¿Joven y optimista? En el sur pobre

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¿Es posible que los jóvenes kenianos tengan una percepción más optimista de su futuro que los franceses? Si se contesta rápidamente, la respuesta es no: una sociedad con importantes déficits de bienestar social no puede suscitar más esperanzas que una donde lo básico (y más) está ampliamente resuelto.

Pero un sondeo de Ipsos para la Fundación Gates, efectuado en 15 países con 40.506 chicos y chicas de 12 años para arriba, revela que en las naciones en desarrollo los jóvenes tienen un plus de optimismo sobre sus pares de países ricos. El contraste es interesante: preguntados por cómo perciben su futuro, un 95% de los kenianos dijeron verlo positivamente. Les siguieron en esta tendencia los de México (94,7%), China (94,1%), Nigeria (94,1%) e India (92,1%).

“Los jóvenes se ven enfrentados a esas historias de que los millennials son la primera generación que no vivirá mejor que sus padres”

Curiosamente, en la cara opuesta se ubican los de cuatro países europeos –Alemania, Reino Unido, Francia y Suecia–, más Australia, en los que, aunque el optimismo es alto, no supera a ninguno de los anteriores. Un 78,4% de los jóvenes alemanes ve que el porvenir les sonríe, y un 65,3% de los suecos están en la misma sintonía.

Según explica a The Guardian Michael Birkjaer, del Happiness Research Institute de Dinamarca, el impacto duradero de la crisis y la “epidemia de soledad” en Occidente pueden estar marcando las respuestas de los chicos. “Los jóvenes se ven enfrentados a esas historias de que los millennials son la primera generación que no vivirá mejor que sus padres, y quizás en los países desarrollados esté cobrando fuerza la percepción colectiva de que hay escasez de oportunidades”, dice.

De política, más en el sur

En la otra parte del globo, entretanto, la perspectiva es diferente, toda vez que, añade Birkjaer, “el listón social de la buena vida se percibe quizás como más alcanzable”. No es que la política, en teoría encargada de propiciar las condiciones para el ascenso social y el bienestar, se haya tomado muy en serio ese cometido en los menos desarrollados, pero al menos la gente conserva la esperanza de que lo haga.

Es así que en la India, al preguntarse a los jóvenes si creen poder marcar la diferencia en el modo en que se gobierna su país, el 69% estuvo de acuerdo. En Kenia y en Nigeria también son altas las expectativas (68% y 67%, respectivamente), mientras que solo un 22% de los alemanes, un 30% de los franceses y un 33% de los australianos cree poder incidir en el rumbo de sus sociedades.

Una diferencia en esto es que en los países del sur hay más jóvenes al tanto de la política que en algunas de las democracias más consolidadas. Si un 55% de los jóvenes indios y un 45% de los brasileños dice conocer de estos temas, en Suecia lo afirma apenas el 29%, y en Francia menos: el 21%.

En los países del sur hay más jóvenes al tanto de la política que en algunas de las democracias más consolidadas

En el Reino Unido, por su parte, un 27% de los jóvenes conoce la actualidad política, pero el sistema no les anima demasiado a implicarse y siguen siendo demográficamente minoritarios en las urnas. Por ello toman otras vías para influir, según explica James Sloam, experto en participación política juvenil. Para los de ese segmento poblacional tienen más valor, por ejemplo, las convocatorias a manifestaciones de calle, o las campañas para promover el cambio de los patrones de consumo, para lograr que la gente adquiera productos con menos pegas éticas y que las empresas se muevan en la misma dirección.

¿Satisfechos…?

Son llamativas igualmente las principales preocupaciones de los jóvenes de la muestra. A los de Australia y Francia, por ejemplo, les quita el sueño el tema del desempleo (44% a los primeros, 49% a los segundos), mientras que ese mismo asunto es de los principales solo para el 7% de los kenianos, pese a que el nivel de paro de aquellos no supera al del país africano.

En cuanto al futuro personal y profesional, un 6% de jóvenes alemanes se confiesan preocupados, una presión psicológica que no sienten los indonesios, los mexicanos y los indios (apenas el 1,1% de estos últimos lo mira con incertidumbre).

Por último, está la satisfacción de los chicos con su vida actual. Según las respuestas acopiadas por Ipsos, los que mayor puntuación alcanzan son los de países como México (8,5), Indonesia y China (7,9), y Arabia Saudí (8,1), si bien siempre podría cuestionarse la autenticidad de las respuestas que personas de estos dos últimos países, donde el Estado se “interesa demasiado” por sus ciudadanos, ofrezcan a una encuesta de una empresa occidental.

Los del norte, bajo presión

Sobre las realidades que afectan a las nuevas generaciones ya tomaba nota la Iglesia meses atrás en el Instrumentum laboris, el documento preparatorio para el Sínodo sobre los jóvenes que se celebra en estos días. “A veces terminamos abandonando nuestros sueños”, advertía el texto, pues las presiones socioeconómicas eran las que les marcaban el paso a los jóvenes y podían apagarles la esperanza.

El texto señalaba que cierto malestar psicológico, especialmente en los países ricos, se hace visible en la juventud en forma de depresiones y enfermedades mentales, y en la adopción de hábitos dañinos. “En algunos países el suicidio es la principal causa de muerte en el grupo de edad entre 15 y 44 años”, puntualizaba.

La incertidumbre, particularmente la económica, estaría incidiendo en el malestar psicológico de los jóvenes en Occidente

La incertidumbre, particularmente la relacionada con el devenir económico, es uno de los factores que más estarían incidiendo en el malestar. Sin solidez en esa área, atreverse a dar el paso a, por ejemplo, la relación matrimonial, es mucho más difícil. “Muchos jóvenes se preguntan cómo es posible una elección definitiva en un mundo donde nada parece ser estable, ni siquiera la distinción entre verdadero y falso”. La decisión de vida desde la responsabilidad es, se subraya, “uno de los desafíos urgentes que caracterizan nuestro tiempo”.


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