Ética, política y cristianismo

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Autor: Robert Spaemann

Palabra. Madrid (2007). 304 págs. 20 €. Traducción: José María Barrio y Ricardo Barrio.

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Robert Spaemann ha sido profesor de filosofía en las universidades de Stuttgart, Heildelberg y Munich, y es uno de los principales pensadores católicos alemanes. Con un estilo claro, aborda temas éticos y de fundamentación de la política desde el realismo filosófico. En Ética, política y cristianismo, el profesor José María Barrio reúne una serie de artículos, entrevistas y conferencias de Spaemann en diversos foros -de ahí la variedad de discursos que registra el libro-, en las que examina las razones del planteamiento relativista en la vida pública.

Tras el hundimiento de las utopías modernas, se ha impuesto en Europa lo que Spaemann llama el “nihilismo banal”: una antiutopía caracterizada por el rechazo a la trascendencia del hombre y por la negativa a tomarse en serio la verdad y el bien. Frente a las pretensiones de carácter absoluto, la única actitud posible es la ironía (Rorty).

A esta concepción del mundo se opone el cristianismo. Con las imágenes de la perla preciosa y del tesoro escondido, el Evangelio deja bien claro que hay opciones preferibles a otras. Por esta razón, Spaemann rechaza un cristianismo descafeinado y reivindica el espíritu que forjó “la Iglesia de los santos”: sólo de esta manera el cristianismo puede llegar a tener de nuevo auténtica relevancia cultural.

El empeño de la Iglesia católica por volver a hacer presentes los valores incondicionados en la sociedad va unido, según Spaemann, a la batalla en defensa de la vida. Por eso, las reflexiones en torno a las cuestiones bioéticas constituyen uno de los grandes núcleos temáticos del libro. En este terreno, Spaemann se desenvuelve con una soltura filosófica fuera de lo común. Con ello queda patente que cuando se opone al aborto, a la eutanasia o a la investigación con embriones humanos lo hace en nombre de la razón antes que de la fe.

En los dieciocho trabajos que recoge el libro destaca, en primer lugar, el esfuerzo por iluminar los problemas planteados con referencias a representantes clásicos y contemporáneos -sobre todo, Nietzsche y Foucalt- del pensamiento occidental. Sorprende asimismo la capacidad de Spaemann para establecer un diálogo franco y cordial con quienes no piensan como él.


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