La violencia televisiva incita a la violencia en la vida real

Un estudio concluye que los niños que ven programas violentos tienen mayor probabilidad de convertirse en jóvenes agresivos

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Aunque los psicólogos consideran prácticamente demostrada la relación entre violencia televisiva y agresividad durante la infancia, no está tan claro que la influencia perdure hasta la edad adulta. Ahora, unos investigadores de la Universidad de Michigan afirman haber comprobado esto último en un estudio publicado en la revista Developmental Psychology (marzo 2003).

Los autores (Rowell Huesmann, Jessica Moise-Titus, Cheryl-Lynn Podolski y Leonardo Eron) hicieron un estudio en 1977 sobre 379 niños y niñas de Chicago. Les preguntaron qué programas de televisión violentos veían, si se identificaban con los personajes agresivos y si consideraban que las situaciones violentas eran reales. Quince años después reexaminaron a las mismas personas, para ver si tras la infancia habían tenido conductas agresivas.

Los resultados son significativos. Tanto los hombres como las mujeres que en su niñez veían con frecuencia programas violentos, a los veintitantos años resultan más proclives a mostrar agresividad en discusiones con sus cónyuges u otras personas. También tienen un índice de infracciones de tráfico y de actos delictivos superior a la media. En el caso de los hombres, la tasa de condenas por delitos es tres veces mayor.

Como suele ocurrir con las correlaciones estadísticas, que da la duda de si ver televisión incita a la agresividad o si las personas predispuestas a la agresividad tienden a ver más televisión. Según el Prof. Huesmann, "es más plausible que la violencia en la televisión aumente la agresividad, que a la inversa" (The Daily Telegraph, 10-III-2003). En apoyo de esta hipótesis hay varios estudios, en especial uno más amplio dirigido por Jeffrey Johnson (Uni-versidad de Columbia) y publicado en Science el año pasado (ver servicio 49/02).

A la vista de los indicios, los investigadores de la Universidad de Columbia aconsejaban que los padres no dejen solos a sus hijos frente al televisor, no solo para controlar lo que ven, sino también para que los niños aprendan a juzgar críticamente los programas. Parece que esta forma de actuar evita que el niño se identifique con los personajes violentos y tome la violencia mostrada como real, y reduce la probabilidad de que reproduzca las escenas violentas en la fantasía o los juegos.


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