Francisco, al encuentro de los cristianos de África

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Kampala.— Cuando a Uganda llegó la noticia de que el Papa Francisco podría venir en visita pastoral, un grupo pentecostal extremista pidió a sus seguidores en Facebook que oraran para que ello no ocurriera. Cuando semanas atrás se confirmó su visita, ¡pidieron que se intensificaran sus plegarias para que no viniera! Pero dentro de pocos días estará aquí.

Uno de los mayores desafíos que afronta la Iglesia en el mundo en desarrollo, incluida el África subsahariana, es la competencia de los grupos evangélicos, los cuales ofrecen un producto religioso que no implica compromiso alguno y que pone la diana en los jóvenes católicos con poca formación o a los que la fe católica no ha satisfecho sus expectativas.

Tales grupos hacen atractivos sus cultos con música a todo volumen, el “hablar lenguas” espontáneamente y sermones exaltados. La gente con poca formación es atraída con reglas muy simples de moral, con una doctrina muy sencilla, que hace parecer la fe católica innecesariamente complicada y estricta. Predican que no hay necesidad de sacerdocio, de sacramentos ni de intercesión de los santos, y menos de la Virgen María, a la que se oponen de modo especial. Declaran además que sus seguidores ya están “salvados”, cualesquiera que fueren los pecados que hayan cometido o cometan en adelante.

Los medios de comunicación de Kenia y Uganda ofrecen un mensaje positivo de la próxima visita papal

Un regalo cristiano: la educación

No obstante, la Iglesia católica sigue siendo fuerte aquí. En Uganda, a finales de octubre, miles de personas participaron en varias peregrinaciones para financiar la restauración de los dos principales santuarios dedicados a los mártires ugandeses, en Munyonyo y Namugongo (ambos en la periferia de Kampala). El Santo Padre peregrinará a ambos y celebrará la eucaristía en Namugongo. Además, antes de la misa, realizará una visita al santuario de los mártires anglicanos.

Por la mañana temprano, las iglesias católicas se llenan para las misas de diario. La vida de las parroquias y de las comunidades cristianas es vibrante. Los candidatos al sacerdocio y a la vida religiosa siguen aumentando, y todos los años hay muchas conversiones a la fe católica, tanto de protestantes como de musulmanes (las relaciones entre estos y los católicos son por lo general buenas).

Los primeros misioneros católicos llegaron a Kenia y Uganda hace unos 120 años. Su mensaje arraigó prontamente. La gente era muy consciente de que aquellos hombres, como jamás habían visto antes, habían llegado a África para dar sus vidas. De los primeros misioneros que llegaron, pocos vivieron más allá de su 30 cumpleaños, y tanto sus palabras como su ejemplo dieron pie al milagro de la conversión a la nueva fe.

Por supuesto, estos extranjeros hicieron otras aportaciones, que con el tiempo ayudaron a mejorar la vida de la población local: la educación moderna, la atención sanitaria y la higiene, nuevas técnicas agrícolas, viviendas permanentes, la gradual eliminación de la brujería, etcétera. A pesar de ello, o quizás debido a ello, la fe no se debilitó, sino que fue fortaleciéndose hasta hoy.

El consumismo también hiere a África

La vida moderna, sin embargo, con sus diferentes “valores” y tentaciones, ha creado mucho estrés. En las grandes ciudades, padres y madres trabajan a tiempo completo, y la familia como institución sufre tensiones. Los deportes occidentales y el entretenimiento televisivo están fácilmente disponibles, y abundan las distracciones que facilita la sociedad de consumo. La mayoría de la población está por debajo de los 45 años y tiene altas expectativas materiales.

En Uganda, las iglesias se llenan para las misas de diario y la vida de las parroquias y de las comunidades cristianas es vibrante

Por su parte, la práctica religiosa tiene un papel menos importante que en la generación anterior. Y la amenaza no es el islam ni el extremismo islámico, como tampoco los grupos evangélicos o los pocos intelectuales ateos cuya voz es más alta que su número. El principal obstáculo, como sucede en países más desarrollados, es el indiferentismo y los cantos de sirena de una vida cómoda.

