Italia: un cómico moviliza al público contra la clase política

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Roma. El debate en Italia sobre el distanciamiento de la política con el país real (ver servicio 60 /07) adquirió en las últimas semanas un tono más crispado. Por un lado, la movilización protagonizada por un personaje del espectáculo, que ha dado voz a una ola de protesta contra los partidos políticos, y por otro la revuelta fiscal proclamada por la Liga Norte, un partido regionalista que integra la coalición de centro derecha actualmente en la oposición.

Aunque se trata de dos manifestaciones de origen muy diverso, en ambas se aprecia lo que algunos han definido como un conflicto vertical: la protesta no está dirigida contra los adversarios políticos, sino contra el sistema y las instituciones. Se lamenta el retraso en las reformas institucionales que se veían necesarias hace más de una década. Esa omisión favorece el estancamiento en la capacidad de la política para responder a las verdaderas necesidades de los ciudadanos.

Desde el punto de vista de la comunicación, el aspecto más novedoso lo registra la protesta capitaneada por el cómico Beppe Grillo, que ha cristalizado en Internet: su blog originó decenas de grupos que recogen firmas para “limpiar Italia” de lo que consideran una clase dirigente, no sólo política, corrompida o ineficaz. En el punto de mira están también los medios de comunicación tradicionales (a los que, por otra parte, Grillo debe su propia popularidad). El movimiento no pretende convertirse en agrupación política; su intención es fomentar las listas ciudadanas y “certificar” el pedigrí de los candidatos que se presenten a las próximas elecciones.

Sin duda, uno de los elementos que convencen menos, incluso a quienes reconocen como válidas muchas de las críticas de fondo, es el tono populista, maniqueo, e incluso grosero, que acompaña a veces esta protesta, más centrada en el lado destructivo que constructivo. En definitiva, se trata de un tono muy distinto del que protagonizaron otras manifestaciones populares recientes, como el “Family Day” (ver servicio 54/07).

Otra característica es que el clima de descontento es particularmente vivo entre el electorado de centro izquierda, a pesar de que el gobierno del país pertenece a esa coalición. Es pronto para aventurar en qué quedarán estas protestas. Para algunos, se trata de nuevas manifestaciones de fenómenos más o menos populistas que se han repetido con una cierta periodicidad en los últimos cincuenta años, y que luego desaparecieron sin dejar rastro o fueron absorbidos por la propia política. En todo caso, es una llamada de atención que puede, además, provocar un trasvase de votos. Y esta es una razón más para que la política mire con atención lo que está pasando.


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