El Observatorio

Hogares sin televisor

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Preocupados por los efectos de la televisión en los niños, algunos padres deciden no tenerla en casa. El periodista Nicolas Basse, del suplemento “Madame” del diario francés Le Figaro, reúne algunos testimonios de familias sin tele y pide opinión a una especialista.

No tener televisor obliga a los padres a dedicar más tiempo a sus hijos y a compartir más actividades con ellos

Los niños franceses pasan de media 2,12 horas al día ante el televisor. Parece demasiado, pero ¿hay que prohibir la televisión a los hijos o cabe un término medio? Los padres que han decidido no tener televisor –el 2% de los hogares franceses– asumen perfectamente su decisión. “Estimo que es una suerte para nuestros hijos crecer sin tele –dice Anne, de 36 años–. Además, se portan muy bien. Los pequeños son muy aficionados a la pantalla, por lo que ‘educarles’ o ‘limitarles’ en su consumo de programas parece un combate perdido de antemano”.

Paul, un padre de 40 años, aduce otros motivos. La tele, dice, retarda el desarrollo y reduce la concentración en los niños de menos de tres años. Es también muy malo para la vista, y favorece la obesidad. “Y estoy seguro de que se descubrirán otros problemas indeseables. Prefiero que mis hijos pasen de ello”.

Anne cuenta que si su hijo le pregunta por qué sus amigos tienen tele y él no, “le respondo que será más fuerte y crecerá más deprisa jugando, leyendo y practicando actividades manuales. Él lo comprende y lo acepta muy bien”. Los fines de semana le dejan ver los dibujos animados en el ordenador, pero es “algo elegido, no sufrido, y bien lejos de las dos horas diarias que pasan la mayoría de los niños delante de la tele”.

No tener televisor es una decisión que compromete a toda la familia, como explica Camila, de 44 años. “Obliga a los padres a dedicar más tiempo a sus hijos y a compartir más actividades con ellos. Se pasan muy buenos momentos juntos. Mirar la TV es una acción pasiva. Incluso viéndola con otros, cada uno está solo delante de una pantalla. La televisión tiene un enorme poder separador”.

Un niño que no ha sido educado por sus padres para utilizar la TV, no estará preparado para usar bien las pantallas cuando crezca

La psiquiatra infantil Patrice Huerre, del Consejo Superior Audiovisual de Francia, piensa que cabe una salida menos radical. Advierte que “la tele no es solo la pantalla. Hay diferentes medios de acceder a los programas: el ordenador, la tableta, o simplemente yendo a casa de sus amigos. No se puede impedir que un niño, de una manera u otra, vea la televisión. Prohibir es tan excesivo como autorizarlo de manera ilimitada”.

Es verdad que sin televisión hay más convivencia familiar, pero “tener una tele no significa que esté encendida de la mañana a la noche”. Y la “caja tonta” no siempre atonta, añade Huerre. “Los programas, si son educativos, lúdicos e informativos, permiten al niño descubrir nuevas cosas y forjarse una imaginación y un conocimiento personales”.

En suma, el papel de los padres –dice Huerre– es educar, más que prohibir: limitar el acceso a las pantallas, enseñar a sus hijos cómo ver la televisión. “Un niño que no tiene TV y que no ha sido educado por sus padres para utilizarla, no estará preparado para un buen uso de las pantallas cuando crezca y tenga acceso. Dominar la TV es un verdadero objetivo, pues se trata de un instrumento importante”.


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