Jesús: moda, historia y fe

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Nuevos estudios sobre la historicidad de los Evangelios
En los últimos años estamos asistiendo a un importante resurgir de trabajos científicos y divulgativos en torno a Jesús y los orígenes del cristianismo. Algunos resucitan la crítica racionalista del siglo pasado; otros toman los datos históricos sin excluir la fe; los hay también que se aproximan al fideísmo. En cualquier caso, libros recientes sobre Jesús han alcanzado amplia difusión en muchos países. Con ocasión de la pasada Pascua, varias revistas internacionales (Time, Newsweek, U.S. News & World Report), han llevado a sus portadas la persona de Jesús. Es verdad que en parte esos reportajes recogen temas o libros sensacionalistas; pero no deja de ser sintomático que la figura de Jesús siga teniendo tanto atractivo.

Hay razones que explican esta floración de trabajos sobre Jesús en una sociedad, por otra parte, tan materialista y secularizada:

– Una es la proliferación de sectas fundamentalistas y la abundancia, sobre todo en América, de telepredicadores que con escaso rigor científico presentan los Evangelios como dictados letra a letra por Dios, menospreciando con malos modales la labor científica de la exégesis: «Si lees el Evangelio de Mateo -decía uno de estos predicadores-, puedes emplear dos tardes, y sacarás algún provecho y claridad. Pero si escuchas a un estudioso del mismo Evangelio, necesitarás meses y terminarás cada día más confuso». Irónico, pero lamentable.

– Otra razón, quizá la más relevante, es la novedad que han aportado los recientes descubrimientos de textos antiguos, tanto de la época inmediatamente anterior y contemporánea a Jesús (Qumrán: ver servicios 99/94 y 102/94), como de los primeros siglos de la Iglesia (apócrifos del Nuevo Testamento, textos gnósticos de Nag Hammadi, etc.). A partir de estos textos se conoce mejor la Palestina del siglo I y el ambiente del Imperio Romano en que se implantó la Iglesia. Además, hoy más que nunca, las universidades y centros de estudio tienen a su alcance medios técnicos que agilizan el uso de textos hebreos, arameos, griegos o coptos.

– Un dato más es que la investigación de primera línea se ha trasladado en los últimos veinte años del área germana (Schweitzer, Bultmann, Käsemann, etc.) al ámbito anglo-norteamericano. Quizá esto explica la difusión entre el gran público de hipótesis que en otro tiempo no traspasaban los límites de los especialistas.

Temas en discusión

Muchos de los autores contemporáneos son deudores de los planteamientos de principio de siglo. Desde entonces está sobre el tapete la relación entre ciencia y fe, a veces planteada en términos de cultura y fe. Aplicando ese binomio a la figura de Jesús, surgen varias preguntas. ¿El Cristo de la fe, es decir, el que creemos a partir de lo que sus discípulos nos trasmitieron tras su muerte y a la luz de la fe en su resurrección, es el mismo que el Jesús de la historia, el Jesús de Nazaret que predicó, se hizo seguir por unos discípulos, y murió en la cruz? ¿Se puede demostrar científicamente la historicidad de lo que narran los Evangelios y de lo que confesamos en el Credo?

Otro tema que subyace en las cuestiones actuales es la relación entre la figura de Jesús y el cristianismo. Cuanto más profundo parezca el foso de separación entre Jesús y el «movimiento religioso» que promovieron sus discípulos, más parecería tambalearse el cristianismo que profesan los bautizados. De ahí las preguntas: ¿Tenía Jesús conciencia de ser el Mesías y el Hijo de Dios?; ¿era Jesús un personaje con especiales dotes de curación o era de verdad el Salvador y el Redentor de todos los hombres?

Testimonios acerca de Jesús

Para mostrar científicamente la historicidad de un acontecimiento de la antigüedad hay que tener en cuenta tres tipos de testimonios: los arqueológicos, los literarios externos y los literarios internos.

Los testimonios arqueológicos sobre Jesús son muy escasos, pues los cristianos tuvieron que abandonar precipitadamente Jerusalén y Palestina en el año 70. No pudieron conservar ni lugares ni objetos pertenecientes a Jesús. Es prácticamente imposible encontrar la casa de Nazaret, o la tumba en Jerusalén. Únicamente hay vestigios (piedra del Gólgota, templo herodiano de Jerusalén, disposición de casas o calles, etc.) que concuerdan con los datos geográficos de los Evangelios, y con antiguas tradiciones cultuales en torno a esos lugares.

