África: cuando un pueblo se compromete a mantener su escuela

En Malí y Burkina Faso los gobiernos aceptan alternativas a la educación tradicional

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Algunos países de África están comprobando que los programas de escolarización más aceptados no son los más caros, sino los que se adecúan mejor a las circunstancias de las familias. Así lo indican algunas experiencias de escuelas rurales en Malí y Burkina Faso.

En Malí sólo el 32% de los niños en edad escolar asisten a clase. Pero el gobierno ha empezado a fomentar las escuelas rurales, en vista del éxito que tienen. Hasta ahora, la principal experiencia ha tenido lugar en Kolondieba, un distrito pobre del sur. Con la colaboración de SC-US (Save the Children Federation of the United States), desde 1987 se han abierto 64 escuelas -cada una con una sola clase-, con una inversión aproximada de 1.500 dólares por aula, bastante menos que los 10.000 dólares por aula que cuestan las escuelas del gobierno.

El secreto del bajo coste consiste en involucrar a la aldea. Los propios habitantes construyen la escuela y pagan al profesor. En lugar de profesores del gobierno, SC-US busca a uno de los vecinos, ya alfabetizado, para que se forme como maestro, y al que el pueblo se compromete a pagar entre todos 10 dólares al mes, la octava parte del sueldo de un maestro estatal. SC-US aporta también los libros de texto. Los programas escolares empezaron durando tres años, y se han ampliado a seis. Los horarios reducidos -dos horas de clase diarias, seis días a la semana, durante seis meses y medio al año- están planteados para permitir a los niños ayudar a sus familias en los trabajos domésticos o en el campo.

Tras el primer año de experiencia, el 87% de los alumnos han pasado a un curso superior porque conocen el alfabeto, y saben sumar y restar. Además, suelen mejorar su higiene. Pero sólo algunos de los alumnos acceden después a las escuelas tradicionales. Aunque se puede pensar que se trata de una enseñanza poco exigente, el gobierno de Malí reconoce que es mejor que nada, y se ha propuesto construir -con la cooperación de USAID, el organismo norteamericano de ayuda al desarrollo- al menos 800 escuelas semejantes para fin del siglo.

También en Burkina Faso, donde la tasa de escolarización es del 37%, SC-US ha programado recientemente la construcción de cinco escuelas rurales y proyecta otras. Las nuevas escuelas facilitan la escolarización de niños que antes no acudían a ninguna escuela por estar todas a varias horas de camino. Cuando llegue la próxima cosecha, las familias pagarán probablemente cuotas de 250 CFA (medio dólar) al mes por cada niño.

Entre 1974 y 1984, Burkina Faso intentó desarrollar escuelas rurales que enseñasen técnicas útiles en las lenguas de las distintas zonas. El Banco Mundial puso 10 millones de dólares en el proyecto. Fracasó porque, según dijeron algunos, los campesinos deseaban que sus hijos aprendieran en francés. Una explicación más convincente es que las escuelas requerían la presencia de los niños cuando más se les necesitaba para trabajar la tierra.

Con la experiencia acumulada, el gobierno de Burkina Faso ha diseñado su propio plan de escolarización. Jóvenes graduados en escuelas superiores se encargarán de la enseñanza en las aldeas. El gobierno pagará sus salarios durante seis meses; después tendrán que ganarse la vida por su cuenta.


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