Escuelas privadas para alumnos pobres

En distintos países en desarrollo, las escuelas preferidas de los pobres no son las públicas, sino otras surgidas por iniciativa social, que pese a no ser gratuitas y tener menos recursos, dan mejor enseñanza.

James Tooley, profesor de la Universidad de Newcastle, fue enviado a la India por el Banco Mundial para realizar una investigación sobre la enseñanza privada en países en desarrollo. Allí Tooley percibió un fenómeno peculiar: también en las zonas más marginales y deprimidas existían escuelas privadas, creadas por pobres y dirigidas a estudiantes pobres.

Las escuelas que descubrió en las barriadas de Hyderabad están ubicadas en locales semirruinosos o en mal estado de conservación. Sin embargo, la enseñanza impartida y el compromiso de los profesores parecen suplir esas deficiencias. En la mayoría de los casos, las familias pagan un dólar o dos por niño al mes, suma insuficiente para sufragar los gastos, pero considerable teniendo en cuenta el nivel de vida de esas zonas y la posibilidad de enviar a sus hijos a escuelas públicas gratuitas. Muchos de ellos confesaron a Tooley que, aunque estas últimas tienen mejores instalaciones, los profesores no se toman su trabajo en serio y faltan a clase a menudo.

Como en la India, el fenómeno de escuelas privadas para estudiantes se repite en otras zonas del mundo: Nigeria, Kenia, China… y forma algo así como un “mercado negro educativo”, a juicio de Tooley. Durante diez años, este profesor ha viajado por distintos países para conocer de cerca el funcionamiento de esa red escolar alternativa. Con la información recopilada ha elaborado un libro, The Beautiful Tree: A Personal Journey Into How the World’s Poorest People Are Educating Themselves (Cato Institute, 268 págs.), que ha sido reseñado por Liam Julian en City Journal (19-06-2009).

Se trata de experiencias educativas que surgen en las zonas más pobres de las ciudades y que no cuentan con reconocimiento oficial; en muchos casos, las autoridades no saben de su existencia. Pero están proliferando y alcanzado logros importantes. Ofrecen a las familias la oportunidad de una educación adecuada a sus posibilidades económicas. Además, no es raro que ofrezcan becas para huérfanos o familias sin ningún tipo de recursos; Tooley sostiene, por ejemplo, que uno de cada cinco estudiantes que frecuentan estas escuelas en Hyderabad cuenta con algún tipo de ayuda.

Mejores resultados que la enseñanza pública

En el ensayo se dan a conocer los datos de algunas investigaciones que certifican la buena calidad de la enseñanza que se imparte en tales colegios. Se realizaron exámenes a 24.000 alumnos de escuelas públicas, privadas reconocidas o privadas para estudiantes sin recursos en todos los países mencionados, con el fin de comparar su nivel de conocimientos. En Delhi, mientras que los alumnos de las escuelas públicas alcanzaron en matemáticas una nota media de 24,4, los de las privadas reconocidas llegaron a 43,9, y muy cerca de ellas se situaban los alumnos de los centros educativos sin reconocimiento, con 42,1.

También en Nigeria, Ghana y China las escuelas informales superan con creces a las escuelas públicas. Además, las clases son más pequeñas -de 20 a 25 alumnos- y los profesores son puntuales y más entregados a su trabajo, salvo en el caso de China, donde la dedicación de los docentes es similar en todas las instituciones estudiadas.

En cualquier caso, la intención de Tooley es invitar a la reflexión sobre las ayudas a la educación en los países pobres y poner en cuestión algunos presupuestos comunes en materia de promoción del desarrollo. Durante años se ha pensado que la clave era financiar la enseñanza pública en los países pobres; pero las ayudas exteriores no han logrado levantarla a un nivel satisfactorio. Valdría la pena apoyar las escuelas informales para pobres, que tienen más éxito.


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