Congreso “Dios en la literatura contemporánea”

“Hemos comprobado que Dios interesa”

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El próximo congreso “Dios en la literatura contemporánea” (Madrid, 19-21 de octubre) será un espacio de diálogo para tratar un tema que interesa y del que muchos tienen algo que decir; pero faltan foros para hablar de él con libertad. Así nos dice Antonio Barnés, uno de los tres miembros del comité organizador, con el que hemos conversado sobre estas jornadas, que este año tendrá lugar por primera vez.

Antonio Barnés es doctor en Filología por la Universidad de Granada y profesor de Literatura en la Universidad de Castilla-La Mancha. Es además autor de libros como Yo he leído en Virgilio. La tradición clásica en el Quijote (2009), III Premio Internacional de Investigación Científica y Crítica “Miguel de Cervantes”; Elogio del libro de papel (2014), Los amores del Quijote (2016) o el manual académico Visita guiada por la literatura española (2015).

“La literatura es fuente de conocimiento, no solo de entretenimiento. Y a menudo los autores literarios son más lúcidos y claros que filósofos o teólogos”

— Agradeceré en primer lugar que nos cuentes cómo surgió la idea de organizar este congreso.

— En diciembre del 2016, nació el proyecto “Dios en la literatura contemporánea” como invitación de diálogo y reflexión a través de un blog. Tras varias entradas y vídeos sobre el tema, varios filólogos ideamos organizar un congreso. El pistoletazo de salida se produjo cuando contactamos con la Fundación Fernando Rielo, que nos ofreció el salón de actos de la Universidad Técnica Particular de Loja, en Madrid, para celebrar el foro.

Una razón más profunda es nuestra convicción de que las humanidades deben brindar sentido a una sociedad como la nuestra, ahíta de informaciones fragmentarias, provisionales y reduccionistas. Decía Kant que los tres grandes temas de la filosofía eran Dios, el hombre y el mundo. Creemos que también lo son de la filología y de los estudios literarios. Además, al empezar a estudiar un autor u otro hemos ido descubriendo no solo ideas estimulantes sobre Dios, sino expresiones muy bellas y originales. La literatura es fuente de conocimiento, no solo de entretenimiento. Y a menudo los autores literarios son más lúcidos y claros que filósofos o teólogos, sobre todo cuando estos se encierran en un lenguaje críptico, para iniciados.

Espectro amplio

— En la información sobre el congreso, se dice que, del 19 al 21 de octubre, se expondrán veinticuatro ponencias y dieciocho comunicaciones, ¿qué criterios se han seguido para admitir los trabajos seleccionados?

— Hemos admitido todas las propuestas que se circunscribían al tema del congreso: Dios en la literatura contemporánea, sin ningún límite conceptual... Si la propuesta era un estudio de tipo filosófico o teológico o la obra analizada no tenía un carácter literario, no la hemos admitido. Pero el espectro es amplio: cualquier concepción de Dios e incluso el ateísmo caben en el congreso, si en este último caso se analizan las consecuencias de esa ausencia de Dios. Las áreas temáticas son muy amplias: concepciones de Dios en la literatura, religiones monoteístas, teísmos filosóficos; Dios y movimientos literarios; relación entre Dios y mitologías; mística contemporánea; teísmo, agnosticismo y ateísmo; Dios y dios(es); lo divino en textos musicalizados.

Ahora bien, la literatura como una de las bellas artes ha de estar presente. No basta que se estudie un escrito: ese escrito debe pertenecer a un género literario y poseer un estilo. Pongo un ejemplo: “Dios en García Morente” no cabe, pero “Dios en El hecho extraordinario de García Morente”, donde se estudie también El hecho extraordinario como un texto del género literario “confesión”, sí cabría.

Cartografía literaria de Dios

— Del repaso de las personas que intervendrán en el congreso y de quienes forman parte del comité científico, llama la atención la variedad, puesto que hay profesores de universidad y de bachillerato de lengua y literatura, pedagogos, escritores… de cinco países distintos. Además, se dice que se trata de un “proyecto de investigación y de creación literaria”. ¿Nos podrías explicar cuáles son los objetivos que os habéis propuesto? ¿Os esperabais una respuesta como la que se ha producido?

