Exploradores del abismo

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Autor: Enrique Vila-Matas

Anagrama. Barcelona (2007). 287 págs. 18 €.

Cuando Vila-Matas (Barcelona, 1948) publicó en 2005 Doctor Pasavento (ver Aceprensa 114/05) se intuía que de alguna manera estaba dando fin a un ciclo que había iniciado en 1985 con Historia abreviada de la literatura portátil y continuado de manera más intensa en sus novelas Bartleby y compañía (ver Aceprensa 42/00) y El mal de Montano (ver Aceprensa 7/03). En estas novelas la literatura era el principio y el fin, con unos personajes engordados con todo tipo de aprensiones literarias y obsesionados con sus ansias de soledad y de desaparecer.

Vila-Matas salió con éxito del experimento narrativo, ciertamente arriesgado, que lo ha convertido en uno de los escritores más innovadores de la literatura europea contemporánea; sin embargo, la fórmula, original, estaba ya a punto de agotarse. Por eso en los relatos que forman parte de Exploradores del abismo ha intentado cambiar de registro y acercarse más a otro tipo de novelas suyas, como El viaje vertical, Extraña forma de vida o Lejos de Veracruz. Aquí la tentación metaliteraria está más controlada y difuminada, aunque también es visible, como en toda su literatura, su desquiciada tendencia al absurdo.

Exploradores del abismo pretende ser una colección de relatos, pero en Vila-Matas las cosas nunca son lo que parecen. En todos los relatos hay un deliberado hilo conductor: un conjunto de personajes que “investigan en la nada y no cesan hasta dar con uno de sus posibles contenidos (...). Todos los personajes acaban siendo exploradores del abismo o, mejor dicho, del contenido de ese abismo”. Todos -como el propio autor- han sufrido una reciente operación y todos se ven como funambulistas bordeando el precipicio fatal.

Con su humor característico, vuelve a pasear sus obsesiones literarias. Se diría que Vila-Matas no puede resistir ser Vila-Matas y, por eso, los relatos acaban siendo fragmentos sueltos de su singular poética, donde se mezclan lo metaliterario y la fascinación por la extrañeza. Sus personajes, como se lee en uno de estos relatos, ven “siempre intenciones extrañas detrás de las cosa sencillas”, enlazando así situaciones peregrinas que se complican una y otra vez. Eso sí, todo está controlado por un autor que se siente muy cómodo en este registro.

Vila-Matas tiene sus lectores apasionados y sus detractores. Que nadie busque aquí relatos cerrados, con argumentos redondos y ortodoxos. Hay, como siempre, sentido del humor, personajes que rozan la locura y muchas ideas originales. Pero en Vila-Matas, conviene no olvidarlo, la vida es siempre secundaria a la literatura, y esto tiene sus riesgos.


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