El Observatorio

Jóvenes islandeses cambian el alcohol y las drogas por el deporte y la música

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En 1992, los jóvenes de 14 a 16 años de todas las escuelas islandesas realizaron por primera vez una macroencuesta sobre hábitos de riesgo. Los resultados fueron alarmantes, y en algunos aspectos (por ejemplo, el consumo de alcohol) siguieron empeorando en las sucesivas entregas.

En 1998, un 42% de los de 15 y 16 años señalaba haberse emborrachado al menos una vez durante el último mes; un 23% fumaba tabaco a diario y un 17% había probado el cannabis. En 2016, los porcentajes se han reducido al 5%, 3% y 7% respectivamente. Aunque este tipo de conductas también ha bajado en el conjunto de Europa en este periodo, en ningún país lo ha hecho tan drásticamente como en Islandia.

Como cuenta un reportaje en The Atlantic, la inspiración nació de los estudios de un profesor de psicología norteamericano, Harvey Milkman. Su investigación concluyó que el uso de drogas entre los jóvenes tenía un efecto especialmente adictivo en la medida que interfería con su desarrollo neuronal: los jóvenes no solo se volvían adictos a la sustancia, sino a los cambios químicos producidos por ella en el cerebro. ¿Por qué no orquestar un movimiento social que ofrezca a los jóvenes “drogas” naturales, actividades que estimulen la actividad cerebral de forma parecida a como lo hacen las drogas?

La colaboración de Milkman con investigadores islandeses dio lugar al programa “Juventud de Islandia”. Bajo este paraguas se han desarrollado actuaciones en distintos ámbitos. Por un lado, se prohibió la venta de tabaco y alcohol a menores de 18 años y se instauró una especie de “toque de queda juvenil”: los chicos y chicas debían estar en casa a las diez de la noche en invierno y a las 12 en verano (esta medida aún sigue vigente). Por otro lado, se reforzó la formación de los padres, con charlas organizadas a través de los colegios. Se diseñaron formularios de “contratos educativos”, firmados por los progenitores, en los que estos se comprometían, entre otras cosas, a pasar más tiempo en familia.

No obstante, el principal eje de “Juventud de Islandia” ha sido la promoción de ocio saludable para los jóvenes. El Estado aumentó la financiación de programas deportivos, musicales y artísticos, y facilitó una ayuda para que las familias con menos recursos pudieran participar. En Reikiavik, donde viven más de la mitad de los islandeses, el ayuntamiento creó un bono de 280 euros anuales para que cada joven los gaste en actividades recreativas.

El enfoque transversal (leyes-padres-actividades) parece haber funcionado, y no solo en cuanto al consumo de drogas: ha aumentado el tiempo que los niños y jóvenes pasan en familia, y la inscripción en asociaciones deportivas ha crecido significativamente.

Para replicar este éxito, en 2006 nació “Juventud de Europa”. A diferencia del original, este programa no actúa a nivel nacional, sino local. Desde sus comienzos se han inscrito 35 municipios (entre ellos, Tarragona) de 17 países, que siguen mandando sus encuestas para que se estudien en la central de Islandia. Adaptando sus enfoques a la realidad de su comunidad, algunos han logrado resultados muy positivos.


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