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John Berger, un apasionado del arte

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Qué significa el satén y el terciopelo que envuelven a una dama en un lienzo dieciochesco; por qué, en el retrato de dos nobles del siglo XVI, aparecen tantos instrumentos de navegación sobre una alfombra oriental; qué contradicciones saltan entre la María Magdalena de un cuadro renacentista y la de la historia bíblica… Las respuestas nos las ofrecía encantado el crítico y novelista británico John Berger, un apasionado del arte que, con el bisturí de la palabra, diseccionó multitud de obras para mostrarlas al gran público y darle las claves para un mayor disfrute.

Berger acaba de fallecer en Antony, Francia, a los 90 años, y los grandes medios han vuelto sobre su prolífica obra. The New York Times cita, entre ellas, una serie didáctica de la BBC emitida en 1972, que versaba precisamente acerca del trasfondo social de las obras pictóricas: Maneras de ver (Ways of Seeing, con subtítulos en español). El intelectual la resumió posteriormente en un libro que por su autoridad se convirtió, en las escuelas de arte, en el equivalente del Libro Rojo de Mao, según afirmó algún crítico.

Precisa el Times que, con el arte como eje, Berger se sumergió desde la crítica en temas como el “sexismo” subyacente en la tradición del desnudo, el lugar de la alta cultura en una contemporaneidad ahogada por la imagen, y la riqueza y el materialismo como tradicionales motivos de representación al óleo, un soporte “que hace a las apariencias lo que el capital a las relaciones sociales”, según afirmaba Berger, cuya expresión de los conceptos delataba la influencia del marxismo. Otros asuntos que lo motivaron, según cuenta su editor Tom Overton a la BBC, fueron “la experiencia del exilio y la desastrosa relación entre el arte y la propiedad”. Berger, añade Overton, “nos hizo saber que el arte enriquecería nuestras vidas”.

Del relato a la novela, de la anécdota a la ficción

De la extensa obra del intelectual británico, Aceprensa ha publicado las reseñas de cinco volúmenes que nos ofrecen no solo al entendido en arte, sino al narrador de vivencias humanas, incluidas las suyas.

En De A para X. Una historia en cartas, Berger nos cuenta la relación entre dos jóvenes insurgentes: A’ida y Xavier. Este, condenado a cadena perpetua bajo acusación de terrorismo, recibe periódicamente correspondencia de su amada, papeles que serán el único nexo entre ambos y en los que, al dorso, él escribe algunas notas, siglas a veces, y citas de personalidades de la política o la literatura. “Tú –le escribe la joven–, en tu cárcel, no puedes cubrir distancias, salvo las mínimas que repites cada día. Pero piensas, y con tu pensamiento atraviesas el mundo. Yo puedo ir a donde quiera, cubrir distancias es una parte de mi vida. Tu pensamiento y mis viajes son casi la misma cosa”.

Otra de sus obras, Un pintor de hoy, su primera novela, relata lo que ha sido una constante bajo los regímenes comunistas: la tensión entre la burocracia que dice encarnar los intereses del proletariado y el artista que desea mantener su libertad creativa, al margen de los dictados de la ideología imperante. El autor la publica en 1958, la época en que muchos intelectuales de los países que cayeron bajo la garra estalinista en el este de Europa emigraron a occidente. Su protagonista, un pintor húngaro llamado Janos Lavin, desaparece misteriosamente tras exponer su obra en Londres y es su albacea quien narra la historia. Novela bien escrita, estudia con honradez la obsesiva relación entre política y arte.

Un collage. Así se puede catalogar el volumen El sentido de la vista, una recopilación de ideas puestas por Berger en tinta sobre papel. El texto agrupa reflexiones del crítico y narrador acerca de temas como el lenguaje, la emigración, el viaje, y –cómo no–magníficos ensayos sobre obras pictóricas. Goya, Bonnard, Modigliani, Picasso, Durero, Van Gogh, todos están en sus ensayos, y a todos les arranca Berger los secretos de aquello que contemplaron, para compartirlos con el lector.

Mirada también interesante puede ser la de la vida cotidiana a través de los ojos de un perro. Y Berger se atreve a ello por medio de King. Una historia de la calle, en la que el narrador es, precisamente…, un perro callejero: King. El cuadrúpedo, que acompaña a una pareja de personas sin hogar, conoce cómo se proyectan y relacionan entre sí los seres humanos de su entorno, tan humanos y capaces de amar como los demás, a pesar de vivir en chabolas. Perro al fin, King no denuncia injusticias, pero tampoco tiene esperanzas, un reflejo del pesimismo del autor respecto al futuro (al menos en este libro).

Por último, Fotocopias, una colección de relatos, anécdotas y pensamientos, brinda al lector algunas historias de figuras reconocidas, como la filósofa francesa Simone Weil y su compatriota, el fotógrafo Henri Cartier Bresson, pero también, y sobre todo, de gente común, de personas corrientes de Irlanda, Francia, Grecia, España… Es, como escribió Amy Edith Johnson en The New York Times en 1997, poco después de su publicación, “una colección de momentos, a veces frágiles, a veces portentosos” que, por el uso del narrador en primera persona, bien pueden antojarse las memorias del autor. 


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