La mano izquierda de Peter Pan

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Autor: Silvia Herreros de Tejada

Espasa.
Barcelona (2017).
472 págs.
19,90 € (papel) / 11,99 € (digital).

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“¿Quiénes somos cuando nos escribimos a nosotros mismos?”. En esta pregunta, planteada a través de uno de los personajes de la novela, se encuentra una importante clave para comprender de qué trata La mano izquierda de Peter Pan. Sus cuatro protagonistas toman parte en una acción fundamental: la escritura como ejercicio de conocimiento y, sobre todo, de reconocimiento. El escritor James M. Barrie (1860-1937), el creador de Peter Pan, y su secretaria, Cynthia Asquith, durante los años posteriores a la Primera Guerra Mundial; David y Moira, académicos expertos en las obras de Barrie y Asquith, en la actualidad. La novela desarrolla estas cuatro vidas como un juego de espejos, donde cada personaje es un singular reflejo de los otros. A su vez, la autora se sirve de este recurso para traspasar la barrera de la ficción, ya que presenta la obra como desdoblamiento de su propia biografía. Esta estrategia roza lo barroquista, aunque, al mismo tiempo, dota al relato de agilidad y ritmo.

En el plano temático, La mano izquierda de Peter Pan es una radiografía perfecta de nuestro tiempo: de un modo de pensar y un modo de sentir encarnados en David y Moira, dos personajes a punto de rebasar la frontera de los cuarenta años sin un rumbo claro en sus vidas. “Me siento tan inconstante... Soy una persona distinta según con quién esté, y nadie en absoluto cuando estoy sola”, dice un texto citado por la novela, resumiendo en pocas palabras la carencia que sufren los protagonistas. En este aspecto, el relato es sincero al plasmar los rasgos de una sensibilidad muy común: el aplazamiento de las decisiones vitales para preservar una supuesta libertad, con el consiguiente estancamiento en lo provisional; las emociones como única brújula de la existencia o las relaciones con otras personas como juego de máscaras. El diagnóstico es certero, pero la obra parece arrastrada por la misma corriente que describe: no pretende dar soluciones, solo mostrar con crudeza lo que hay.

De esta crudeza se desprende un fatalismo no exento de condescendencia, que impregna sus páginas. Este se advierte de modo especial en el papel que desempeña el sexo en el relato –especialmente en algunos episodios protagonizados por David y Moira– que hubieran sido mejor resueltos mediante el recurso a la elipsis. En ocasiones, es como si el deseo sexual fuera la motivación última de las acciones y pensamientos de estos dos personajes.

La enigmática silueta de Peter Pan planea sobre la historia de Silvia Herreros de Tejada, de principio a fin. En este sentido, la narración explora con acierto las luces y sombras procedentes del mito forjado por Barrie que, en último término, resulta menos luminoso de lo que puede parecer. En los años en que Europa perdía su inocencia con el fragor de la Gran Guerra, Barrie quiso rescatar con su pluma un poco de polvo de hadas que ayudara a su público a descubrir “fragmentos de inmortalidad” en sus vidas. Pero se trataba de una inmortalidad sin mortalidad, deliberadamente ingenua, que en el largo plazo daría lugar a una siniestra conexión entre la eterna juventud y la muerte prematura.


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