Los testimonios literarios son, por tanto, prácticamente los únicos de que disponemos sobre Jesús. Éstos son muy importantes y variados. Los más relevantes son los considerados como canónicos, es decir, Evangelios, los Hechos de los Apóstoles y Epístolas. Pero también hay que tener en cuenta la literatura extra-canónica, a saber, las alusiones que hacen el historiador judío Flavio Josefo y otros historiadores romanos. Estos datos se comparan con fuentes literarias judías (apócrifos del Antiguo Testamento, manuscritos del Qumrán, los targumim o traducciones arameas de la Biblia, la literatura rabínica), con fuentes helenísticas (papiros mágicos, textos retóricos greco-romanos, escuelas filosóficas griegas) y con fuentes cristianas no canónicas (como apócrifos del Nuevo Testamento o textos gnósticos de Nag Hammadi, entre los que hoy muchos autores destacan el Evangelio de Tomás).

Cuatro búsquedas

La búsqueda (quest en inglés) del Jesús histórico se puede dividir en cuatro periodos:

1) Old quest. En 1778, con la publicación de la obra póstuma de Reimarus se inicia una etapa en la presentación de un Jesús distinto del que hasta entonces ofrecían el Nuevo Testamento y la tradición de la Iglesia. Esta obra, de carácter antidogmático, marca el comienzo de una búsqueda caracterizada por la subjetividad de las investigaciones sobre Jesús y cuyo ejemplo clásico es la Vida de Jesús de D.F. Strauss (1835).

2) No quest. A partir de 1921 se abre con Rudolf Bultmann una segunda etapa. La distinción entre el Jesús histórico y el Cristo de la fe que él propugnaba disocia el uno del otro al afirmar que lo que conocemos de Jesús es la imagen de un Jesús mitificado por sus discípulos. Esta postura llevó a pensar que la búsqueda del Jesús histórico era prácticamente imposible.

3) New quest. En 1953, E. Käsemann reacciona contra su maestro Bultmann. Se da comienzo así a una nueva etapa en la que se subraya la continuidad entre el Cristo de la fe y el Jesús histórico. Aunque su postura supuso una reacción a la negación anterior, durante la década de los 60 y 70 hay todavía un cierto predominio de una actitud escéptica. Se sigue manteniendo que es poco lo que podemos saber sobre Jesús.

4) Third quest. Más recientemente, en torno a los años finales de los 70 y en la década de los 80, se ha producido una revitalización de la búsqueda del Jesús histórico. Como ya se ha señalado, esto se ha debido en parte a la aparición de nuevas fuentes y a los nuevos métodos de interpretación aplicados a la Biblia. Como consecuencia, se ha llegado a un consenso generalizado de que no sólo Jesús realmente existió, sino que ciertamente sabemos bastante o mucho de lo que Él hizo y dijo. Ahora bien, no hay ni mucho menos un acuerdo sobre el cuánto y el cómo de lo que hizo y dijo.

Sin embargo, todavía en muchos ambientes sigue abierta la zanja entre el Jesús histórico y el Cristo de la fe. En consecuencia, predomina el interés por «depurar» los Evangelios canónicos de cualquier afirmación que contenga un mensaje de fe, mientras que se acepta con menor exigencia crítica el testimonio de escritos extrabíblicos, judíos o profanos, que se toman como fuente fiable de conocimiento sobre Jesús y sobre las primeras generaciones cristianas. Con todo, hoy en día, en el campo de los estudios bíblicos se acepta que el Jesús histórico no tiene que ser necesariamente distinto que el Cristo de la fe.

Es destacable el consenso en el carácter judío de Jesús -en parte por los estudios de Geza Vermes (1), ex sacerdote católico de origen judío y en la actualidad profesor en Oxford, para quien Jesús es simplemente un judío más- y en el papel que jugó en la sociedad de su tiempo. En este sentido se ha generalizado una perspectiva sociológica -iniciada principalmente por Gerd Theissen (2) a finales de los 70-, que presta una especial atención a la «identidad social» o al «tipo social» de Jesús, es decir, a la categoría en la que los contemporáneos de Jesús le habrían colocado.

Sensacionalismo

Aprovechando el valor y la novedad de la investigación de los últimos años se entiende que aparezcan obras de carácter sensacionalista, divulgando lo más llamativo de algunas hipótesis todavía no demostradas. Entre ellas destaca el libro «Los cinco Evangelios», editado por el Jesus seminar. Este seminario, llamado así por los que lo fundaron en 1985, Robert W. Funk y John Dominic Crossan (3), está constituido por algunos estudiosos (incluido Paul Verhoeven, más conocido por ser director de películas como Instinto básico o Showgirls), que pretenden una nueva búsqueda del Jesús histórico.

Después de examinar más de 1.500 dichos atribuidos a Jesús en los cuatro Evangelios y en el Evangelio de Tomás, decidieron por votación qué palabras fueron realmente dichas por Jesús (en cuyo caso se presentan en rojo), cuáles puede dudarse si se originaron en Jesús (en rosa), aquellas que no son de Jesús pero contienen algunas ideas que son cercanas a él (en gris), y las que han sido embellecidas o creadas por sus seguidores, o tomadas de la sabiduría popular común (en negro). El resultado fue que en «Los cinco evangelios» sólo un 18% del texto aparece en color rojo. En un futuro próximo publicarán los «Hechos de Jesús» conforme al mismo procedimiento y, al parecer, con los mismos resultados.