“Hemos comprobado que Dios interesa, que se piensa en Dios y que muchos tienen cosas que decir sobre Dios en la literatura”

— No esperábamos tantas adhesiones y sobre todo tan rápidas. En un mes ya había una treintena de personas en el comité científico y una veintena de ponencias. Hemos comprobado que Dios interesa, que se piensa en Dios y que muchos tienen cosas que decir sobre Dios en la literatura y que quizás faltan foros donde hablar con libertad de esta cuestión. Enseguida conectaron con nosotros autores que habían escrito literatura a partir de su relación con Dios o de una vivencia religiosa. Por eso hemos querido que el congreso no sea solo especulativo sino también un espacio para la creación literaria que esté inspirada de una manera u otra en Dios. Este foro quiere ser académico pero también vivencial. Que se compaginen la inteligencia, la capacidad creativa y la emoción. No podemos estudiar la literatura como se estudia un insecto o un mineral. Lo humano interpela, compromete y convulsiona. No deseamos solo un congreso especulativo, que arrincone la creación y la emoción. Por eso la última tarde, la del sábado 21 de octubre, habrá actuaciones artísticas: poéticas, musicales y dramáticas.

Nos gustaría trazar una cartografía de Dios en la literatura contemporánea, distinguiendo ideas recurrentes y específicas, y que esa cartografía no fuese solo un ejercicio de erudición, sino una indagación sobre las grandes preguntas: quiénes somos, de dónde venimos y adónde vamos. En una cultura servil de la tecnología, creemos que este proyecto puede contribuir a un nuevo humanismo. Para los grandes humanistas como Cicerón, Petrarca o Erasmo, Dios o los dioses no eran un amortiguador de la dignidad humana, sino su principal garante y promotor.

Nos ilusiona que profesores e investigadores de cualquier nivel educativo, autores y artistas trabajen codo con codo en este proyecto.

Espacio para el diálogo

— El tema del congreso parece muy amplio y, además, abarca un periodo bastante dilatado de tiempo y sin límites ni geográficos ni lingüísticos, por lo menos en lo que a los contenidos se refiere. Es decir, se trata de un congreso de literatura comparada. Me planteo si esto no puede quitar unidad o interés, por los riesgos de una excesiva dispersión en temas quizá poco relacionados entre sí:

— Es posible, pero queríamos que el marco fuese amplio para que convocase a mucha gente, sin sesgos ni especificaciones. De todas formas, apostar por la literatura contemporánea era todo un reto, pues se puede pensar a priori que Dios está mucho más ausente que en la literatura antigua, medieval y moderna. Y no parece que sea así. Sin embargo, no pensamos limitarnos a un congreso anual. Es nuestra intención celebrar seminarios, mesas redondas, ciclos y conferencias que puedan abordar aspectos más específicos del tema general.

El congreso está planteado como un espacio para el diálogo. Las ponencias se presentan por pares y terminan con un coloquio entre los ponentes y los asistentes. Se ha tratado de agrupar las ponencias por temas colindantes. Este primer congreso será también un experimento. Sacaremos experiencia para la próxima edición.

— Supongo que organizar un congreso como este habrá supuesto mucho trabajo y lógicamente unos costes. ¿Habéis contado con ayudas públicas o privadas?

— Hasta el momento, la única ayuda que hemos recibido ha sido de la Fundación Fernando Rielo y de la Universidad Técnica Particular de Loja, que nos dejan sus locales. Un Departamento de la Universidad Complutense se ha ofrecido a pagar algún gasto como el de la grabación del congreso. Por ahora hemos trabajado sin recursos económicos. Establecer unas bases y publicitarlas por Internet no supone mucho trabajo. Lo más difícil es la promoción. Pero, como ha funcionado rápido el boca a boca, ha habido menos trabajo del que parece.

“En una cultura servil de la tecnología, creemos que este proyecto puede contribuir a un nuevo humanismo”

Debo mencionar también a la Asociación Cultural Zayas y a las Hermandades del Trabajo (ambas de Madrid) que han acogido sendas mesas redondas sobre el congreso.

— Parece que vuestro objetivo es que a este primer congreso “Dios en la literatura contemporánea” sigan otros. Supongo que la buena respuesta obtenida será un buen acicate. ¿Cómo os planteáis el futuro? ¿Se publicarán las ponencias y las comunicaciones?

— Hemos tenido dos mesas redondas sobre el tema del congreso en junio y julio, fechas poco propicias para este tipo de actividades. A la primera acudieron unas 70 personas, un hecho insólito, según la asociación que nos acogió. Es decir, observamos que el tema suscita bastante interés. Por eso estamos muy ilusionados con llevar a cabo cada año el congreso y, como he dicho antes, hacer otras actividades. Con respecto a la publicación, ya hay una revista académica que dará a la imprenta un monográfico sobre Dios en la literatura contemporánea. Personalmente, prefiero publicaciones con filtros de selección a unas actas en la que se edita todo. Pero vamos a grabar todo el congreso para que en cualquier parte del mundo se pueda ver. Hay un blog con toda la información sobre el proyecto y el congreso.


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