Series de TV

Glee

Página 1

Directores: Brad Falchuk, Ian Brennan, Ryan Murphy

Creador: Ryan Murphy
Guión: Ian Brennan, Brad Falchuk, Ryan Murphy
Intérpretes: Mathew Morrison, Lea Michele, Amber Riley, Chris Colfer, Jena Ushkowitz
Duración: 38 capítulos de 40 minutos (22 I temporada y 16 emitidos de la II, actualmente en emisión en USA)
Producción: Ryan Murphy Productions & 20th Century Fox Television
Estreno: 19 mayo 2009 en la cadena Fox (USA)
Disponible DVD en España: 20th Century Fox
Adultos (XD)

Un fornido jugador de fútbol americano, un adolescente gay, un gótica tartamuda, un macarra con las hormonas disparadas, un paralítico sin complejos, una obesa afroamericana de poderosa voz, una niña pija nacida in vitro de dos padres homosexuales y la hipócrita presidenta del club de la castidad. Todos ellos componen el grupo musical Glee que dirige un profesor bienintencionado y harto de su mujer. Una profesora de gimnasia hombruna y dictadora intenta acabar con el grupo. Este elenco de personajes extravagantes cobra vida gracias a un casting perfecto que borda cada uno de sus papeles, algo que ya sucedía en Recortes de mi vida, la opera prima cinematográfica de Ryan Murphy.

A pesar de ser prácticamente desconocido en nuestro país, Murphy es uno de los creadores más importantes de series norteamericanas actuales. En 1999 estrenó la serie universitaria Popular, con una importante audiencia que le llevó a completar dos temporadas y un total de 43 capítulos hasta 2001. Pero su consagración llegó en 2003 con Nip/Tuck, a golpe de bisturí: 100 capítulos y 6 temporadas que le llevaron a lograr el Globo de Oro a la mejor serie dramática venciendo incluso a Los Sopranos. En esta serie demostró su ingenio y acidez tratando con una ironía salvaje el inhumano mundo de la cirugía estética. Finalmente hace unos meses ganaba tres Globos de Oro con la segunda temporada de Glee: una serie musical universitaria que se aleja de los moldes ochenteros e ingenuos de Fama o High School Musical.

El principal mérito de Glee son sus dinámicas coreografías basadas en adaptaciones de grandes temas de Madonna, Queen, Beyonce o Pretenders y también algunas canciones originales. Murphy planifica excepcionalmente los bailes gracias a un montaje que alterna planos en movimiento de corta y larga duración, y un vestuario muy colorido que contrasta con el sencillo diseño de los escenarios. Por otro lado, el guión dosifica bien los abundantes gags que hacen que la serie tenga un envidiable ritmo narrativo. Es menos ácida y morbosa que Nip/Tuck, y quizá por eso ha conseguido llegar a un público mayoritario.

La línea del coro ideológico

Sin embargo, Glee es una serie aparentemente inocente que detrás de su imponente presentación esconde planteamientos muy beligerantes. El cristianismo queda constantemente ridiculizado: frente al caricaturesco club de castidad hay una constante defensa de la infidelidad cuando los sentimientos “cambian”.

En este sentido, resulta muy representativo el final de la segunda temporada. Probablemente es el mejor capítulo de la serie ya que los abundantes números musicales son magníficos y hay algunos diálogos muy ingeniosos. El problema es que, junto a tanto colorido visual, hay una evidente crítica (pueril pero eficaz), a la ñoñez de los colegios de educación cristiana. También hay una relación homosexual reivindicada con un tema musical en el que se canta a “excluidos de la sociedad, los diferentes que no somos tan guays como los demás, pero siempre podemos montar nuestra propia fiesta”.

Otro botón de muestra de la ideología de la serie es el capítulo The power of Madonna en que los personajes no sólo imitan con bastante gracia los bailes de la reina del pop, sino que también asumen el mensaje de sus canciones como si se tratase de un legado filosófico. “Si el dolor está donde quiera que vayas, conozco un lugar al que puedes escapar, se llama pista de baile y está para eso. Deja que tu cuerpo se mueva con la música”. El problema es cuando acaba el baile y empieza la vida…

En definitiva, a Murphy le acaba sucediendo lo mismo que al cine de Almodóvar: estéticamente funciona pero es muy difícil que el desarrollo de la serie conecte al espectador con personajes y situaciones demasiado estiradas y artificiales para que lo increíble resulte creíble. Porque cómo bien decía uno de los mejores críticos de nuestro país: “el traje es original, elegante y vistoso, pero tremendamente incómodo para ponérselo a diario”. Quizá si la serie se tomase tan en serio la credibilidad de los conflictos dramáticos como la puesta en escena de las coreografías estaríamos hablando de una de las mejores series musicales de la historia de la televisión.

 


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