La agricultura se toma el desquite

La subida del precio de los alimentos despierta un nuevo interés por el desarrollo agrícola

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El alza de los precios de los alimentos y los disturbios por este motivo en diversos países (Haití, Tailandia, Camerún, Egipto, Senegal...) han provocado una inesperada cosecha de propuestas para favorecer el desarrollo agrícola. Los diagnósticos coinciden en que en los últimos tiempos se ha descuidado el fomento de la agricultura, y que ahora ha llegado el momento de aumentar más la productividad en este sector.

Jacques Diouf, director general de la FAO, se refiere especialmente en un artículo publicado en Le Monde al caso de África, que es importador neto de alimentos. Advierte que en el último año el precio medio de la alimentación básica ha crecido un 40% en algunos países africanos, con mayoría de población pobre. A corto plazo, la crisis exige el recurso a la importación de alimentos y a la ayuda internacional, como la que ofrece el Programa Mundial de Alimentos. Pero como todo hace prever la persistencia de precios elevados en los próximos años, lo importante es transformar esta crisis en una oportunidad para relanzar el desarrollo agrícola.

Diouf, senegalés, piensa que “para evitar crisis alimentarias endémicas, África debe contar con su propio potencial agrícola”. Durante mucho tiempo, la baja continua de los precios agrícolas en los mercados mundiales ha sido un obstáculo para la agricultura africana. Pero ahora, “con productos importados cada vez más caros, los precios de los productos africanos van a volver a ser atractivos”. Las ciudades africanas van a tener que aprovisionarse en los mercados locales y regionales.

La agricultura africana tiene un amplio potencial de desarrollo aún sin aprovechar con el que podría satisfacer esta demanda. Hay recursos hídricos poco explotados, muchas tierras sin cultivar y abundante mano de obra, y sería posible aumentar mucho la productividad con el uso de maquinaria y abonos, aún escasamente utilizados.

Pero, ¿cómo poner en movimiento este potencial? Diouf propone que la comunidad internacional acompañe este esfuerzo de los africanos favoreciendo los transportes entre el campo y la ciudad para que los productos puedan llegar a los mercados. También habría que ayudar a los agricultores pobres para que tengan acceso a las semillas y a los abonos que se han hecho demasiado caros para ellos. Habría que dar prioridad a la producción agrícola destinada a la alimentación, mediante sistemas específicos de crédito y de seguros.

La FAO quiere aprovechar esta preocupación mundial para proponer un sistema de reservas internacionales, que aseguren un mínimo de aprovisionamiento, y relanzar la productividad agrícola, que está creciendo un 1% anual, por debajo de la demanda. Para esto es necesario intensificar la investigación agrícola. “Esperemos que esta crisis sea el empujón para el nacimiento de la segunda revolución verde”, dice Duncan Macintosh, del Instituto Internacional para la Investigación del Arroz (IRRI), con sede en Manila.

Qué vías debería seguir la agricultura del futuro para responder al reto alimentario de los próximos decenios ha sido el tema abordado en un informe de expertos agrónomos de 63 países reunidos el pasado abril en Johannesburgo, en el marco de la International Assessment of Agricultural Science. El documento marca un cambio de óptica respecto a la política que ha favorecido en los países en desarrollo los cultivos destinados a la exportación en detrimento de la agricultura dedicada a la alimentación. Ahora se ve necesario restaurar la autosuficiencia alimentaria, y contar con los saberes locales sin confiar solo en la tecnología. “Si nuestros sistemas agrícolas siguen haciendo énfasis solo en maximizar la producción al coste más bajo, la agricultura experimentará una gran crisis en veinte o treinta años”, pronostica Achim Steiner, secretario del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente.

Un clima más propicio a los transgénicos

El alza de precios de los alimentos y la escasez de la oferta de están contribuyendo a crear un clima más propicio hacia los cultivos transgénicos. Las plantas transgénicas contienen genes de otros organismos para hacerlas resistentes a los insectos, a los herbicidas o a plagas. En Japón y Corea del Sur, fabricantes de productos alimenticios han empezado a recurrir al maíz transgénico, entre otras cosas porque se ha hecho difícil encontrar alternativas, según informa International Herald Tribune (22-04-2008). Esta es una buena noticia para los exportadores de EE.UU., donde el 75% del maíz cultivado es ya transgénico.

Incluso en Europa, que es donde hay más reticencia a los transgénicos, empiezan a ser mejor vistos por motivos económicos. En Gran Bretaña, la unión de ganaderos ha publicado una declaración en la que pide que se abandone “toda resistencia” a estos cultivos “para responder a los cambios en la demanda mundial de alimentos, el creciente peligro de escasez y la perspectiva de un declive en la producción nacional de carne”.

Los adversarios de los transgénicos responden que las empresas de biotecnología están explotando la crisis para impulsar sus propios intereses. Dicen, por ejemplo, que en África se conseguiría mayor aumento de la producción con fertilizantes que con semillas transgénicas.

La nueva coyuntura alimentaria influye también en la revisión de la política agrícola común (PAC) de la Unión Europea. Desde hace años se está pagando a los agricultores por reducir sus cultivos, para luchar contra la superproducción crónica. Esto no es suficiente para los países nórdicos y Gran Bretaña, que presionan para que se reduzcan el dinero destinado a la PAC, principal partida del presupuesto europeo. Pero ahora, los ministros de Agricultura de Alemania y Francia han rechazado cualquier recorte en los subsidios a los agricultores. El ministro alemán, Horst Seehofer, ha dicho que hay que asegurar que la agricultura europea garantiza la autosuficiencia alimentaria y que produce lo suficiente para combatir el hambre en el mundo en desarrollo.

Sin embargo, los críticos de esta política dicen que los subsidios a la exportación agrícola de la UE dañan a los productores de los países en desarrollo, lo que dificulta el desarrollo de la productividad agrícola.


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