“La diversidad es perfectamente asumible”

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La integración de los inmigrantes en las sociedades receptoras es una cuestión cada vez más acuciante. Josep Masabeu, doctor en Pedagogía y director de Braval, explica en esta entrevista algunos de los problemas que hay detrás del fenómeno de la inmigración.

- Los partidarios del multiculturalismo parten de la idea de que el reconocimiento de la diversidad es un bien en sí mismo. Todas las culturas son igualmente válidas. ¿Qué consecuencias prácticas tiene este modo de pensar en la vida real?

- El multiculturalismo nace del relativismo cultural y engendra el intento de dar legitimidad, también en el ámbito del derecho, a las diferencias que caracterizan a las minorías desembarcadas en Europa. Pero si pensamos en las consecuencias prácticas de la lógica del multiculturalismo, destacan muchas incongruencias.

Pongamos un ejemplo. Si decimos a un inmigrante: “Tú eres afgano, tienes sobre tus espaldas siglos de civilización: conserva la identidad afgana y no te preocupes de integrarte, porque los españoles se enriquecerán también con tu diversidad”; si decimos esto, es lógico que ese inmigrante intente juntarse sobre todo con otros compatriotas, hable su lengua, intente, en general, vivir como en Kabul. Los afganos se pondrán a vivir juntos para recrear su microcosmos. Estamos en la antecámara del gueto.

El problema corre el riesgo de agudizarse en el caso de los niños, debido al dualismo que se establece entre la cultura de procedencia y la del país anfitrión, con la cual los jóvenes tienden a identificarse. En la escuela aprenden a convertirse en españoles, pero al volver a casa, hablan, comen y viven como si estuvieran en Afganistán.

Se establece una situación humanamente desestabilizadora, una situación que, en el plano de la convivencia social, corre el riesgo de aumentar los conflictos y de hacer más difícil la gobernabilidad de las diferencias.

- Una reacción frente a esta postura sería el interculturalismo, que plantea una convivencia en la diversidad basada en valores comunes. ¿Cómo se define, a su juicio, ese marco compartido?

- Es fundamental definir un modelo de acomodación en la sociedad que pueda ser entendido y compartido por todos los ciudadanos.

Los inmigrantes deben ser legales, abiertos su nueva sociedad. Estas exigencias pueden ser compatibles con la vivencia de las propias creencias. Para conseguirlo, hace falta que se cumpla la ley, que no se abuse de ellos, que se sientan orgullosos de pertenecer a una sociedad tolerante y positiva. Que se cuente con ellos, siempre y cuando acepten nuestros códigos.

Sólo si en la sociedad está garantizado un núcleo duro inicial, un fondo de referencia en el plano antropológico, se pueden amalgamar las comunidades extranjeras, integrarse con los elementos fundacionales y se puede evitar que “se vuelva loca” la convivencia civil.

Este modelo de acomodación en la sociedad debe pivotar en la interculturalidad y en la aceptación de unos principios que han de ser inalienables y asumidos por todos, como son: la igualdad, los derechos de la persona, la no discriminación de la mujer, la libertad religiosa, la separación Iglesia-Estado, la supremacía de la norma ética, etc. La exigencia de estos valores es algo irrenunciable.

- Ante la diversidad de formas de entender la vida, algunos proponen dejar las convicciones religiosas fuera del ámbito público. ¿Qué papel cumple, a su juicio, la religión en la integración de los inmigrantes?

- La religión es un factor que no se puede infravalorar, ni mucho menos olvidar. A menudo, junto con las personas de su país que encuentra el inmigrante cuando llega, la religión es su primera referencia, aquello que le da continuidad y percepción de su propia identidad. Muchas veces los inmigrantes se reúnen alrededor de sus lugares de culto, que también son un núcleo de solidaridad y ayuda. Pienso que es un buen factor en la estabilización de la persona.

La relación entre personas de varias religiones debe fomentar, y de hecho fomenta, el respeto a las otras creencias, si se consigue un ambiente de comunicación. En Braval hay chicos de 10 creencias: católicos, evangelistas, adventistas, ortodoxos, musulmanes, testigos de Jehová, hindúes, pentecostales, budistas y chicos que no profesan ninguna religión. Nosotros las respetamos todas, pero no escondemos nuestra identidad cristiana.

Observamos que, con toda naturalidad, los chicos hablan de religión, se preguntan entre sí por sus vivencias religiosas y la práctica espiritual de cada uno. No hemos observado ninguna reticencia ni que deje de venir a las actividades ninguna persona debido a la religión. Ojalá este ambiente se pudiera generar a todos los niveles, porque en este momento en las escuelas de Cataluña hay alumnos de 30 religiones. Las religiones deben ser un instrumento de paz.

- Una sociedad pluralista necesita unas reglas del juego básicas, necesarias para gestionar las diferencias. ¿Cómo conjugar esto con la tolerancia?

- La tolerancia es un primer paso en el complejo proceso de construir la cohesión social. Se aprende a nadar, nadando; y se aprende a convivir, conviviendo. Por eso es fundamental construir espacios comunes de convivencia. El ámbito que ofrece más posibilidades es la escuela, y también las instituciones y entidades que desarrollan actividades de tiempo libre.

Un elemento de cohesión es plantear proyectos en los que personas de varias procedencias se vean implicadas y a la vez dependientes unas de otras. Y eso se puede conseguir tanto con unos equipos deportivos, como con un coro, o un grupo de teatro, u otras actividades colectivas.

La hospitalidad tiene también sus reglas, que no se pueden transgredir con un mal entendido multiculturalismo. La diversidad es perfectamente asumible. Pero los inmigrantes deben respetar las tradiciones, símbolos, cultura y religión de los países que los acogen.

El reto de la interculturalidad y del factor multiétnico es consolidar los valores propios para avanzar hacia los valores universales que nos unan a todos, y quizá así conseguiremos enterrar definitivamente el racismo. Es decir, lo singular abierto a lo plural y lo particular abierto a lo universal.


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