Explosión de reglamentos

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Los reglamentos dictados por la Administración pública tienden a proliferar hasta hacerse muy costosos y prácticamente imposibles de cumplir, observa Robert Samuelson (Newsweek, 7-XI-94) a propósito de la situación en Estados Unidos.

(...) Cada vez hay más regulación con menos beneficios, y todo el proceso resulta cada vez más arbitrario y turbio. Los reglamentos federales ocupan ya un total de 202 volúmenes con 131.803 páginas: catorce veces más que en 1950 y casi cuatroveces más que en 1965. Hay 16 tomos de reglamentos sobre medio ambiente, 19 de reglamentos agrícolas y 2 de reglamentos laborales.

(...) La cuestión no está en que la regulación sea mala. Entre otras cosas, a la regulación debemos que el aire sea más limpio, los coches más seguros y los mercados financieros más honestos. Pero la ingente labor reguladora ha llegado a tener tanta inercia, que puede hacer mucho daño.

El economista Thomas Hopkins, del Instituto de Tecnología de Rochester, calcula que la regulación suponemás de 500.000 millones de dólares anuales en costos. Aunque costos y beneficios pueden equilibrarse aproximadamente (unos y otros son,sin embargo, difíciles de cuantificar), la tendencia es desfavorable. A medida que se agotan los objetivos sociales más fáciles, los reglamentosse dirigen a problemas marginales. Una consecuencia es que se reduce el poder adquisitivo de la gente por el descenso de salarioso la subida de precios. El aire limpio o los coches seguros no son gratis.

Cuando los beneficios sociales de la regulación son grandes, vale la pena cargar con los costos. Pero si las ventajas son insignificantes, los costes resultan punitivos e injustos. Como señalaba el desaparecido politólogo Aaron Wildavsky, a medida que sube el nivel de vida, la gente disfruta de mejor salud y de más seguridad, porque puede comprar productos más saludables y más seguros. A la inversa, si las regulaciones son demasiado costosas, pueden, al reducir los ingresosde la gente, perjudicar la salud.

Y existe también otro problema, planteado por Madison: las relaciones entre la Administración y los administrados. La explosión de leyes y reglamentos aumenta la probabilidad de que los ciudadanos queden fuera de la ley. "Las regulaciones son tan inciertas y su interpretación es tan arbitraria, que uno no sabe cuándolas está violando -dice William Niskanen, directorde la revista Regulation-.Cuando el sentido moralcomún no sirve de orientación para sabersi uno actúa mal, tenemos un problema serio".


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