Los amantes del Pont-Neuf

Les amants du Pont-Neuf

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Director: Leos Carax

Director: Leos Carax. Intérpretes: Juliette Binoche, Denis Lavant, Klaus-Michael Grüber.

De las cuatro películas de Leos Carax tal vez las más conocidas sean Chico conoce chica y Mala sangre. Con Los amantes del Pont-Neuf es posible que Leos Carax haya realizado, si no una obra maestra, quizá sí la de un futuro maestro del séptimo arte. ¡Por fin alguien escribe con lenguaje cinematográfico!

En la consecución de esta deslumbrante magia de color y sonido, creativa, original, desmedida... han colaborado sin duda un magnífico director de fotografía (Jean-Yves Escoffier) y un novedoso y valiente montaje (Nelly Quettier), París y la música, tan variada como bien ensamblada: todo forma una unidad, plena, explosiva, sobrecogedora y tierna, fantástica y vulgar..., en la que hay sitio hasta para el error y lo fallido.

A partir de una experiencia más que humana, en tanto que la electricidad que la enciende es la piedad por el otro, Leos Carax ve su futura obra. Es el amor de misericordia por los miserables, los vagabundos..., entrando de pronto en su noche, sufriendo la angustia de no saber ayudarles en su desamparo.

Este aliento creativo se tradujo en una historia de amor entre dos pordioseros, trágica y hermosa. Alex, un joven vagabundo, borracho, camina de noche, bamboleándose, por el centro de una calle... Michèle, una joven miserable, antes pintora, enferma de los ojos, le mira, le traslada a uno de sus pliegos... Un taxi atropella a Alex... Se encuentran días después en Pont-Neuf... Y la historia sigue en un crescendo trágico y bello. Heridos, capaces de morir de amor, de matarse, de matar, de enloquecer de dolor..., su embrutecerse, su estupidez, su heroísmo.

Más que la anécdota, lo que importa y es cine... es la imagen visual, y su secuencia, y su ruptura, y el encadenamiento con otra, o con el ruido, el rumor, el grito, la música...: las otras palabras de ese otro lenguaje que es el cine.

Los actores son miserables vagabundos, no interpretan disfrazados, hay una verdadera conversión: Carax les contagia su entusiasmo y delirio divinos, sobrecoge su destino oscuro, como la diaria presencia de esos seres humanos en las esquinas de todas las ciudades.

Pedro Antonio Urbina

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