Ladrones de libros

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Muchos que no hurtarían un libro de una tienda, se apropian, sin embargo, de copias digitales piratas sin el menor escrúpulo. Pero tan robo es lo uno como lo otro, dice el divulgador científico Richard Conniff en The New York Times.

Conniff cuenta que un día estaba dando clase en la universidad y observó que varios alumnos estaban siguiendo el libro de texto en copias piratas, “descargadas gratis de algún dudoso ‘proveedor’ en Internet”.

En un college tan progresista como aquel, ¿quizá aquellos alumnos estaban haciendo un acto de protesta contra las poderosas editoriales de libros de texto? “Les informé de que, en realidad, estaban robando al autor, que resulta ser el activista contra el cambio climático Bill McKibben, uno de sus héroes ecologistas. Y la Library of America, la editorial que publicó el libro, es una entidad sin fines de lucro”.

Según encuestas que cita Conniff, la retribución media a los autores ha bajado un 42% en EE.UU. desde 2009, y el pirateo les priva de unos 30 millones de dólares al año en derechos. En cambio, “las personas que reconocieron haber leído un libro pirateado en los seis meses anteriores, son por lo general de clase media, alto nivel de instrucción, mujeres y hombres, de 30 a 44 años… y una renta de 60.000-90.000 dólares anuales”. Además, “muchos de ellos, como mis alumnos, son fans de los autores a los que piratean, como si difundir copias del trabajo de otro sin pagar fuera una especie de homenaje”.

El contrabando de libros se realiza por diversos canales: “bibliotecas piratas” que se encuentran fácilmente con Google, archivos PDF ilegales en eBay, grupos de Facebook, o por tráfico de persona a persona. “Hay un continuo goteo de alertas por email de sitios web que, en descarada infracción de las leyes de copyright, ofrecen descargas gratuitas de libros que han costado años de trabajo a sus autores. En estos momentos, tengo unas 400 ofertas piratas de libros míos en una carpeta de email etiquetada Ladrones”.

Poco pueden hacer autores y editoriales. Cuando detectan un distribuidor pirata en Internet, tienen que enviarle una advertencia formal para que retire las copias ilegales. Si el pirata hace caso (lo que no es frecuente, sobre todo si radica en el extranjero), el libro simplemente emigra a otra dirección de Internet, adonde hay que enviar otra advertencia, y entonces el libro vuelve a emigrar, y así una y otra vez. “Jugar al ratón y al gato con piratas puede llegar a ser un trabajo de jornada completa no retribuido”.


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