La ciencia rusa empieza a ver luz al final del túnel

La renovación del sector científico supone abandonar el antiguo sistema centralizado

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La renovación del sector científico supone abandonar el antiguo sistema centralizado

Investigar es llorar en la Rusia actual. Recortes drásticos en los presupuestos de investigación, retrasos en los pagos de salarios, pérdida de poder adquisitivo y de prestigio social... son las quejas de los científicos rusos. Desde hace dos años se suceden huelgas y manifestaciones de protesta. Pero, junto a los lamentos, empieza a definirse un comienzo de reestructuración.

El sector de la investigación científica es uno de los que están sufriendo más en la transición económica y social rusa. El presupuesto civil de I+D (investigación y desarrollo), que en 1989 representaba el 2,5% del PIB, se estima hoy en un 0,3%. Y si en la antigua URSS había 1,3 millones de científicos, ahora los efectivos se han reducido a 0,5 millones. Los que pueden emigran a países donde les pagan mejor: se calcula que entre 20.000 y 30.000 científicos de alto nivel han dejado el país de 1991 a 1995, un tercio de ellos para trabajar en Estados Unidos.

Los sueldos de los científicos rusos están en la parte baja de la escala de salarios: en torno a 250 dólares al mes. Y aún así el Estado les paga con retraso, como sucede también con los militares. Se comprende, pues, que cerca de un 30% hayan abandonado la investigación para dedicarse a los negocios, mientras que otro 20% conserva su puesto mientras se ocupa en otras cosas.

La crisis actual de la ciencia rusa es sobre todo consecuencia de una fuerte reducción del presupuesto de investigación del Ejército. Antes, la inmensa mayoría de los recursos científicos estaban al servicio de la defensa, incluso en la investigación fundamental. Pero la reestructuración del complejo militar-industrial y las dificultades presupuestarias han cambiado todos los datos. Por ejemplo, el presupuesto del sector espacial ha disminuido un 55% en 1997. De ahí que la estación espacial Mir esté cada vez más tambaleante.

La renovación del sector científico depende en buena parte de la ayuda exterior. La OCDE financia desde 1994 a unos 15.000 científicos e ingenieros del sector nuclear, para que puedan realizar su trabajo sin caer en la tentación de vender sus secretos y experiencia a otros países.

También la NASA y la National Science Foundation de Estados Unidos aportan financiación, a cambio de que los investigadores rusos se sometan a las normas que rigen en la comunidad científica internacional: obtener contratos de investigación mediante concursos y someter los proyectos o publicaciones al juicio de científicos independientes (peer review).

Al mismo tiempo, está naciendo un sistema de empresas privadas de investigación paralelo al oficial, a menudo instaladas en los locales de los institutos donde trabajaban sus fundadores. Los hombres y los instrumentos son los mismos que antes, pero ahora se buscan los contratos por su cuenta.


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