La ciencia busca nuevos cereales para el consumo humano

Se intenta transformar hierbas silvestres en cultivos rentables

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Los cereales que constituyen la base de la alimentación humana son plantas anuales, lo que presenta varios inconvenientes. Plantarlas de nuevo todos los años tiene un elevado coste. Explotadas en régimen de monocultivo en grandes extensiones, empobrecen el suelo y requieren fertilizantes y pesticidas, con el consiguiente coste económico y ecológico. El trabajo anual de arrancarlas mediante el arado favorece la erosión.

Casi todas las especies cultivadas tienen parientes silvestres perennes, que no habría que replantar todos los años y dan granos de sabor y valor nutritivo semejantes o mejores. Pero no se explotan para el consumo humano. La razón es que su rendimiento es muy inferior, lo que haría antieconómico su cultivo. Siempre se ha creído que esas variedades gastan gran parte de sus recursos en desarrollar raíces que les permitan sobrevivir durante todo el año, con lo que les queda poca energía para echar espigas en grandes cantidades. Sin embargo, en Estados Unidos algunos científicos creen que no ha de ser necesariamente así, y están intentando adaptar variedades perennes para el cultivo y transformar en perennes especies anuales ya cultivadas. De estas investigaciones informó la revista Science (29XI-96).

Un estudio promovido por el Departamento de Agricultura de EE.UU. investiga un mutante natural de la grama americana (género Tripsacum), pariente del maíz, perenne y apto para el consumo humano. En los cultivos experimentales, esta especie ha dado un rendimiento cuatro veces superior al de la variedad no mutante y ha demostrado ser tan vigorosa como ésta. Lo que da esperanzas de que con la biotecnología se pueda convertirla en competidora del maíz, con la ventaja de ser más barata de cultivar.

Otra gramínea perenne cuyo rendimiento se intenta multiplicar es un ancestro silvestre del trigo (Thinopyrum intermedium) que da un grano aún más rico en proteínas que su pariente de cultivo. Hasta ahora sólo se ha logrado que produzca 560 kilos por hectárea; pero si los investigadores, como se proponen, consiguen llegar a 700 kilos, podría ser rentable.

El otro método es convertir en perennes especies anuales. El Land Institute ha cruzado el sorgo de cultivo con una variedad perenne. El híbrido ha dado, sin fertilizantes ni pesticidas, un rendimiento equivalente al 62% del sorgo comúnmente cultivado. Falta hacer la nueva especie más resistente al frío -muchas han muerto en invierno- y aumentar su productividad.

Para el éxito en una y otra vía de investigación se confía en la ingeniería genética. Por una parte, se han localizado los genes causantes de que las hierbas perennes echen raíces que les permiten sobrevivir todo el año, y ahora se trata de implantarlos en las especies anuales de alto rendimiento. Por otra, se han identificado los genes que han producido las variedades anuales de cultivo a partir de las antepasadas silvestres, lo que podría servir para "domesticar" éstas.

De todas formas, los científicos advierten que estas investigaciones están aún en mantillas. Faltan, dicen, unos veinticinco años para que los cereales perennes lleguen a nuestra mesa.


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