Funk es un ex predicador evangélico preocupado por hacer llegar al gran público lo que se discutía en el mundo de la investigación. Figura aún más destacada del seminario es Crossan, irlandés afincado en EE.UU., que fue religioso servita durante bastantes años y, gracias a su buena pluma y a una retórica formidable, ha conseguido vender miles de ejemplares de sus obras (4). La figura de Jesús que presentan no tiene nada en común con la imagen que nos ofrecen los Evangelios. Para Crossan, por ejemplo, Jesús era un campesino que siguió el modelo de los maestros itinerantes cínicos, predicando un programa de renovación social. No hay espacio aquí para una crítica de su obra, pero en realidad el producto no difiere mucho de las subjetividades de la Old quest. Investigadores más serenos han formulado severas recriminaciones al método y al resultado del Jesus seminar.

Invenciones y fantasías

En una línea también revolucionaria se encuentra Marcus Borg (5), que comenzó siendo luterano, pero, tras pasar por el budismo y el ateísmo, ha vuelto a un nuevo y personal cristianismo. Borg propugna que Jesús fue una persona muy espiritual, un sabio subversivo, un profeta social fundador de un movimiento, una especie de curandero o un santón, un místico judío.

Hay otros libros basados en imaginaciones de los autores, a pesar de sus pretensiones académicas, como la obra de Barbara Thiering (6), que a partir de los manuscritos del Mar Muerto mezclados con datos de otras fuentes describe cómo Jesús no sólo no murió en la cruz, sino que se casó con María Magdalena, tuvo dos hijos, y después se divorció para casarse con Lidia, y morir quizá en Roma.

Merece una mención especial un libro que, si bien no puede calificarse de sensacionalista, está causando, sobre todo en Estados Unidos, cierto revuelo. Tal es la obra de John Meier, sacerdote católico, profesor de la Universidad Católica de América en Washington (7). En ella afirma que sólo hay datos suficientes para dibujar un boceto de lo que Jesús hizo y dijo. Sin embargo, a pesar de su aparente erudición y cuidado en el manejo de los datos recogidos en un libro de 1.600 páginas, llega sin demostración convincente a conclusiones tan llamativas como que Jesús nació en Nazaret, no en Belén, y tuvo al menos cuatro hermanos y dos hermanas. Otras muchas de sus afirmaciones son también muy discutibles.

Reacciones peligrosas

Ante semejantes posturas surgen reacciones, igualmente sensacionalistas, de personas que se presentan como defensoras de la verdad del Evangelio. Tratan de refutar los argumentos de autores como los arriba mencionados con igual apasionamiento y sirviéndose también del mismo estilo divulgativo. Este es el caso de Luke Timothy Johnson que ha arremetido sin piedad contra los «nuevos descubrimientos» sobre Jesús (8). Johnson, que dejó el sacerdocio para casarse con una divorciada y a quien se le había prohibido enseñar en escuelas católicas, a la vez que muestra certeramente muchos de los puntos débiles de la investigación sobre Jesús, deja entrever una actitud antihistoricista que favorece posturas acientíficas y fideístas. Defiende ciertamente que los Evangelios y las cartas de Pablo y otros pocos textos no canónicos proporcionan una historia creíble de Jesús; pero también asegura que eso no tiene especial interés, pues lo que importa es el mensaje de Jesús y lo que significa para la vida de cada persona.

Otra reacción igualmente peligrosa es presentar como incontestables algunos testimonios que no están suficientemente probados. Así, Carsten Peter Thiede viene divulgando la existencia de un texto de Marcos en Qumrán, o que unos fragmentos de un papiro del Evangelio de Mateo hasta ahora datado en el siglo II, son realmente del año 70 d.C. (9). Sus afirmaciones, no obstante, se apoyan en argumentos muy débiles y en un método inadecuado.

Para saber enjuiciar

Ante esta situación, cabe alegrarse por el auge de los trabajos en torno a la figura de Jesús. Ahora bien, para no caer en actitudes simplistas y saber enjuiciar obras como las que han aparecido recientemente y otras que probablemente se publicarán, puede ser conveniente recordar algunos criterios que sirvan como referencia.

a) La separación entre el Jesús histórico y el Cristo de la fe induce a error. La fe de la Iglesia cree en un solo Jesucristo, el Hijo de María Virgen, que murió y resucitó.

