amigos del crimen perfecto

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Autor: Andrés Trapiello

Andrés Trapiello
Destino. Barcelona (2003). 334 págs. 18,90 €.

Poeta, ensayista, articulista y autor de diez volúmenes de sus dietarios, quizá lo más logrado de su variada trayectoria literaria, Andrés Trapiello ha ganado el último premio Nadal con Los amigos del crimen perfecto, su quinta novela. Salvo Días y noches (ambientada en la guerra civil; ver servicio 128/00), los demás transcurren en el escenario de la transición española: La tinta simpática (1988), El buque fantasma (1992) y La malandanza (ver servicio 103/96). Como novelista, Trapiello se mueve en un terreno barojiano, con un estilo sobrio y depurado, aunque la inconsistencia de las tramas acaba por restar fuerza a unos atrayentes personajes. Las mismas características aparecen en esta novela, ambientada en 1981.

El protagonista, Paco Cortés, es un escritor de novelas policiacas para los quioscos. Con un grupo de amigos, participa en una tertulia a la que han dado el nombre de Amigos del Crimen Perfecto. Allí se dan cita extravagantes amantes de la novela policiaca, que se hacen llamar Poe, Marlowe, Maigret, Mrs. Marple, Padre Brown y Sherlock. Paco Cortés (Sam Spade) es el líder de esta reunión, donde se discute cómo sería el crimen perfecto, aquel que reuniese todos los ingredientes para que el asesino no fuese descubierto nunca. Quizá las mejores páginas estén en las ingeniosas reflexiones sobre este objetivo, en las divagaciones sobre la novela policiaca y en la presentación de los personajes.

Luego la acción avanza a tirones por pasajes prescindibles, hasta que aparece un crimen de verdad. Es en ese momento cuando los contertulios se dan de bruces con la realidad y descubren, sobre todo Sam Spade, que la vida poco tiene que ver con la novela policiaca.

Pero Trapiello no tiene la intención de escribir otra novela de género, ya que poco a poco se desvía de los mecanismos de este tipo de obras. Para ello introduce la parodia de este mundo y sus protagonistas; la ironía y el sentido del humor; y también un contenido moral que justifique la reflexión policiaca. En la novela se lee: "No hay que olvidar que el crimen perfecto no es más que una metáfora extrema de la lucha por la vida". Y así, el crimen que tienen delante les sirve para indagar en la memoria colectiva, en las cicatrices de la Guerra Civil y en el comportamiento criminal de parte de la policía durante el primer franquismo.

Los mimbres son, pues, interesantes, pero la novela no consigue levantar el vuelo. El drama íntimo de Paco Cortés, sus fracasos personales y profesionales, apenas tienen solidez en la novela; los personajes secundarios, que deambulan sin mucho sentido, no consiguen liberarse del lastre del esquematismo; y los temas de fondo que dice plantear la novela son como un añadido teórico a una trama excesivamente deslavazada. El altavoz del premio Nadal servirá a Trapiello para tener más presencia en los medios de comunicación y, quizá, ganar más lectores que los que ya tiene con sus minoritarios dietarios, pero dudo que incremente su prestigio como escritor.

Adolfo Torrecilla

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