El Observatorio

La forja del carácter moral

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En un artículo publicado por el Institute for Family Studies, David Lapp comenta cómo la formación del carácter moral es necesaria para fortalecer el sentido del compromiso.

Lapp se refiere a los planteamientos que ven el matrimonio como una historia que depende de los sentimientos. “En estas historias, el amor es algo fijo, en vez de dinámico: estás enamorado y te desenamoras. Si dejas de estar enamorado, serás perpetuamente infeliz, y harás infelices a todos los que te rodean. En consecuencia, el divorcio es la solución más sensata. Pero lo que se está perdiendo es un vocabulario moral sólido que pueda ayudar a las parejas que están atravesando inevitables períodos de infelicidad, y capacitarlas para que experimenten la alegría y la satisfacción que provienen de perseverar en algo que vale la pena”.

En su reciente libro, El camino hacia el carácter, David Brooks nos urge a buscar nuevamente en la tradición del ‘realismo moral’. “Esta tradición subraya que somos pecadores hechos de ‘madera informe’, capaces de hacer un gran bien, pero profundamente falibles. Lo que une a estos ‘modelos’ es la idea de que ‘la lucha interior contra las propias debilidades es el drama central de la vida’”.

“Pero con el florecimiento del ‘romanticismo moral’, precisa Brooks, ya no creemos que uno logra la vida buena a través de la lucha interior; se piensa que la buena vida se alcanza mediante la ‘autoliberación y la autoexpresión’. Como asegura, hoy ‘el mayor énfasis se pone en los sentimientos personales como guía de lo que está bien o mal’. No es que la gente de hoy sea más egoísta que la del pasado, señala, ‘pero ya no sabemos cómo se construye el carácter’.

La Vieja tradición del ‘realismo moral’ nos proporciona una manera de ver el mundo que justifica perseverar en medio de las dificultades en pos de un bien mayor. Viendo así las cosas, dice Brooks, las personas con carácter ‘son capaces de mantenerse perseverantemente en la misma dirección, de estar unidas a personas y a causas y a vocaciones en lo bueno y en lo malo’. Las personas que buscan forjar su carácter entienden que ‘no vivimos para la felicidad, sino para la santidad’”.

“Brooks no está propugnando un masoquismo moral. Las personas que él perfila tienen respuestas diferentes a temas como si se debe aceptar el sufrimiento o evitarlo. Además, reconoce que el movimiento cultural hacia la autoexpresión fue especialmente positivo para las mujeres y las minorías. Pero, observa, si olvidamos el realismo moral, perdemos nuestra capacidad de ‘recorrer el largo camino hacia el carácter’”.

“Algunas personas son reacias a hablar del carácter, por el temor de que esto puede ‘culpabilizar al individuo’ e ignorar las fuerzas estructurales (como la desindustrialización) que están fuera del control de la gente normal. Pero es una falsa dicotomía. El carácter no es un asunto de ‘supérate por tus propios medios’; lo aprendemos a través de ‘estructuras morales’, aquello que Brooks llama la ‘ecología moral’. Como asegura el autor, a menos que te llames Aristóteles, no crearás tu propia ecología moral, que es un logro social, que todos aprendemos en algún sitio. (…) Así como todos somos responsables de cuidar el medio ambiente físico, también tenemos una responsabilidad de preservar la ecología moral”.


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