La reforma educativa de Obama plantea criterios competitivos

Página 1

Pago a los profesores en función del mérito, quitar límites al desarrollo de las escuelas autónomas subvencionadas y cerrar las escuelas públicas que no funcionen, alargar la jornada y el año escolar... Si lo hubiera hecho George Bush, se diría que era un nuevo ataque contra la escuela pública y un intento de someterla a las reglas de la competencia mercantil. Pero es lo que ha propuesto Barack Obama en su primer discurso importante sobre la reforma educativa que quiere impulsar.

En un terreno tan sometido a los tics ideológicos, Obama ha advertido que su secretario de Educación, Arne Duncan, “utilizará un único test para decidir qué ideas apoyar con nuestros impuestos. No importará si la idea es progresista o conservadora; solo que funcione”.

Un criterio realmente “revolucionario”, en un campo en el que a menudo se da más trascendencia a los métodos y a los ideales que a los resultados. Si Obama aplica lo que dice, estará llevando a la práctica iniciativas que ya empezaron bajo la presidencia de Bush y que ya encontraron la oposición de los sindicatos de profesores de la enseñanza pública.

Pagar a los profesores en función del mérito, y no solo de la titulación y de la antigüedad, es algo que ya se implantó desde 2006 en colegios públicos de 13 estados, entre ellos en ciudades como Chicago (cfr. Aceprensa 29-11-2006). El mérito se mide por los resultados que obtengan sus alumnos en los exámenes estatales y en evaluaciones que se realizan en cada clase. “Este criterio -dijo Obama- significa tratar a los profesores como profesionales que son, y al mismo tiempo exigirles más responsabilidades”.

Tradicionalmente, los sindicatos de profesores han estado en contra del pago por méritos, pues dicen que puede ser el caldo de cultivo de la arbitrariedad y el favoritismo en las retribuciones. Pero últimamente han empezado a pasar por el aro, con ciertas condiciones.

Obama parece también más atento a los deseos de las familias que a los de los sindicatos con otra de sus directrices: quitar los límites al desarrollo de las charter schools (escuelas autónomas financiadas con dinero público) y cerrar las escuelas que no funcionen. Las charter schools han despertado gran interés en las familias desde hace años, pues permiten aglutinar a padres y profesores en torno a un proyecto educativo. De hecho, tienen unas lista de espera de 365.000 peticiones en todo el país, según dice la asociación que las agrupa. Sin embargo, los sindicatos de profesores se oponen a ellas, diciendo que quitan fondos a la enseñanza pública.

La Administración Obama, en cambio, las ve como un “laboratorio de innovación”. “Pido a los estados -dijo Obama en su discurso- que reformen sus reglas sobre las charter schools y quiten los topes sobre el número de estas escuelas, allí donde hay límites de este tipo”.

Por si la sacudida no fuera suficiente, Obama ha sugerido también alargar la jornada escolar y recortar las vacaciones, para que el año escolar tenga una duración similar a la de otros países.

Es verdad que la reforma educativa no depende solo de las ideas de Obama, pues en EE.UU. la educación está más en manos de los estados que del gobierno federal. Pero en el programa de estímulo de la economía recientemente aprobado se incluye un gasto de 5.000 millones de dólares para programas de enseñanza pre-escolar, y el Congreso puede tomar otras iniciativas.

Ya que Obama se ha convertido en una especie de faro del pensamiento avanzado, será interesante ver si sus ideas son bien recibidas por los sindicatos de profesores que tradicionalmente han sido aliados del Partido Demócrata.

Y no solo en EE.UU. Imaginemos la reacción de los sindicatos de la enseñanza pública en España, ante un gobierno que hiciera propuestas de este estilo: acabar con el igualitarismo salarial, ampliar el año escolar, dejar que la oferta de puestos escolares dependa de la efectiva demanda social, aunque suponga ampliar las escuelas concertadas y cerrar la escuelas públicas fracasadas... Por mucho menos que eso, están en pie de guerra contra el gobierno de la Comunidad de Madrid. Y cuando un gobierno de izquierdas, como el de Cataluña, intentó hacer algún cambio en esta dirección dentro de la enseñanza pública, tuvo que dar marcha atrás. ¡Privatización, competitividad, desigualdad! Palabras malditas. ¿Y si el discurso es de Obama?


Nuestra web utiliza cookies para facilitar el servicio. Si continúa navegando entendemos que las autoriza.