¿Es diferente África? ¿Puede la Iglesia aquí evitar la experiencia de la mayor parte del mundo occidental? Pienso que la Iglesia en África va a seguir preferentemente la línea de EE.UU., donde la mayoría de las personas aún son creyentes y una minoría significativa mantiene la ortodoxia en las creencias y en las prácticas, antes que la línea de Europa occidental, donde parece que la fe está en general débil. Tenemos el testimonio de las valientes y decisivas intervenciones de los pastores africanos en el Sínodo de la Familia. Afortunadamente, los africanos no se han visto afectados por la mayoría de los efectos negativos del racionalismo, el relativismo y de otros “hijos” de la Ilustración. Su fe puede haber sido golpeada, pero no destruida. Golpeada porque se ofrece muy poca formación antes de la primera comunión, durante la adolescencia, en la universidad y en la vida profesional. Sin embargo, las semillas plantadas permanecen.

Con la reconciliación por mensaje

Lo que se ha dicho sobre Uganda vale igualmente para Kenia. Entre ambos suman 80 millones de habitantes, si bien el segundo país tiene un porcentaje de católicos menor que el primero (30% frente a 40%). Uganda tiene sus 24 mártires: los 22 del siglo XIX y los dos adolescentes catequistas del norte: Daudi Okello y Jildo Irwa. Todos los cristianos ugandeses de cualquier denominación están orgullosos de ellos. Kenia tiene una misionera italiana, sor Irene Stefani, que fue beatificada a principios de este año, y se están dando los primeros pasos en las causas de beatificación de cristianos que murieron defendiendo su fe contra los seguidores de la guerrilla Mau Mau, de creencias paganas. La causa del primer cardenal de Kenia, Maurice Otunga, está igualmente bien adelantada. Todos ellos son signos de una Iglesia saludable.

De modo que el Papa Francisco encontrará una Iglesia que está muy viva. Será ampliamente aclamado a la manera verdaderamente africana, y cientos de autobuses abarrotados llegarán a Nairobi y Kampala durante estos tres breves días. Algunos vendrán desde sitios remotos donde la Iglesia ha sido la única evangelizadora de los nómadas que aún viven como en la Edad de Piedra pero en gran parte tienen una fe extraordinariamente heroica. Y la visita es también un gran acontecimiento; la prensa está otorgándole un amplio espacio y reportajes positivos. Difícilmente pueda hallarse una voz contraria.

El tercer país que visitará el Papa, la República Centroafricana, tiene unos cinco millones de habitantes, de los que el 80% son cristianos, y católicos el 30%. Es actualmente el tercer país más pobre del mundo, y durante quince años ha sufrido un conflicto entre la insurgencia, el gobierno, y fuerzas cristianas y musulmanas. Francisco irá allí para confortar a todos aquellos que sufren y hablará fuertemente con la voz de la reconciliación.

Martyn Drakard


República Centroafricana: la reconciliación por mensaje

Solo en los dos últimos años, la guerra en la República Centroafricana ha ocasionado decenas de miles de muertes y el desplazamiento de un millón de personas . Según un despacho de Europa Press, desde que la violencia se recrudeció, a mediados de septiembre, han sido asesinadas unas 80 personas. La escalada no ha respetado tampoco a la misión de la ONU en el país africano (la MINUSCA), pues sus instalaciones y vehículos también han sufrido ataques, y un casco azul ha perdido la vida en uno de ellos.

La antigua colonia francesa, donde las tensiones se han acrecentado desde el golpe de Estado de 2013 contra el presidente François Bozizé y la toma del poder por la milicia musulmana Seleka (los musulmanes son minoría), tiene previsto celebrar elecciones parlamentarias y presidenciales el 13 de diciembre y celebrar un referéndum sobre un reciente proyecto de Constitución. Pero mientras los ataques de represalia entre los bandos continúen, será difícil poder plantar las urnas.

Es por este panorama tan signado por el dolor que el Papa Francisco anunció, durante el Ángelus del 1 de noviembre, su deseo de abrir la Puerta Santa de la Catedral de Bangui, la capital, “para manifestar la cercanía de toda la Iglesia a esta nación tan afligida y atormentada, y exhortar a todos los centroafricanos a ser cada vez más testimonios de misericordia y reconciliación”. Su intención de visitar el país continúa siendo firme, pero está por ver si las condiciones en el terreno la hacen posible.

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