La importancia de una buena cantera sacerdotal

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Cada vez más, los sacerdotes se convierten en uno de los mayores tesoros que posee la Iglesia de cada región, país o continente. Los datos publicados en el último Anuario estadístico de la Iglesia (2000-2008) ponen de manifiesto que, si bien ha aumentado el total de sacerdotes en el mundo, este crecimiento es asimétrico, pues se circunscribe a Asia y África, mientras que en Europa y Oceanía hay descenso, y en América el número se mantiene.

Hasta tal punto es así, que en Europa y Norteamérica acogen con facilidad a sacerdotes procedentes de África y Asia. A pesar de ello, en estas regiones la desproporción entre el número de fieles y los ministros disponibles sigue en ascenso. En Europa hay 1.457 católicos por cada sacerdote, y 4.680 en América. Esta proporción está disminuyendo en Asia, a 2.290, mientras que en África, a pesar de ordenarse más sacerdotes, la población católica ha crecido tanto, un 33% entre 2000 y 2008, que corresponden más fieles a cada sacerdote (4.759).

Existe el riesgo de que los sacerdotes enviados a Europa y Norteamérica no regresen a sus lugares de origen, debido a la mejora de sus condiciones de vida

EE.UU.: Uno de cada seis, extranjero

Según un estudio de la Catholic University of America en Washington, mencionado por el New York Times, la India, Vietnam y Filipinas son los principales países asiáticos exportadores de sacerdotes. En la actualidad, 1 de cada 6 sacerdotes de los 40.000 que ejercen su ministerio en Estados Unidos proceden del exterior. La Iglesia norteamericana incorpora del orden de 300 nuevos sacerdotes extranjeros cada año. Lo mismo ocurre en Europa: por ejemplo, en Alemania, en diócesis como la de Aquisgrán está en estudio buscar sacerdotes colombianos. O en Francia, donde según el diario católico La Croix, la escasez de vocaciones se palía en parte con la colaboración del clero regular (religiosos) y la aportación de sacerdotes extranjeros.

La riqueza de vocaciones sacerdotales en África o Asia a finales del siglo XX facilitó en muchos casos satisfacer la demanda de sacerdotes por parte de la Iglesia en Europa y Estados Unidos. Pero esta movilidad conllevaba algunos peligros, como por ejemplo que los sacerdotes enviados no regresaran a sus lugares de origen, en algunos casos debido a la mejora de sus condiciones de vida.

No privar de sacerdotes a las Iglesias jóvenes

Precisamente, para evitar estos casos, la Santa Sede hizo pública una nota titulada “Instrucción sobre el envío y la permanencia en el extranjero de los sacerdotes del clero diocesano de los territorios de misión”, que contempla tres motivos por los que algunos sacerdotes de estos territorios pueden marchar al extranjero por un tiempo: para proseguir sus estudios -porque en su país no hay centros académicos adecuados-, para atender a los compatriotas emigrados o por necesidad de hallar refugio en caso de guerra o persecución en su país. Fuera de estos casos, la instrucción dispone que sean castigados con las penas previstas en el Derecho Canónico los sacerdotes que rehúsen obedecer la orden de regresar a sus diócesis (cfr. Aceprensa, 20-06-2001).

El objetivo era “evitar que las jóvenes Iglesias misioneras, todavía muy necesitadas de personal -particularmente de sacerdotes-, se vean privadas de significativas fuerzas apostólicas que son de todo punto indispensables para su vida cristiana y para el desarrollo de la evangelización entre poblaciones, en gran parte, aún no bautizadas”

Además, en los últimos tiempos, al menos en la India, algunos prelados comienzan a tener razones para reconsiderar su generosidad. Los factores que hicieron disminuir las vocaciones sacerdotales en Europa y Estados Unidos se reproducen en su propio país al mismo ritmo que se moderniza: el aumento de una visión materialista de la vida, las mayores posibilidades de ganar dinero, el control de la natalidad confesado abiertamente en muchos casos por católicos que lo justifican por motivos profesionales.

La renovación generacional de los sacerdotes comienza a ser más difícil también en estos países porque la desproporción entre la cifra de sacerdotes ordenados y la de seminaristas comienza a ser mayor, a pesar de ser positiva todavía en ambos casos.

Y si tomar prestados sacerdotes de otros países no será ya la solución a medio plazo, se pone de relieve una vez más la necesidad de revitalizar el catolicismo de cada región para lograr una importante cantera sacerdotal. En esa reorientación será clave profundizar en el análisis de los contextos en los que surgen las nuevas vocaciones (cfr. Aceprensa, 23-04-2010).


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