Insumisos

Insoumis

Página 1

Autor: Tzvetan Todorov

Galaxia Gutenberg.
Barcelona (2016).
19,90 € (papel) / 12,99 € (digital).
Traducción: Noemí Sobregués Arias.

Tener el coraje moral necesario para defender lo que uno considera justo y verdadero, aunque suponga ir a contracorriente, nunca es cómodo. Curiosamente, las sociedades occidentales, que ensalzaron la figura del disidente en los regímenes comunistas, son mucho menos tolerantes con los propios disidentes. De hecho, ya Solzhenitsyn pudo experimentar que el “mundo libre” dejaba de simpatizar con él cuando dirigió sus críticas a la sociedad occidental. También el objetor de conciencia, siempre bien visto cuando la objeción era contra el servicio militar o la guerra, ha empezado a ser criticado o combatido si se trata de un médico que objeta al aborto, de un pastelero que no quiere hacer una tarta para una boda gay o de un diputado que por motivos de conciencia vota contra la ley que apoya su partido. Y Amnistía Internacional no tiene previsto defender a estos objetores.

Sin embargo, el insumiso por razones éticas presta un servicio a la libertad. Este tipo de personajes son los protagonistas de una galería de retratos que hace el escritor Tzvetan Todorov en su libro Insumisos, recientemente publicado. De Borís Pasternak a Solzhenitsyn, de Germaine Tillion a Etty Hillesum, de Nelson Mandela o Malcolm X a Edward Snowden, los insumisos de Todorov dicen “no” en solitario cuando es arriesgado hacerlo.

Nacido en Bulgaria en 1939 y emigrado a Francia en los años setenta, Todorov es uno de los intelectuales europeos más escuchados. En ensayos como Memoria del mal, tentación del bien o El miedo a los bárbaros, ha desarrollado una reflexión moral sobre problemas de nuestro tiempo. Todorov explica que su libro es “un elogio del ‘no’ positivo, si queremos llamarlo así; no es un abandono al nihilismo, sino una afirmación ética ante los dramas del presente”.

“La capacidad de decir que ‘no’ cuando todo el mundo dice ‘sí’ es el punto de partida de la insumisión” (Todorov)

“La capacidad de decir que ‘no’ cuando todo el mundo dice ‘sí’ me parece que es el punto de partida de la insumisión”, explica en Libération (1-01-2016) Todorov, quien advierte que frente a una gran mayoría, “todos somos un poco conformistas”.

Ser insumiso en una democracia liberal no comporta los mismos riesgos que serlo en un régimen dictatorial, reconoce el pensador búlgaro. Pero “personajes como Edward Snowden hablan de nuestro mundo cotidiano y demuestran que se puede ser insumiso en democracia, rebelarse contra ciertos aspectos de nuestro ambiente banal”.

Para Todorov, la insumisión es un rechazo del maniqueísmo, algo que aprendió por la experiencia de su país natal. “En esta sociedad totalitaria, el maniqueísmo era un principio de base –dice el autor en Libération– . Estaban los ‘malos’, los otros, los que nos querían hacer daño desde lejos (los imperialistas) o desde cerca (los saboteadores, los burgueses), y estábamos nosotros, los ‘buenos’. Así que he heredado una desconfianza hacia todas las formas de maniqueísmo, también las practicadas en la democracia”.

A veces tenemos la impresión de que figuras tan decididas como las que recoge Todorov en su libro son fruto de situaciones extremas: guerras, dictaduras, revoluciones... Pero el escritor piensa que “sería una ilusión pensar que el sistema democrático en el que vivimos excluye la necesidad de tomar postura. También en democracia hay que vigilar para que los derechos de todos sean respetados”. 


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