La ciencia en el horizonte de una razón ampliada

La evolución y el hombre a la luz de las ciencias biológicas y metabiológicas

Página 1

Autor: Rafael Jordana Butticaz

Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales “Francisco de Vitoria”, Unión Editorial.
Madrid (2016).
185 págs.
18,72 €.

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Rafael Jordana Butticaz se ha dedicado durante más de 60 años a la investigación biológica en la Universidad de Navarra. Fruto de su trabajo es esta monografía, La ciencia en el horizonte de una razón ampliada, donde llama la atención sobre la necesidad de que la ciencia biológica interprete correctamente una serie de presupuestos metabiológicos de carácter filosófico y teológico. A su juicio, por no querer llevar a cabo una propedéutica de este tipo se ha llegado a una progresiva abdicación del pensar. Sin embargo, se trata de unos presupuestos que siempre han estado presentes en la investigación heurística acerca de los seres vivos.

En este sentido, la falta de reflexión sobre la demarcación específica entre unas especies biológicas y las físicas, entre el Homo sapiens y el resto de les especies, ha tenido unas claras consecuencias. Son innumerables el número de fósiles encontrados para los que se reivindica la condición de “eslabón perdido” entre el mono y el hombre, aunque rápidamente hayan tenido que ser sustituidos por otros que no han tenido mejor fortuna. Jordana defiende, por ejemplo, que a pesar de las diferencias que se establecen entre los diversos tipos de homínidos inteligentes anteriores al Homo sapiens, no hay motivos suficientes para poder hablar de diferentes especies de hombre.

En este contexto, el libro pone de manifiesto la contraposición ficticia que se suele establecer entre el evolucionismo y el creacionismo. Ni hay que absolutizar un evolucionismo de carácter materialista ni tampoco se debe reducir la creación a un mero poner en marcha un diseño inteligente como si se tratara de un reloj o mecanismo autosuficiente. En lugar de eso, hay que comprender la noción de creación a partir de la nada como un acto eterno de donación del ser, de la vida y de la propia inteligencia. Se trata de un concepto filosófico y teológico que en ningún caso puede ser suplido por los conocimientos provisionales de la ciencia, como pretende el naturalismo positivista.

Para Jordana, la neurociencia es el último intento positivista que tiene por finalidad justificar la inteligencia humana como una actividad cerebral y reducir el conocimiento humano a conexiones meramente biológicas. Por su parte, el autor recurre a la noción de persona para integrar lo corporal-biológico y lo espiritual-cognoscitivo. Jordana se interroga desde la paleontología por la condición de persona de los homínidos anteriores al Homo sapiens. Analiza en este contexto la doctrina de la Iglesia acerca del evolucionismo y su posible compatibilidad con el creacionismo, así como las polémicas generadas al respecto en Estados Unidos. Especial interés tienen las referencias que ahora se hacen al cardenal Christoph Schönborn, a Juan Pablo II, a Benedicto XVI, al profesor Schuster, donde se discuten numerosas cuestiones metabiológicas que sigue planteando el enigma de la evolución, de la antropogénesis o de la neurociencia.

Jordana describe con gran maestría los numerosos enigmas biológicos y metabiológicos que sigue planteando la ciencia. No pretende dar soluciones fáciles a los problemas, ni tampoco recurrir a un reduccionismo de tipo positivista donde ya ni siquiera puede hablarse de la materia o del cuerpo, sino de simples hechos de compleja comprobación. Pretende más bien localizar los grandes interrogantes que se siguen haciendo presentes en la ciencia, cuando no se abdica del ejercicio del pensamiento. Se trata a este respecto de una obra soberbia, de lectura obligada para todo el que pretenda ejercer de científico, de biólogo, de filósofo o de teólogo.


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