La granja humana

Fábulas para el siglo XXI

Página 1

Autor: Jorge Bustos

Ariel.
Barcelona (2015).
288 págs.
16,90 € (papel) / 9,99 € (digital).

Opera prima del columnista de El Mundo Jorge Bustos (Madrid, 1982), colaborador de RNE y de otros medios. El autor ya ha mostrado con sus publicaciones en prensa un estilo bastante reconocible y efectista en el que caben por igual las citas de Horacio, de Samuel Johnson o de su portero Frutos. Suele analizar la actualidad con semejanzas de juegos literarios o referencias culturales, y procura seguir los modelos de César González-Ruano o Julio Camba. En este libro aplica un formato similar, tomando una fábula en vez de una noticia, y glosándola con sucesos más o menos recientes, aunque se esfuerza por proyectar cierta pervivencia atemporal.

En el libro caben tanto las fábulas de Esopo, Fedro o Samaniego, como microrrelatos de Monterroso, cuentos de Kafka y Tagore, o exemplos de don Juan Manuel. Aunque aparecen con frecuencia Rajoy, Merkel y los nuevos partidos políticos, cada capítulo también aporta acertadas reflexiones sobre cuestiones como la envidia, la banalización televisiva, el cortoplacismo, la demagogia, el feminismo, la honestidad, el bien común, la excelencia, la discreción, el mérito, etc. El planteamiento argumental se elabora conectando alusiones dispares, a base de “picoteos”, como admite al principio Bustos.

Si bien el tono general es bastante acorde con valores clásicos y con la tradición cristiana, el autor asume una visión “ilustrada”, sobre todo por su defensa del racionalismo frente al “pensamiento líquido”. Por ejemplo, reconoce la importancia de la culpa, la conciencia y la noción de pecado, aunque con una acepción cismundana, cultural, simbólica. El aspecto fundamental de la disertación ética de Bustos cabe definirse como una síntesis moderna que acoge positivamente todo el legado de Occidente, desde la filosofía griega o el Evangelio hasta Josep Pla, Stefan Zweig o Joseph Ratzinger. En ese sentido, defiende “una ética de la renuncia y la austeridad” (p. 213) frente al consumismo; sin embargo, asimila de forma simple la ascética católica con el nirvana budista, sin resaltar los aspectos esenciales que los diferencian.

Asimismo, el autor sale al paso del adanismo igualitarista y las ideologías, admitiendo con realismo pleno la necesidad del simbolismo, el aspecto crucial de las pasiones, la conveniencia de la resignación, la flema y el dominio de sí mismo, además de situar al prójimo concreto —el vecino, el familiar, el amigo, no la “humanidad” abstracta— como objeto y sujeto de la moral.

La variedad de tonos y temas en La granja humana es fiel al género fabulístico y también a la columna de opinión. Sin embargo, la abundancia de digresiones lastra en ciertos momentos la ilación del texto. Asimismo, la gran cantidad de detalles específicos —no siempre necesarios— contiene, de manera inevitable, errores, como situar el Levítico en el s. XVI a.C. (p. 265) o anotar que España significa “tierra de conejos en latín” (p. 114), que, en todo caso, sería la traducción del fenicio Ishephan-in.


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