El Observatorio

“Fortalecer la sociedad civil debe ser la prioridad de quienes creemos en la libertad”

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El cambio cultural experimentado por las sociedades occidentales en los últimos años ha llenado la agenda política con nuevas causas. El resultado es que dos de las grandes ideologías clásicas –el socialismo y el liberalismo– han perdido sus perfiles propios, aunque no hasta el punto de abandonar su preferencia por el Estado y el individuo. En una entrevista de Cristian Pizarro Allard para El Mercurio, el jurista estadounidense Robert P. George reivindica el papel de las comunidades como mediadoras entre ambas ideologías.

A la izquierda, el cambio de prioridades tiene varias manifestaciones: “El socialismo ya no está vinculado, como en el pasado, a la economía ni a quién es el dueño de los medios de producción, sino que tiene que ver con otros asuntos, particularmente morales y culturales”, sostiene George, profesor de filosofía del derecho en la Universidad de Princeton. En consonancia, “la base del socialismo (...) ya no está en la clase trabajadora”, sino en profesionales con buen nivel educativo y económico, que tienden a concentrarse en sectores como el de las tecnologías de la información.

“La ideología dominante de la izquierda es la liberación de la persona, con un carácter muy individualista, cuestión que arranca desde la revolución del 68, lo que es paradójico, porque la izquierda siempre ha estado en contra de ese tipo de individualismo, especialmente en asuntos económicos. Sin embargo, cuando hablamos de sexualidad, drogas, matrimonio, aborto, eutanasia, etc., la ideología gobernante es la liberación personal donde lo único que cabe son las sensaciones, experiencias, sentimientos y la satisfacción de la psique”.

A la derecha también ha habido cambios significativos. Si en el pasado se había decantado claramente por el liberalismo económico, abogando por un Estado mínimo, hoy un sector de su electorado da la bienvenida al proteccionismo. Pone el ejemplo de EE.UU., donde el heterodoxo Donald Trump “ha encontrado algo nuevo que concita una gran cantidad de seguidores”.

Pero estas mutaciones, opina George, no han variado en lo esencial la tendencia de ambas ideologías a concebir la sociedad como un sistema binario, en el que la derecha sigue dando el protagonismo al individuo autonómo, mientras la izquierda se lo da al Estado. Ambas yerran al partir de “la equivocada premisa de que hay solamente dos jugadores, y lo cierto es que son tres: el tercero es la suma del Estado y el individuo, de la que resulta la sociedad civil. Fortalecerla debe ser la prioridad principal de quienes creemos en la libertad”.

De libertad va precisamente el anhelo del jurista de Princeton, quien denuncia la sofocante presión que experimentan los universitarios estadounidenses para que conformen su manera de pensar a “la ortodoxia dominante”, que es de izquierdas. Pero también se distancia de la derecha libertaria, cuando pide que la libertad no se construya de espaldas a las responsabilidades sociales.

En este sentido, subraya los costes que trae el deterioro de las comunidades de la sociedad civil, como la familia, las Iglesias o las organizaciones cívicas, a las que ve como proveedoras “de salud, educación y bienestar”, y transmisoras de los valores que necesitan los jóvenes para ser “buenos ciudadanos”.


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