Hegel y el romanticismo

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Autor: Daniel Innerarity

Daniel Innerarity
Tecnos. Madrid (1993). 212 págs. 1.500 ptas.

Ahora que se difunde la insatisfacción con los resultados de la modernidad y empieza a reinar la perplejidad con relación a nuestra propia época, es muy iluminadora esta incursión en los orígenes del problema. El proyecto moderno dio la primacía a la libertad. La razón autónoma se puso por árbitro de toda contingencia histórica, y el hombre ya no quiso aceptar ninguna facticidad en cuya creación no hubiera intervenido. Pero, recién estrenada esta nueva libertad, los románticos alemanes -como Hölderlin o Schlegel- y Hegel son los primeros en descubrir sus paradojas. Por eso ofrecen pautas valiosas a un candidato a posmoderno.

La modernidad había obrado una escisión insalvable entre yo y mundo, naturaleza y cultura, libertad y necesidad. Se había adquirido una libertad pura y absoluta, pero también abstracta y carente de forma real. Y la libertad como emancipación, señala el autor, necesita más que ninguna otra de orientación y finalidad. Los románticos y Hegel diagnostican la patología del sujeto moderno; pero el interés de sus críticas reside en que no las hacen desde el campo reaccionario, sino con la vista puesta en una superación de la dicotomía. Aquéllos y éste propusieron soluciones diversas y se criticaron mutuamente.

El autor concluye que los románticos acertaron más que Hegel y abrieron un camino que hoy se podría intentar recorrer. Los primeros ofrecen una salida en la que cabe pactar con lo real, admitiendo la tensión insuprimible entre la infinitud potencial del espíritu humano y la limitación de sus condicionamientos y sus productos históricos. Es como una lección de humildad, que se expresa en la ironía que cultivaron estos románticos. En cambio, Hegel cierra el paso a la reconciliación con la fi-nitud, porque de hecho acaba anulando a ésta, con un sistema que en el fondo es claramente gnóstico.

En los seis ensayos que componen el libro, Daniel Innerarity no amontona datos con la erudición de uno a quien no le fuera nada en el asunto. Escribe con pasión, participa en la polémica. El lector asiste a aquel debate casi sin sensación de presenciarlo en diferido.

Rafael Serrano

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