El Observatorio

Kerala, un modelo sostenible de cuidados paliativos

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Kerala solo alberga un 3% de la población india. Sin embargo, dos tercios de los servicios paliativos de todo el país se ofrecen dentro de sus fronteras. Además, el sistema organizado para atender a los habitantes de los rincones más remotos del estado ha sido calificado por la Organización Mundial de la Salud como un ejemplo del que pueden aprender los países más avanzados. Como cuenta un reportaje en The Atlantic, una gran parte de este éxito se debe a la iniciativa de unas pocas personas.

En el origen de todo está el doctor M. R. Rajagopal, de 69 años. En 1993, tras unas experiencias traumáticas con pacientes terminales a los que no pudo aliviar su dolor, decidió crear la Pain and Palliative Care Society, una organización civil que actualmente cuenta con 300 grupos formados por enfermeras, algún médico y, sobre todo, muchos voluntarios dispuestos a llevar el consuelo físico o anímico hasta los últimos rincones del estado.

Pese a la buena voluntad de Rajagopal y de sus dos colaboradores originales –uno de ellos, médico–, enseguida se hizo palmaria la necesidad de contar con voluntarios locales que, en primer lugar, dieran la voz de alarma cuando una persona necesitara cuidados paliativos, y después ayudaran a proveerlos. Además, el hospital de Calicut les cedió a dos enfermeras.

Desde entonces, la PPCS no ha dejado de crecer. En 1999, se unió a otras tres organizaciones indias para formar la Neighbourhood Network of Palliative Care (NNPC), que actualmente es la mayor red de cuidados paliativos del mundo. Cuatro años después, el nuevo organismo creó el Institute of Palliative Medicine, un centro de formación para profesionales médicos y voluntarios, y que también cuenta con una residencia y un centro de día para enfermos terminales.

Con todo, el doctor Rajagopal no estaba satisfecho, pues pensaba que aún se estaba llegando a muy poca gente (todavía hoy, 18 millones de personas en todo el mundo mueren entre dolores evitables, según la Worldwide Hospice Palliative Care Alliance). Por eso, ese mismo año fundó Pallium India, que busca extender el éxito de Kerala a otros lugares del país, y que ya ha construido 23 centros médicos.

Una de las principales tareas de Pallium India es conseguir dinero para financiar los automóviles con que desplazarse a donde viven los enfermos. La mayor parte de ellos, como ocurre también en otros países, prefieren ser atendidos –y, si llega el caso, morir– en sus casas. Además, la cercanía de la familia y la comunidad local es básica en estos casos. Como comprendió Rajagopal, “el dolor físico es solo la punta del iceberg del sufrimiento de los pacientes”, y los centros hospitalarios pueden ser demasiado fríos.

El modelo de Kerala –voluntarios locales apoyados por médicos y enfermeras– está despertando el interés de otros países.


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