b) Los estudios científicos sobre la vida de Jesús proporcionan nuevos detalles que ayudan a una mejor comprensión de lo que Jesús hizo y dijo, o de quién o cómo era Jesús a los ojos de sus contemporáneos. Pero el carácter científico de un libro que presente como novedad datos que contradigan a los Evangelios cae bajo sospecha. Los testimonios de los Evangelios y las cartas de San Pablo son fiables para un cristiano no sólo por la fe en la Iglesia, sino porque están avalados históricamente como más fiables que los otros.

c) A la hora de leer los Evangelios ha de tenerse en cuenta que hay dos posibles lecturas compatibles entre sí. La lectio divina o lectura que se hace de los Evangelios como palabra de Dios, que tiene por objeto central a Jesucristo, el Hijo de Dios encarnado, sus obras, sus enseñanzas, su pasión y su glorificación; y una lectura científica, que no se opone ni contradice a la primera, sino que la completa al estudiar los Evangelios como documentos de la antigüedad, en orden a una mejor comprensión e interpretación. Para ello se aplican los métodos histórico-críticos, que permiten una mayor profundización y conocimiento de las Escrituras.

Ambas lecturas compaginan la realidad de lo que son los Evangelios: relatos procedentes de discípulos testigos de la resurrección de Jesús, escritos con una ayuda especial del Espíritu Santo, y destinados a proclamar el mensaje cristiano a unas comunidades concretas. Por tanto, los cristianos no van a rechazar los estudios que traten de exponer de manera científica lo que se contiene en los escritos canónicos, ni van a tener miedo de que su lectura desde la fe de la Iglesia vaya a ser una lectura fundamentalista que entienda el texto al pie de la letra en todos sus detalles. Al contrario, con la ventaja que proporciona la seguridad de que no hay oposición entre fe y razón, los cristianos acogerán todo lo que la ciencia aporte como una ayuda para un mayor conocimiento del Jesús terreno, el Hijo de Dios hecho hombre.

Santiago Ausín y Juan ChapaSantiago Ausín y Juan Chapa son profesores de Sagrada Escritura de la Universidad de Navarra. Sugerencias de lecturasRené Latourelle, A Jesús el Cristo por los Evangelios. Historia y hermenéutica, Sígueme, Salamanca, 3ª ed.,1992; t.o.: L’accès à Jésus par les Évangiles. Histoire et herméneutique.

Escrito desde la perspectiva de la teología fundamental, con carácter histórico y hermenéutico, busca la posibilidad de alcanzar un conocimiento sólido de Jesús a través de los Evangelios. Tienen especial interés las páginas 9-126.

José Caba, De los Evangelios al Jesús Histórico, BAC, Madrid,2ª ed., 1980. Introducción a la cristología desde el punto de vista bíblico (de 1970; bibliografía actualizada en la 2ªedición ).José María Casciaro, Jesús de Nazaret, Alga Editores, Murcia, 1994.

Obra de carácter divulgativo dirigida a toda clase de públicos (ver servicio 169/94).

_________________________(1) G. Vermes, Jesus the Jew, Nueva York, 1973 (Jesús el judío, Barcelona, 1977); Jesus and the World of Judaism, Londres, 1983; The Religion of Jesus the Jew, Londres, 1993 (La religión de Jesús el judío, Madrid, 1996).(2) G. Theissen, Studien zur Soziologie des Urchristentums, Tubinga, 1979 (Sociología del movimiento de Jesús, Santander, 1985); La sombra del Galileo. Las investigaciones históricas sobre Jesús traducidas a un relato, Salamanca, 1988.(3) R.W. Funk, R.W. Hoover and the Jesus Seminar, The Five Gospels. The Search for the Authentic Words of Jesus,Sonoma, 1993.(4) J.-D. Crossan. Historical Jesus. The Life of a Mediterranean Jewish Peasant, San Francisco, 1991 (Jesús: vida de un campesino judío, Barcelona, 1994); Jesus. A Revolutionary Biography, San Francisco, 1994; Who killed Jesus?, San Francisco, 1996.(5) M.J. Borg, Meeting Jesus Again for the First Time, San Francisco, 1994.(6) B. Thiering, Jesus and the Riddle of the Dead Sea Scrolls. Unlocking the Secrets of His Life Story, San Francisco, 1992. Para una crítica de este libro, cfr. O. Betz-R. Riesner, Jesús, Qumrán y el Vaticano, Barcelona, 1994, especialmente pp. 139-156.(7) J.P. Meier, A Marginal Jew: Rethinking the Historical Jesus (2 vols.), Nueva York, 1991-1995.(8) L.T. Johnson, The Real Jesus: The Misguided Quest for the Historical Jesus and the Truth of the Traditional Gospels, San Francisco, 1996.(9) C.P. Thiede, Rekindling the Word: In Search of Gospel Truth, Leominster (U.K.)-Valley Forge, PA (USA)-Alexandria (Australia), 1995; C.P. Thiede-M. D’Ancona, The Jesus Papyrus, 1996.

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