Evolución: Para creyentes y otros escépticos

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Autor: Javier Novo

Rialp.
Madrid (2019).
132 págs. 13 €.

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El ejercicio de divulgación que hace en este ensayo Javier Novo es verdaderamente brillante. Por una parte, nos muestra el majestuoso panorama que la biología pone ante nuestros ojos. A la vez, sale al paso de los malentendidos y conflictos que la evolución puede suscitar en muchos creyentes que tienen una idea pobre de la teoría y, precisamente por ello, difícilmente conciliable con la fe que profesan.

El título es provocativo, como lo son diversas afirmaciones que el lector encontrará. Quiere reclamar la atención de creyentes que, o bien son abiertamente hostiles a las teorías evolutivas, o simplemente las toleran con cierta desconfianza. Aunque, sin duda, su lectura también será muy provechosa para aquellas personas que, creyentes o no, con o sin prejuicios, estén interesadas en conseguir una visión global de lo que dice hoy la teoría de la evolución.

El autor defiende la ciencia con ciencia. Clarifica de manera brillante las nociones que para el creyente pueden resultar más sospechosas. La comprensión de la gradualidad de la evolución y su reflejo en el registro fósil, la noción de azar que se da en la evolución, el papel de la selección natural o el sentido o sinsentido de los procesos evolutivos, constituyen los hilos conductores de sus argumentaciones. El acierto en los ejemplos empleados para ilustrar conceptos nada fáciles hace amena la lectura.

A lo largo de diez capítulos desgrana los fundamentos de la biología evolutiva y delata aquello que no forma parte de la teoría, sino del fantasma evolutivo que muchas veces se agita contra el creyente. Como el mismo Novo reconoce, los primeros capítulos son una preparación para llegar a uno de los temas que más debate suscitan y que quizás es el más complejo de abordar: la evolución de la mente. Si hay que alabar al autor por el éxito de haber conseguido explicar tanto y tan bien en tan poco espacio, en este punto la brevedad se convierte en un pasar de puntillas sobre temas que puede dejar al lector algo insatisfecho. El último capítulo es un broche de oro en el que Novo recoge y “anuda” los hilos que se han ido desplegando a lo largo del texto.

Me parece un libro que, en su brevedad, cumple plenamente con su objetivo. Van surgiendo a lo largo del texto consideraciones de carácter filosófico y teológico. Estas, como debe ser, van de la mano de la ciencia. Quizás se podrían encontrar fisuras en algunos planteamientos: el carácter gnoseológico que se otorga a la fe o el estatuto ontológico del espíritu son, por ejemplo, cuestiones en las que habría sido deseable una mayor precisión, pero también es verdad que habrían exigido una extensión incoherente con los objetivos del libro.

En definitiva, se trata de un trabajo que, partiendo de la ciencia, invita al lector a hacer una reflexión en la que la grandeza de Dios y su acción se ven reforzadas y, a la vez, apela a la necesidad de una fe más profunda y coherente. 


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