Get On The Bus

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Director: Spike Lee

Director: Spike Lee. Guión: Reggie Rock Bythewood. Intérpretes: Richard Belzer, Deaundre Bonds, André Braugher, Thomas Jefferson, Gabriel Casseus. 122 min. Adultos.

Esta vez el cineasta negro Spike Lee filma un guión ajeno. No por ello deja de estar en la línea temática y estilo que le son habituales. Sus dos o tres películas anteriores no alcanzaron buena crítica ni el favor del público; sin embargo, esta vez los adictos a Spike Lee no se sentirán defraudados, muy al contrario.

Rememora en Get on the Bus la marcha de un millón de afroamericanos hacia Washington en 1995. Y centra la acción en torno a este suceso en un autobús que atravesará casi todo el país, con unos veinte viajeros, hasta llegar a la capital del Estado. Un estudiante universitario, cámara en mano, que prepara una encuesta para su tesis doctoral, pregunta a unos y otros por los motivos que le han llevado a enrolarse en la marcha. Son todos jóvenes, un adolescente, y hasta un anciano que asistió a la marcha anterior de 1960. Y todos, unos magníficos actores.

Dentro del limitado espacio del autobús, la cámara se mueve de una manera perfecta; su movilidad y diversidad de encuadres y enfoques no son nunca gratuitos, sino fruto de un eficaz estudio, que da intensidad a las múltiples biografías, e interés y realce a los temas que se tratan, en una unidad persona-discurso llena de naturalidad, a veces con crispación, violencia, odio, solidaridad, distensión, humor, ternura..., al hilo de las conversaciones y de la confidencias personales. Hay también, además de la habituales paradas, bares, gasolineras..., un desperfecto en el autobús, cambio de conductor, una pelea en un prado al borde de la carretera..., que marcarán los tres tiempos de la obra. Y, al fin, la ciudad de Washington, con una sorpresa argumental que sella los buenos propósitos y disposiciones a que todos han llegado.

Con la misma fuerza con que se plantea la reivindicación de los derechos de los negros como personas, en la película se pone también el dedo en la llaga de sus defectos: racismo, delincuencia, machismo, irresponsabilidad familiar y laboral, insolidaridad mutua... Y una gran virtud: su referencia a Dios, a la oración, a una actitud religiosa del todo ajena a ese cobarde silencio de ciertas películas españolas.

Pedro Antonio Urbina

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