Las universidades públicas ya son gratuitas en toda Alemania

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La Baja Sajonia se ha sumado al resto de Estados federados que en los últimos años han ido eliminando las tasas académicas, también para los alumnos extranjeros. Pero el debate sobre la financiación de la Universidad aún no está cerrado: ante el temor de que el sistema no sea viable, algunos think tanks piden que vuelvan las tasas.

En Alemania, la administración de las universidades depende desde hace años de los Estados federados. Pero hasta la reforma del federalismo, aprobada en 2006, había una ley de universidades que fijaba unos criterios comunes; entre otros, la prohibición de cobrar tasas en la primera carrera realizada por un alumno.

Esta prohibición fue recurrida en 2002 ante el Tribunal Constitucional alemán por seis Estados federados gobernados por la Unión Cristiano-Demócrata (CDU), al entender que el Estado central invadía las competencias de los Länder (cfr. Aceprensa, 24-09-2003).

Tras la reforma del federalismo, la financiación de las universidades públicas pasó a depender de los Estados federados

Además, había otras dos grandes pegas. Aunque los gobiernos territoriales se encargaban de la gestión de las universidades, era el gobierno federal quien ponía el dinero. ¿Le saldrían las cuentas? La otra pega vino de las universidades: en opinión de algunos rectores, la abolición de las tasas podía limitar la competencia entre los centros, dado que tenían menos autonomía para diferenciarse.

En 2005, el Constitucional anuló la prohibición de las tasas, lo que provocó que siete Länder volvieran a introducirlas. Pero la decisión fue tan impopular que, poco a poco, estos Estados se fueron desdiciendo. Los dos que faltaban eran Baviera, que eliminó las tasas el pasado curso, y Baja Sajonia, que las ha quitado este curso.

Dinero público y meritocracia

No obstante, la mayoría de Estados mantuvieron las tasas para las segundas carreras y para los alumnos retrasados en los estudios. La idea era evitar que a los alumnos que exceden el tiempo normal que dura la carrera les compense eternizar sus estudios, dados los descuentos de que gozan los universitarios en los transportes, espectáculos, comedores… (cfr. Aceprensa, 26-05-2004).

Con la reforma del federalismo, la financiación de las universidades también pasó a depender de los Länder. Esto trajo un alivio importante al gobierno federal, que decidió destinar parte de lo que se ahorraba a un programa de excelencia universitaria. Esta iniciativa premiaba con fondos adicionales a las universidades con mejores resultados; el objetivo era crear una liga de universidades de élite que pudieran competir con otras en el extranjero (cfr. Aceprensa, 1-11-2006).

Para incentivar la competencia, el gobierno central premia con fondos adicionales a las universidades con mejores resultados

Los resultados de este programa –que se atrevió a romper la tradición igualitaria en la enseñanza superior alemana– han sido muy positivos. En el último ranking del Times Higher Education (THE), que identifica a las 200 mejores universidades del mundo, figuran 12 universidades alemanas.

Una carga que agobia a los Estados pobres

Pero también ha habido perdedores. En un artículo publicado en The Conversation, Barbara Kehm –profesora universitaria y miembro de la Asociación Alemana de Investigación en Educación Superior– explica que la reforma del federalismo ha perjudicado sobre todo a los Estados más pobres del Este alemán, aquejados de una creciente despoblación. Aunque también ellos optaron por eliminar las tasas para atraer a más alumnos, sus deslucidas arcas no pueden competir con las de otros Estados.

En estos momentos, dice Kehm, el debate sobre las tasas académicas se encuentra en punto muerto. Una gran mayoría de la opinión pública alemana rechaza las tasas y pocos políticos están dispuestos a contradecirla. Pero algunos influyentes órganos consultivos y think tanks alemanes siguen empeñados en introducir las tasas, por lo que es bastante probable que el debate vuelva a reabrirse.

En Alemania, hay 379 instituciones de enseñanza superior en las que estudian unos 2,4 millones de alumnos. Aunque en estos últimos años el gobierno federal ha multiplicado los llamamientos para que las universidades públicas busquen aportaciones privadas, lo cierto es que cerca del 80% de su presupuesto está cubierto por los Estados. Los alumnos matriculados en universidades privadas solo representan un 5% del total.


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