Integrismo en la Iglesia rusa

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Olivier Clément, profesor en el Instituto ortodoxo Saint-Serge de París, describe las dificultades doctrinales y pastorales que atraviesa el patriarcado de Moscú (Le Monde, 10-VI-98).

"Cuando emergió en los tiempos de la perestroika, la Iglesia ortodoxa rusa aparecía como una gran fuerza de inspiración ética y cultural". Fue un tiempo de iniciativas y creatividad, que se frenó "ante la agresividad de ciertas asociaciones católicas y, sobre todo, de sectas americanas, así como ante la fascinación que ejercieron sobre las masas algunos subproductos de la cultura occidental (el Occidente podrido de los fantasmas eslavófilos)".

A juicio del profesor Clément, la nueva situación ha dado al traste con el antiguo equilibrio entre conservadores y reformadores, y ha provocado el encarnizamiento contra estos últimos. Entre otros, aduce el caso del P. Gueorgui Kochetkov, que había creado en el corazón de Moscú "una parroquia ejemplar, radiante, que reunía a más de dos mil fieles, con un sistema de catecumenado para adultos con frecuencia bautizados aprisa y sin apenas preparación. Todo estaba orientado hacia una fe libre, consciente, personal y comunitaria. Después de sufrir diversas vejaciones, fue víctima el verano pasado de un golpe organizado con el más puro estilo soviético, se le prohibió celebrar y doce de sus colaboradores fueron excomulgados".

A partir de este y otros ejemplos, concluye Clément que "dentro de esta Iglesia no hay sentido del diálogo, ni respeto del otro, ni posibilidad de apelar contra un juicio injusto, aunque la apelación esté prevista por el derecho canónico". Y aduce, como hecho aún más escandaloso, que el pasado 5 de mayo, "el joven obispo de Ekaterinburgo, Nikon, hizo confiscar y quemar públicamente los libros de Alexandr Men, Iván Meyendorff y Alexandr Schmemann que estaban en manos de estudiantes de teología (...). Alexandr Men había sido el inspirador de una corriente, muy viva, de apertura ecuménica y de inteligencia cristiana. Iván Meyendorff y Alexandr Schmemann, los dos formados en París, profesores después en el seminario San Vladimiro de Nueva York, fueron dos teólogos apreciados en todo el mundo y especialmente en Rusia y por el propio patriarcado".

"¿Por qué ha cambiado de actitud el patriarcado?", se pregunta Clément. "Los medios de extrema derecha, nacionalistas, antisemitas, neocomunistas (que, en la Rusia de hoy, son nacionalistas y antisemitas) desarrollan una visión cuasiautista de la historia rusa: complot judeo-masónico, alianza del catolicismo y del Islam para destruir la ortodoxia, demonización de los reformadores, denunciados como espías al servicio de Occidente... Algunos desean hacer de la ortodoxia una ideología capaz de reemplazar al marxismo, e intentan conseguir que el patriarca y los obispos se deslicen hacia su postura. Tienen el apoyo del ex KGB, que está lejos de haber sido desmantelado y reducido a la impotencia".

Todo esto sucede en el contexto de una Rusia profundamente secularizada: "En Moscú, por la Pascua, entre una población de 12 ó 13 millones de habitantes, sólo ha habido 48.000 comuniones". Sin embargo, "muchos jóvenes, muchos intelectuales, aun alejados de la institución eclesiástica o alejados por ella, sienten la atracción del patrimonio de sabiduría y de belleza de la ortodoxia. (...) Algunos responsables del patriarcado comienzan a comprender el riesgo de un conservadurismo suicida".


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