Kiril I, el nuevo patriarca de la mayor Iglesia ortodoxa

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Kiril I, el nuevo patriarca de Moscú, cabeza de la principal Iglesia ortodoxa, tiene ante sí tres cuestiones que no pueden ser soslayadas: reevangelizar la sociedad rusa, que ve la Iglesia como algo propio de su cultura pero sin influencia en la vida cotidiana, apaciguar las tensiones internas en la ortodoxia, y estrechar relaciones con la Iglesia católica..

La elección de Kiril, metropolita de Esmolenko, de 62 años, responde a las previsiones y se ha producido por amplia mayoría (508 votos de 702). Está considerado como el líder ortodoxo más renovador, y el que ha establecido más lazos con la Iglesia católica, ya que desde 1989 ha sido el director de relaciones exteriores del Patriarcado de Moscú, y mano derecha del anterior patriarca, Alexis II.

Desde 1994, Kiril ha mantenido su propia emisión religiosa en la primera cadena de televisión, por lo que es una figura bien conocida. Dentro de la ortodoxia, Kiril debe mantener una postura equilibrada entre las dos almas tradicionales de la Iglesia y de la sociedad rusa: los eslavófilos, apegados a los valores tradicionales rusos, y los occidentalistas.

También deberá apaciguar algunas tensiones intra ortodoxas, sobre todo con el Patriarcado de Constantinopla y en Ucrania. El patriarca de Constantinopla, Bartolomé I, tiene la primacía de honor en el mundo ortodoxo, a pesar de que numéricamente cuenta con pocos fieles. En cambio, el Patriarcado de Moscú, con unos 135 millones de fieles -90 en Rusia, 20 en Ucrania, 10 en Bielorrusia- y más recursos, reivindica de hecho una autoridad sobre el conjunto de la ortodoxia.

En Ucrania, la Iglesia ortodoxa se ha divido en grupos rivales, desde el colapso de la URSS. El mayor sigue siendo fiel al Patriarcado de Moscú, pero otros proponen constituirse en Iglesia autocéfala, algo que Kiril rechaza.

Evangelizar la sociedad rusa

Con 27.000 sacerdotes, 28.000 parroquias y más de 700 monasterios, la Iglesia ortodoxa rusa ha vuelto a tener un peso social tras la caída del comunismo, pero no es tan influyente en la vida de los fieles. El nivel de práctica religiosa es bajo (en torno a un 3% de la población) y con una implantación limitada a las grandes ciudades. Tras el cese de la persecución religiosa, los bautismos masivos crecieron, pero luego ha faltado la evangelización. Tampoco ha conseguido, por lo general, atraerse a los intelectuales.

Entre los políticos está bien visto participar en las ceremonias religiosas de fiestas importantes -Vladimir Putin y Dmitri Medvéded lo hacen-, y la tradicional simbiosis nacional entre el poder político y religioso ha vuelto a restablecerse. Sin embargo, el gobierno no ha accedido a que se imparta en las escuelas públicas una asignatura de “bases de la cultura ortodoxa”, como la Iglesia propugna.

Kiril desearía que la ortodoxia jugara un papel más importante en la vida social del país y, con el deseo de reevangelización de la sociedad, ha sido el principal artífice de los fundamentos de la doctrina social de la Iglesia rusa, aprobados en 2000. Al mismo tiempo declara que “la Iglesia no debe inmiscuirse en la política, sino anunciar la verdad de Dios”.

Para que la Iglesia ortodoxa desempeñe un papel más importante en la sociedad moderna, debería también emprender una renovación en su seno. “A Kiril I le corresponde hacer pasar a la Iglesia rusa de la Edad Media a la postmodernidad”, asegura el teólogo ortodoxo francés Jean-François Colosimo (Le Monde, 29-01-09). Pero Kiril ha dejado claro que una reforma debería ser compatible con el respeto a la fe y a las tradiciones.



Mejores relaciones con la Iglesia católica

Kiril tiene fama de hombre más abierto a las relaciones con la Iglesia católica, cosa que algunos le reprochan, y por sus años al frente de las relaciones exteriores del Patriarcado ha tenido ocasión de mantener relaciones más amistosas con interlocutores católicos. Fue el autor del prólogo al libro de Ratzinger, Introducción al cristianismo, traducido al ruso en 2006, y estuvo al frente de la delegación ortodoxa en el entierro de Juan Pablo II. Probablemente, con él habrá menos dificultades para un viaje del Papa a Rusia, cosa que con su predecesor Alexis II fue imposible.

Kiril es un decidido partidario del diálogo católico-ortodoxo, en el que ha habido avances significativos en los últimos tiempos (cfr. Aceprensa 26-01-09). Pero, según dicen los que le han tratado, se muestra inflexible cuando se trata de defender las prerrogativas del Patriarcado de Moscú. Desde el final de la etapa comunista, los ortodoxos tienden a ver la implantación católica en Rusia como un caso de “proselitismo” en un territorio que consideran exclusivo de la ortodoxia. A lo que hay que agregar su descalificación de los católicos de rito bizantino, importantes sobre todo en Ucrania, que a su juicio deberían volver al rito latino o integrarse en la ortodoxia.

Sin embargo, cuando fue ordenado en 2007 el nuevo arzobispo católico de Moscú, Mons. Paolo Pezzi, Kiril declaró que se trataba de “un día de fiesta para todos los cristianos de Rusia”.

Alegría en Roma

Se comprende que también por parte católica la elección del Kiril I se haya recibido con alegría. En su mensaje de felicitación, BenedictoXVI ha expresado su augurio de que el nuevo Patriarca siga buscando “la plenitud de la comunión que es el objetivo de la colaboración y el diálogo entre católicos y ortodoxos”. Por su parte, le reitera “el compromiso de la Iglesia católica para cooperar con la Iglesia ortodoxa rusa para un más claro testimonio de la verdad del mensaje cristiano y de los valores que únicamente pueden sostener al mundo actual en el camino de la paz, la justicia y el cuidado amoroso a los marginados”.

A su vez, el cardenal Walter Kasper, presidente del Consejo Pontificio para la Unidad de los Cristianos, ha dicho que la elección de Kiril I “representa una nueva fase para la Iglesia ortodoxa rusa”. Los representantes de la Iglesia católica, prosiguió el purpurado, están “preparados, disponibles”, “deseosos de continuar el diálogo”. Actualmente se ha reactivado el dialogo teológico en la Comisión ortodoxo-católica que, entre otras cosas, estudia el ejercicio del primado del obispo de Roma.

También Kiril manifestaba en 2007 en una entrevista publicada en L’Osservatore Romano la convergencia de católicos y ortodoxos para presentar la visión cristina al mundo de hoy: “La Iglesia católica y la ortodoxa son cada vez más conscientes de ser aliadas en much´simas problemáticasd que hoy interpelan a la humanidad. Y es igualmente claro que todos esperamos una dinámica cada vez más positiva en estas relaciones, teniendo en cuenta que, como cristianos, tenemos los mismos valores espirituales y morales, sobre los que ciertamente no existen divisiones o incomprensiones”.


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