La eugenesia contra los fetos con síndrome de Down

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En un artículo publicado en el diario liberal holandés NRC Handelsblad (25-IV-97), Renée Braams se refiere a la criba sistemática de fetos con síndrome de Down, detectado por amniocentesis (punción para examinar el líquido amniótico).

La periodista comienza recordando algunos tipos de aborto que se realizan en Holanda, y que no responden a lo previsto en la ley. «Ahora que el debate sobre el aborto vuelve a la agenda del Parlamento, junto a las musulmanas que abortan porque esperan una niña y temen la reacción del marido, y a las que lo hacen para no renunciar a unas vacaciones de esquí, hay otra categoría que merece atención. Unas 50 veces al año se aborta en Holanda a fetos de 20 semanas con síndrome de Down. El síndrome se detecta por amniocentesis. Un embarazo así se interrumpe provocando el parto, porque es ya demasiado tarde para otro tipo de aborto. El feto nace entonces muerto o llega vivo al mundo y muere después de unos minutos».

Según la autora, hay que revisar esta situación no sólo por el avanzado desarrollo del feto, sino también por el mismo motivo del aborto. La ley lo admite en los casos en que la minusvalía del feto comporte un sufrimiento grave. «Pronosticar el sufrimiento que le espera a un recién nacido es un asunto difícil, pero en el caso del síndrome de Down resulta sencillo. Los mongólicos no sufren por serlo. De todo hay en la viña del Señor y un mongólico es simplemente uno más en ese todo». Hoy los afectados de síndrome de Down viven con sus familias con ayuda domiciliaria especializada.

Renée Braams advierte que en los últimos años se han publicado en revistas femeninas abundantes testimonios de mujeres que se sienten desconcertadas ante la amniocentesis y el aborto consiguiente. Normalmente se ofrece el diagnóstico prenatal cuando la mujer tiene más de 36 años o antecedentes de minusvalías en la familia, y la mitad de ellas hace uso de él. Pero muchos de estos padres sufren toda la vida bajo el peso de su decisión. El principal argumento que suele alegarse en contra de la amniocentesis es que aumenta el riesgo de aborto natural. Pero detrás se ocultan otras cuestiones de conciencia, como el aborto en un momento tan avanzado de la gestación y la cuestión de si las personas con síndrome de Down son felices o no.

«El problema más serio es que hay mujeres que experimentan la interrupción del embarazo en estos casos como un aborto impuesto. Al tener derecho a la amniocentesis, parece imprudente rechazar esta oferta médica. Si el diagnóstico detecta el síndrome de Down, el aborto es la consecuencia lógica en el 95% de los casos. Los filósofos lo llaman el ‘imperativo tecnológico’. La técnica existente se impone». Más aún, afirma Braams, «se impone el ‘imperativo de la Seguridad Social’: lo que ofrece la Seguridad Social es bueno, se acepta y punto».

Otra fuente de información en la misma línea son los resultados de una investigación realizada en el Hospital Universitario de Utrecht con 200 mujeres que han abortado un feto con minusvalías. La mayoría no tiene la sensación de haber actuado libre y voluntariamente. En un libro recientemente publicado se leen sus sensaciones al ver la ecografía: son puros testimonios de haber asistido a la muerte de un hijo.

Renée Braams propugna que la Seguridad Social no financie la amniocentesis. Pues desde el momento en que se presenta como una prestación de la Seguridad Social, parece obligado realizarla y aceptar la lógica que conlleva. Al tener que pagarla del propio bolsillo se reduciría su utilización y, por consiguiente, este tipo de abortos.

El artículo termina invocando el testimonio de Charles Darwin. Él se daba cuenta de que la teoría de la evolución podía convertirse en un argumento para la eugenesia, como de hecho ocurrió con las teorías eugenésicas que florecieron a principios de siglo. «Sin embargo -recuerda Braams-, Darwin estaba en contra de estas prácticas eugenésicas, porque pensaba que nuestro ‘instinto de compasión’ era el elemento más noble de la naturaleza humana. En 1871 escribía: ‘Tenemos que sobrellevar, sin quejarnos, que los más débiles sigan viviendo y reproduciéndose'».

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