Europa, tema y variaciones. Identidad y variedad cultural europea

Página 1

Autor: José Antonio Jáuregui

José Antonio Jáuregui
Maeva. Madrid (2000). 348 págs. 2.450 ptas.

José Antonio Jáuregui es un conocido antropólogo social de la Universidad Complutense de Madrid. Antes de estudiar antropología cursó cinco años de filosofía en la Universidad Gregoriana (Roma), en la década de los setenta, cuando en las facultades eclesiásticas todavía se prestaba mucha atención al latín y al griego. Haciendo pie en este sustrato clásico, y volviendo su vista hacia los objetos propios de la antropología cultural, ha escrito un libro en el que nos muestra las raíces griegas, romanas, judías, y en algunos casos musulmanas, de muchas costumbres europeas actuales, así como de usos lingüísticos comunes a todos los europeos, o imágenes de referencia compartidas. En definitiva, el ensayo trata de sacar a la luz algunas de esas "raíces culturales comunes" de las que tanto se habla de forma genérica, pero que raramente se examinan con detalle.

Para cada una de ellas encuentra un hilo etimológico que conduce hasta la matriz griega, latina o hebrea. Pero además Jáuregui transmite un gran entusiasmo por los ideales que dieron lugar tanto a la cultura clásica como al cristianismo, de tal forma que uno no puede menos que sentirse orgulloso de su identidad eurocristiana.

José Antonio Jáuregui escribe más como un humanista clásico que como antropólogo. La antropología social es una ciencia que clasifica y distingue las culturas de una forma fría y equidistante, sin sentirse parte de ninguna de ellas; y eso es comprensible, pues la tarea de la ciencia es crítica. Pero, además, la antropología suele adoptar una actitud ideológica bastante contraria a la visión religiosa del mundo, por considerarla mitológica; y esto ha de decirse, con mayor razón, del cristianismo y de la Iglesia Católica. En el libro de Jáuregui, por el contrario, la Iglesia, sus santos, su liturgia y calendarios, etc., se muestran como una potencia cultural creativa que, además de realizar durante dos milenios un flexible aggiornamento del mundo clásico a los ideales cristianos, sigue presente -aunque no seamos consciente de ello- en nuestras vidas cotidianas, a través de la arquitectura de nuestras ciudades, los nombres de nuestros vecinos, las expresiones, los gustos y los ritmos temporales. Además de griego, un europeo es culturalmente cristiano, aun en el caso de declararse ateo.

Este enfoque suele ser muy poco corriente entre los científicos sociales españoles, y ya solo por eso Jáuregui merece reconocimiento. Otro aspecto que conviene reseñar es el estilo coloquial con que está escrito el libro. Jáuregui ha hecho un gran esfuerzo divulgativo, tratando de conectar el mundo clásico con el ámbito de la experiencia y el lenguaje cotidianos; hasta el punto de que, si hubiera que señalar algún aspecto negativo, quizá sea éste el excesivo número de referencias a acontecimientos circunstanciales -declaraciones de políticos, opiniones de sus amigos, anécdotas familiares- que restan perdurabilidad a este estudio.

Otra carencia que se detecta se refiere a la cultura germánica. Jáuregui conoce los idiomas inglés, francés e italiano, por eso no le cuesta poner de relieve el patrimonio cultural común -sobre todo lingüístico- de anglosajones y latinos. Quizá el hecho de no hablar alemán sea la causa de que no haber sabido explicar de forma tan convincente los nexos culturales con germanos y eslavos. Algo semejante podría decirse de la insuficiencia con que acomete algunos pasajes de la exégesis bíblica (por ejemplo, el origen del término ruah, espíritu) o de la historia de los conceptos filosóficos (por ejemplo, el concepto de persona).

Gabriel Vilallonga

Nuestra web utiliza cookies para facilitar el servicio. Si continúa navegando entendemos que las autoriza.