A la deriva

Offshore

Página 1

Autor: Penelope Fitzgerald

Impedimenta.
Madrid (2018).
224 págs.
20,50 € (papel) / 7,99 € (digital).
Traducción: Mariano Peyrou.

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A la deriva nos introduce en un ambiente peculiar y poco conocido, como es la vida en las casas flotantes amarradas en el muelle de Battersea, a orillas del Támesis. Por lo general viven allí quienes no tienen dinero para alquilar un piso. Es un ambiente que la autora conoce bien por haber vivido de este modo algunos años. A esta forma de vida alude el título, A la deriva, que no solo se refiere a la deriva de esos barcos, que fluctúan con las mareas altas y bajas, sino también a la de quienes los habitan, cuyas vidas son fluctuantes y adolecen de escasa estabilidad.

Viven en barcos con nombres sonoros como Grace, Lord Jim, Rochester o Dreadnough, pero deteriorados por el paso del tiempo y la falta de dinero para reparar desperfectos y hasta las grietas en el casco que hacen previsible su final en el desguace. Richard, inquilino del Lord Jim, mantiene una existencia tranquila, aunque está enfrentado con su mujer, que quiere dejar de vivir en el barco. Nenna James es una joven canadiense que vive en el Grace con sus hijas, Tilda, de seis años, y Marta, de doce, mientras su marido está en una habitación alquilada en un pequeño pueblo del interior. El Dreadnough es quizá el que está en peores condiciones y a nadie le extrañaría su hundimiento.

Se trata de un relato sencillo. Una narración que, con estilo llano y sereno, describe las vidas de quienes viven en esas barcazas, con los pequeños sucesos cotidianos y sus dificultades para sobrevivir. Fitzgerald sabe narrar sin grandes estridencias, con un tono que deja entrever los roces familiares, la escasez económica y las penalidades de la existencia, sin dramatizar en exceso. Pero no faltan, junto a pequeños sucedidos, algunos de mayor entidad que proporcionan tensión dramática a la trama. El resultado es una novela amena, que se lee con gusto.

La autora británica Penelope Fitzgerald (1916-2000) no comenzó a escribir hasta 1975, cuando ya rondaba los 60 años, y lo hizo para distraer a su marido, enfermo de cáncer. En Impedimenta también se han publicado La librería, El inicio de la primavera, Inocencia, La flor azul y La puerta de los ángeles.


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