La nueva izquierda religiosa de Joe Biden

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(Actualizado el 1-11-2012)

Si hoy a la izquierda religiosa de los años setenta le diera por resucitar, seguramente elegiría como comandante en jefe a Joe Biden. El vicepresidente de EE.UU. se define sin problemas como “católico practicante”, y también sin problemas apoya la postura pro-choice o afirma que no le incomoda la idea del matrimonio gay. Ahora acaba de lanzar un video en el que pide a los católicos que voten a Barack Obama el próximo 6 de noviembre.

En 2006 diversos analistas norteamericanos empezaron a hablar con cierta cautela del resurgir de la izquierda religiosa, un fenómeno del que no se hablaba desde los tiempos de la guerra de Vietnam. Para estos comentaristas, parecía estar emergiendo frente a la derecha religiosa –que solo se opondría al aborto, el matrimonio gay y la investigación con embriones humanos–, una nueva izquierda religiosa, más sensible a otras cuestiones sociales como la pobreza, el cambio climático, la tortura o la guerra de Irak (cfr. Aceprensa, 14-06-2006).

Han pasado los años y este fenómeno, fruto quizá del cansancio producido por Bush, se ha revelado efímero. Pero las últimas intervenciones de Biden parecen añorar el retorno de la izquierda religiosa. Lo que plantea ahora el vicepresidente es una nueva dialéctica entre “católicos pro justicia social” y “católicos provida”.

En un video electoral, Biden afirma que las políticas de Obama responden a la doctrina social de la Iglesia

Al principio del video electoral de Biden, la cámara enfoca un crucifijo y una Biblia. Entretanto, el vicepresidente afirma: “Como católico practicante al igual que muchos de vosotros, crecí en un hogar donde no había diferencia entre los valores que mi madre y mi padre nos inculcaron y lo que me enseñaron las monjas y los sacerdotes en el colegio. Lo llamamos la doctrina social católica: ‘Cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis’”.

A continuación viene la propaganda política: Biden defiende que la reforma sanitaria impulsada por Obama, así como otras emprendidas en el ámbito educativo, suponen medidas sociales avanzadas propias de la doctrina católica. Después critica a Romney (sin citarlo expresamente) por el comentario que hizo en septiembre sobre el 47% de la gente que no está preparada para cuidar de sí misma y por su postura hacia la inmigración.

Personalmente en contra, pero…
Biden ya había recurrido a la retórica de la justicia social en su debate con el otro candidato a vicepresidente, Paul Ryan, celebrado el 11 de octubre. Este cara a cara tenía mucho morbo porque enfrentaba a dos políticos católicos de primera línea con posturas diversas sobre el aborto. De ahí que la moderadora fuera directa al grano: “Me gustaría preguntar a los dos cómo ha influido su religión en su visión personal del aborto”.

“Mi religión define quién soy”, dijo Biden. “Y yo he sido un católico practicante toda mi vida. De modo particular, mi fe ha alimentado mi doctrina social. La doctrina social católica habla de cuidar a quienes no pueden valerse por sí mismos, a aquellos que necesitan ayuda”.

“Respecto al aborto, acepto lo que dice la Iglesia sobre el aborto como una doctrina de fe. La vida comienza en la concepción. Acepto esta postura en mi vida personal. Pero rechazo imponérsela a otros cristianos igualmente devotos y a los musulmanes y a los judíos… Simplemente me opongo a hacer eso, a diferencia de mi colega el congresista [Ryan]. No creo que tengamos un derecho a decir a las mujeres que no pueden controlar su cuerpo. En mi opinión, esa es una decisión que queda entre ellas y su ginecólogo, y el Tribunal Supremo. Y yo no voy a interferir ahí”.

Dice Biden que él no puede imponer sus convicciones “católicas” a los demás. Pero la determinación del comienzo de la vida humana ¿es un artículo de fe? Y si hablamos de imposiciones, lo que el gobierno norteamericano intenta imponer hoy no es las tesis provida, sino otras muy distintas, como se ve en el mandato que obliga a todos los empleadores –incluidas instituciones de inspiración religiosa– a financiar anticonceptivos, la píldora del día siguiente y la esterilización en el seguro sanitario (cfr. Aceprensa, 29-05-2012).

Por otra parte, el argumento “estoy personalmente en contra, pero no impongo mis convicciones” tiene algo de insolidario. Pretender zanjar la cuestión del aborto como si fuera un asunto privado no casa bien con la doctrina social de la Iglesia.

Ciencia, razón y asistencia social
A la pregunta de qué influencia ha tenido la religión en su postura sobre el aborto, el congresista republicano Paul Ryan contestó: “Ninguna”. Y añadió: “Mi oposición a la autorización de abortar que concede [la sentencia del Tribunal Supremo de 1973] Roe v. Wade se basa en la ciencia y en la razón”.

“La biología y la embriología nos enseñan que el producto de la concepción humana es un ser humano; nada más, pero ciertamente nada menos. Ninguna persona con conocimientos científicos niega esto; es un hecho, no una opinión. Y respecto a la razón, un sentido elemental de la justicia –de la imparcialidad– nos enseña que la vida humana inocente es inviolable y merece la protección de las leyes”.

“(…) Lo que mi fe añade a estos dos elementos es un sentido profundo de la compasión y un sentido urgente de responsabilidad [para ayudar] a las mujeres que se encuentran atrapadas en el dilema de una crisis de embarazo. (…) Mi fe me enseña que tengo una obligación, no solo hacia el no nacido, sino también hacia su madre”.

Después Ryan se refirió a los centros de apoyo para mujeres embarazadas, que les ofrecen alternativas reales a la decisión de abortar y ayuda a la medida de sus necesidades. “En el debate sobre el aborto de estos últimos 40 años, apenas se ha mencionado a las decenas de miles de voluntarios que atienden esos centros. Pero ellos son los verdaderos héroes americanos, que ofrecen a las mujeres en crisis algo más humano que un rápido arreglo técnico a un terrible problema”.

Contra el tópico vigente, en EE.UU. la derecha religiosa no es la única que quiere hacer política enarbolando la Biblia. También existe una izquierda clerical, principalmente en tiempos de campaña.

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