Estados Unidos: los hijos de los inmigrantes hispanos prefieren hablar en inglés

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Un estudio realizado por investigadores de la State University of New York revela que, a pesar de la creciente inmigración hispana en Estados Unidos, el inglés sigue siendo la lengua más utilizada por los descendientes de los inmigrantes. El estudio, publicado en diciembre de 2004, arroja luz en un debate de mucha actualidad en Estados Unidos: la repercusión de la inmigración, sobre todo la mexicana, en la identidad estadounidense. ¿Cambiará la inmigración masiva la lengua y la cultura americanas? ¿Se convertirá Estados Unidos en un país en parte americano y en parte hispano?

En los últimos meses el debate ha estado avivado por el nuevo libro de Samuel Huntington, «¿Quiénes somos?» Para este profesor de la Universidad de Harvard, la identidad de Estados Unidos está definida por la cultura angloprotestante y el inglés. Por eso, la llegada continua de inmigrantes hispanos amenaza con dividir Estados Unidos en dos pueblos, dos lenguas y dos culturas (ver Aceprensa 108/04).

Muchos descendientes de inmigrantes europeos llegados a EE.UU. en los dos últimos siglos se convirtieron en angloparlantes después de tres generaciones. Esta tendencia se ha empezado a generalizar también entre los inmigrantes hispanos, según el estudio de la State University of New York. Partiendo de los datos recogidos en el censo de 2000, el estudio muestra que la mayoría de estos inmigrantes se está moviendo a un ritmo lento pero constante hacia el monolingüismo. Así, la gran mayoría de los niños hispanos que pertenecen a la tercera generación o a una posterior hablan exclusivamente inglés. El fenómeno es más acusado entre los mexicanos, que son desde 1990 el grupo de inmigrantes más numeroso de Estados Unidos. En 1990, el 64% de los descendientes de inmigrantes mexicanos de la tercera generación o de posteriores sólo hablaba inglés en casa. En 2000, ese porcentaje había subido hasta el 72%.

Richard Alba, director del estudio, cree que se ha subestimado la presión que ejerce la asimilación cultural. Mucha gente «ve a la sociedad americana mucho más dividida en cuestiones étnicas y culturales de lo que en realidad está».

En declaraciones al «New York Times» (8-12-2004), Huntington se muestra de acuerdo con las conclusiones de Alba. Pero recuerda que los resultados del estudio sólo reflejan la tendencia de los descendientes de los inmigrantes hispanos que llegaron a EE.UU. en 1960. Sin embargo, a su juicio, con el estudio no se puede predecir la tendencia entre los nietos de los inmigrantes llegados en los últimos años.

En 2003 vivían en EE.UU. cerca de 33 millones de extranjeros (12% de la población). El 53% de esos inmigrantes habían nacido en América Latina y la mitad llegó a partir de 1990. «Hemos tenido un incremento enorme de inmigración desde 1980 a 1990 -dice Hungtington-. ¿Cómo serán los nietos de estos inmigrantes? ¿Cómo conseguirán integrar sus conflictivas identidades como hispanos, como mexicanos y como americanos? La situación va a ser compleja. No se puede asumir sin más que esa tercera generación (…) va a ser como la tercera generación que ahora existe».

«Si la tendencia continúa -concluye Hungtington- terminaremos siendo una sociedad bilingüe. ¿Significará esto un desastre? No necesariamente. Pero nos hará diferentes de como hemos sido en el pasado».

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