Las novelas juveniles inconformistas de Alessandro D’Avenia

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Alessandro D’Avenia (Palermo, 1977) es doctor en Filología Clásica, profesor, guionista y autor de varias novelas juveniles que han obtenido éxito en Italia y en otros países. Su literatura se enmarca dentro de la literatura adolescente, pero transita por caminos distintos a los de los escritores más de moda.

D’Avenia emplea muchos ingredientes propios de este género: el mundo del instituto, las amistades, los primeros amores, la música, el fútbol, los conflictos que tienen con los padres y con la sociedad, etc. Sin embargo, no emplea un mensaje adulador: más bien, intenta que los adolescentes desarrollen al máximo sus potencialidades en el estudio, en la vida y en el amor. Como telón de fondo, se nota su formación clásica y el alto concepto que tiene de la buena literatura, de la que beben también sus personajes.

Su primera novela, Blanca como la nieve, roja como la sangre (2010), que se convirtió en película en 2014 de la mano del director Giacomo Campiotti, tuvo rápidamente un éxito popular entre los adolescentes, señal de que había conectado con sus gustos e intereses.

Lo mismo pasó con su segunda novela, Cosas que nadie sabe (2011), donde cuenta las vidas de un conjunto de personajes entre los que sobresalen Margherita, su compañero de instituto Giulio y un joven profesor de literatura al que le aterra el compromiso a casarse por miedo al amor. Como en la anterior, con mucha imaginación, el autor italiano vuelve a ensalzar valores como la amistad, el diálogo, la comprensión y el perdón.

Su tercera obra, El arte de la fragilidad (2017), tiene un carácter epistolar y un poco más ensayístico, pues se centra en la vida y obra del poeta italiano Giacomo Leopardi, lo que da pie al autor a reflexionar sobre la felicidad, la belleza y la fragilidad.

Un barrio marginado

Ahora aparece en español su última novela, Lo que el infierno no es (publicada en Italia en 2014), inspirada en experiencias juveniles del autor. El protagonista es el sacerdote don Pino Puglisi, profesor de Religión en el liceo de Palermo donde D’Avenia era estudiante. Don Pino murió asesinado por la mafia en 1993. Fue beatificado en 2013.

D’Avenia no adula a los adolescentes, sino que los provoca a desarrollar al máximo sus potencialidades en el estudio, en la vida y en el amor

La novela cuenta la relación que mantiene Federico, un joven de diecisiete años, con este sacerdote, párroco además en una iglesia del barrio marginal de Brancaccio. Federico es buen estudiante y muy buen lector. Está fascinado con las poesías de Petrarca y las novelas de Dostoievski. Encuentra en la literatura lo que la mayoría de las veces no le da la vida. Además, es un enamorado de las palabras, que le sirven para conseguir un fuerte anclaje en el mundo. Insatisfecho con la vida que lleva, acepta la invitación de don Pino para visitar Brancaccio.

Allí, Federico se encuentra con una realidad absolutamente desconocida para él. Se trata de un barrio miserable, con muchas lacras sociales, donde solo brilla la labor social y sacerdotal que desarrolla el párroco, preocupado de verdad por la situación de muchos niños y jóvenes del barrio, que crecen sin expectativas en un contexto marcado por las drogas, el paro, la violencia y las familiares rotas.

Los padres y las madres de los niños que frecuentan el Centro Padre Nuestro de la parroquia están en el paro, se dedican a robar o al trapicheo de las drogas o están sumergidos en la prostitución… Además, está el problema de la Mafia, que no ve con buenos ojos la actividad solidaria de don Pino.

Esta experiencia provoca en Federico, un joven de muy buenos sentimientos, una fuerte sacudida emocional. Decide implicarse en la actividad del barrio, lo que le provocará no pocos problemas con sus padres, su hermano Manfredi, sus amigos de instituto y… hasta con la Mafia. Sin embargo, gracias a don Pino y la literatura, conoce a Lucia, una joven del barrio, también excelente lectora, que comparte los mismos deseos que el sacerdote de transformar las vidas de los niños que se acercan a la parroquia. Pero nada en este barrio, con muchas carencias, resulta ni sencillo ni fácil de conseguir. Y las dificultades se acumulan en las vidas de estos protagonistas.

Sentimientos

D’Avenia salpica toda la novela de nobles sentimientos, en especial en los corazones de Lucia y Federico. También hay un elogio del poder transformador de la literatura y de la cultura. Hay muchos momentos interesantes, que ofrecen una imagen esperanzadora de la adolescencia, capaz de potenciar en su interior valores que a menudo se ocultan, aunque hay también una crítica –personificada en los amigos burgueses de Federico– hacia una juventud que solo vive para sus caprichos.

La novela destaca sobre todo la actitud vital de don Pino, un sacerdote que busca a Cristo en todo lo que hay a su alrededor, aunque esto sea desagradable, como sucede en el barrio de Brancaccio. Él intenta llevar el mensaje cristiano a personas que están abandonadas, olvidadas, especialmente a los más vulnerables: los niños. El ejemplo de don Pino es determinante para los vecinos y para Lucia y Federico, aunque él se quede solamente en el aspecto humano del mensaje del sacerdote y no capte el trasfondo espiritual.

La novela se dirige al público juvenil con un estilo poético, realista, directo, a veces exagerado e idealista. Para los lectores adultos, en cambio, pueden resultar melosas algunas escenas y expresiones, así como excesiva la moralina de la parte final. Pero, a pesar de eso, la novela emociona porque todo lo que aparece es auténtico. Además, no son temas muy explotados en la literatura juvenil: un sacerdote entregado a sus feligreses y a su barrio, y que se enfrenta a la Mafia; y unos jóvenes que comparten la aspiración de transformar un trozo de miserable realidad aportando cariño, aunque esta actitud les provoque no pocos problemas.


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