La ciencia desde la fe

Inventing the Universe

Página 1

Autor: Alister McGrath

Espasa. Madrid (2016).
327 págs.
19,90 € (papel) / 12,99 € (digital).
Traducción: Albino Santos Mosquera.

La ciencia desde la fe no trata de descubrir al lector ningún modo nuevo de ver las cosas, pero explica de un modo bastante razonable y desapasionado los límites del método científico y las consecuencias nada racionales de su absolutización. No niega McGrath la ventaja que, como forma de conocimiento, nos aporta la ciencia, pero sostiene que las soluciones que ofrece están limitadas al mundo físico-natural o empírico. Sin embargo, existen también otras preguntas –las más inquietantes, como explica en la entrevista- que sobrepasan el ámbito de la ciencia y que han sido exploradas por la filosofía o la religión.

Esto no significa que el científico tenga que ser creyente, pero tampoco se le exige que sea ateo, como algunos piensan. El error de los cientificistas ha consistido en pensar que la ciencia tiene o tendrá algún día explicaciones que aquietarán nuestros desvelos existenciales o que zanjarán definitivamente nuestra perplejidad moral, pero paradójicamente esta presuposición no reviste carácter científico. Para McGrath, la fe proporciona “un marco de sentido” que no solo ayuda a comprender lo real de un modo más pleno, sino que también encamina al ser humano “hacia lo bueno y bello”, de modo que le orienta sobre los interrogantes que le apremian.

Es muy interesante, en este sentido, el análisis que realiza de las consecuencias antihumanistas de los planteamientos más radicales. Rebate, por ejemplo, la presunta moral científica que Sam Harris, uno de los nuevos ateos, ha intentado fundar sobre bases biológicas. Hay un capítulo dedicado al transhumanismo y a las posibilidades de adelantar la evolución biológica con el uso de la tecnología. La religión, a juicio de McGrath, puede servir también para refrenar y establecer límites éticos a una ciencia que por su propia naturaleza no puede solventar los problemas éticos.

Sin embargo, la perspectiva desde la que McGrath aborda todos estos problemas no es condescendiente con la ciencia, ni ingenua con la religión. No pasa por alto que también hay manifestaciones religiosas especialmente enconadas y que soslayan los descubrimientos científicos, como el creacionismo. Pero de la misma manera que la mera existencia del cientificismo no refuta la ciencia en general, tampoco determinadas opiniones religiosas deberían servir de excusa para denostar todo lo religioso.

La honradez que se percibe a la hora de enjuiciar, con equilibrio, las aportaciones de la ciencia y de la religión es suficiente para tener en cuenta las propuestas de La ciencia desde la fe. Tiene el mérito de recordar que el diálogo entre la ciencia y religión ha transitado en más ocasiones por los cauces de la comprensión que por los de la enemistad, y muestra razones para pensar que continuará esa relación enriquecedora.


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