La literatura terapéutica de Albert Espinosa

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Los libros de Albert Espinosa (Barcelona, 1973) mezclan los ingredientes propiamente literarios con los típicos del género de autoayuda. Parte del atractivo que tienen viene de la dolorosa experiencia personal del autor, quien en su adolescencia superó un cáncer que le costó la amputación de una pierna, la pérdida de un pulmón y daños en el hígado.

Son rasgos que aparecen, por ejemplo, en Si tú lo dices ven lo dejo todo, pero dime ven, Brújulas que buscan sonrisas perdidasEl mundo azul. Ama tu caos o Finales que merecen una historia, libros que se han promocionado y vendido muy bien.

Espinosa ha transformado esta dura historia en un mensaje de superación que es la espina dorsal de su emotiva literatura y de su popularidad. Lo ha plasmado con acierto y éxito también en el cine y la televisión, como guionista, director o actor. Basta recordar la película Planta 4.ª o la serie Pulseras rojas, basada en su libro El mundo amarillo.

Espinosa ofrece una alabanza de la superación personal sustentada en ficciones

Sus libros no se pueden abordar exclusivamente desde la crítica literaria, pues sus objetivos son provocar, como el mismo autor resalta, una sanación terapéutica en sus lectores. Utiliza argumentos y técnicas literarias para ofrecer reflexiones y consejos existenciales, transmitiendo una sedosa e hiperbólica moralina de optimismo. Leyendo las palabras promocionales de la contracubierta de su última obra, Lo mejor de ir es volver (“Hay un día en la vida en que debes decidir si deseas tener la razón o la tranquilidad”), o la dedicatoria de la anterior, Finales que merecen una historia (“A todos los que aceptan sus miedos… a los que jamás se miran en el espejo ni tampoco el ombligo”), se explica por dónde van los tiros. Sus libros, como los primeros de Paulo Coelho, los de Jorge Bucay y los de otros escritores contemporáneos, se mueven en un terreno ambiguo, entre la literatura y la autoayuda y la psicología sentimental: lo que él mismo ha llamado “literatura curativa”.

Ficciones catárticas

Espinosa transmite una alabanza de la superación personal sustentada en ficciones con las que refuerza los anhelos de catarsis. Detrás de sus libros no hay pensamientos muy elaborados; lo suyo es el sentimentalismo contagioso, donde lo importante es transmitir emociones y energías positivas.

Para Espinosa, “mi religión es la gente buena”. En sus libros expresa una visión edulcorada de la vida que se ancla en valores epidérmicos y políticamente correctos, siempre apelando al mundo de la afectividad. Por ejemplo, en uno de los relatos de Finales que merecen una historia , reflexiona de esta manera sobre el suicidio: “Nadie se escandalizó. Fue algo natural decidir sobre tu muerte cuando tanta gente ya lo hacía sin permiso. Al fin y al cabo, la moral es el gusto colectivo”. Y lo mismo opina sobre la eutanasia: “La eutanasia también dejó de ser un problema. Nadie debía soportar un dolor injustificado”. Y en su último libro, una novela distópica, se sorprende de que en el futuro todavía exista la religión: “Yo pensaba que con los años esas creencias desaparecerían, pero hasta diría que estaban reforzadas. Misterios del mundo y de los humanos”.

El día del karma artificial

Su reciente novela, Lo mejor de ir es volver (Grijalbo), tiene como protagonista a Rosana, una anciana que acaba de cumplir cien años. Nacida en 1971, cuenta en primera persona cómo es la vida en el año 2071, cuando los robots han asumido muchas de las obligaciones y responsabilidades de los seres humanos.

El día de su centésimo cumpleaños, los ancianos tienen derecho a disfrutar de lo que llaman “el karma artificial”, premio que consiste en la posibilidad de castigar a quienes han cometido contra ellas algún mal. Pueden designar tres personas, de las que han de elegir una que desaparecerá al final del día. Para cumplir este cometido, se traslada a su domicilio un robot bajo una carcasa humana de un adolescente de 13 años. En capítulos alternos, Rosana y Troy, el robot, cuentan desde su perspectiva cómo transcurre esa intensa jornada, en la que el protagonismo lo tienen la anciana y su pasado.

Rosana es una mujer peculiar, anclada en las formas antiguas y que no acepta los avances de la nueva cultura cibernética, en la que lo humano está en franco retroceso. Como dice en la novela, “este mundo viró cuando aparecieron las redes sociales”, de las que tiene una imagen negativa porque, entre otras cosas, han provocado que los humanos pierdan el contacto con su entorno. En 2071 ya nadie lee (ella sí, y recuerda algunos libros que siguen siendo claves en su vida, entre los que se cita uno del propio Espinosa, El mundo amarillo). Y como decía su marido, “el fin del mundo empezó cuando dejamos de leer”.

Su última obra es una novela distópica protagonizada por una anciana centenaria y un robot

Troy acompaña durante ese día a Rosana para que le revele los nombres de su “karma artificial”. Troy acaba intimando con Rosana y comprueba cómo nacen en él sentimientos humanos que los robots no tienen programados. Además, Rosana acaba abriendo su corazón a Troy y le cuenta los momentos más complicados de su existencia, que harán mella en el robot, quien después de esta experiencia “jamás podría ser el mismo que había sido”.

Un melodramático pasado

La historia que se cuenta a continuación es la siguiente: Rosana sufrió un gravísimo accidente cuando viajaba en moto; pero la persona que la atropelló no paró para prestarla ayuda. Sin embargo, esa persona, acuciada por su conciencia, regresó un par de días después al lugar del accidente y se la encontró en coma en un bosque. Se la llevó a su casa y la cuidó durante varios años hasta que salió del estado vegetativo.

Durante el coma tuvo relaciones sexuales con ella y nacieron dos hijos; uno de ellos, Henry (que tanto se parece a Troy), murió a los 13 años. Cuando va con Troy a “denunciar” a la persona que los abandonó cuando recobró el conocimiento, se entera de que también había tenido una hija, con la que luego se reencuentra. Rosana denuncia también a un médico que la atendió mal y a un pintor que se apropió sin escrúpulos de su arte. Esa es su terna para el “karma artificial”. Ahora toca decidirse por la persona que será eliminada.

Antología de filosofía barata

El argumento, como se ve, es bastante rebuscado e inverosímil. Pero da lo mismo, porque lo importante para los lectores de Espinosa son las reflexiones que el autor va desgranando en este periplo por el pasado de Rosana, salpicando el relato de consejos melodramáticos, situaciones lacrimógenas, exhortaciones plagadas de filosofía barata con las que intenta fortalecer simbólicamente a sus personajes, que para el autor son “exploradores de sentimientos”.

No puedo resistirme a trascribir algunos de sus aforismos: “Todos tenemos un tiempo limitado, y cuando se acaba, finaliza todo”; “La vida siempre te golpea, pero nunca te noquea”; “Es mejor amar que ser amado, porque uno es su propio antídoto”; “Si no sabes convivir, no deberías vivir”; “Borra lo que pesa para salir a flote”.

Los libros de Espinosa pueden interesar a aquellos que buscan un prontuario amable sobre cómo superar las adversidades

Los libros de Espinosa pueden interesar a aquellos que buscan una sencilla guía terapéutica sobre cómo ser feliz y un prontuario amable sobre cómo superar las adversidades (un singular género literario de la literatura actual). Pero si estos libros de autoayuda se leen con mentalidad literaria (y no hay que descartar que haya lectores así), la literatura de Albert Espinosa, a pesar de sus buenas intenciones, es un placebo endeble y epidérmico, rebosante de un ternurismo cursi y meloso.


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