Escribir a mano no debe estar demodé

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Un reciente sondeo a profesores en Alemania, realizado por el sindicato VBE y citado por la agencia Deutsche Welle, sugiere que la escritura a mano tiene allí un futuro complicado: solo el 4% de los docentes cree que el modo en que los niños de primaria trasladan a sus cuadernos los contenidos de la clase está acorde con su nivel de estudios.

Hay otras cifras interesantes, como las de una investigación del Schreibmotorik Institut (Instituto de Habilidades Motoras de Escritura). Según ella, el 43% de los estudiantes de secundaria también tienen dificultad para escribir correctamente con lápiz o bolígrafo, y apenas 4 de cada 10 pueden escribir por más de 30 minutos con soltura y con letra totalmente legible.

Si la cosa pinta mal en Alemania, se puede decir que en la modélica Finlandia los cuadernos de notas ya han vivido su ocaso. BBC señala que desde 2014 el país nórdico le ha dado prioridad en la enseñanza a las tecnologías digitales y ha echado a un lado el lápiz y el papel. Minna Harmanen, funcionaria de la Agencia Nacional de Educación, cuenta a la cadena británica que las reacciones han sido positivas –“no ha habido quejas de los profesores, ni de los niños ni de los padres”–, y que la razón más importante para asumir el cambio ha sido que la letra caligráfica ya no se usa mucho.

Apenas 4 de cada 10 estudiantes de secundaria alemanes pueden escribir por más de 30 minutos de modo desinhibido y en una letra legible

“Más tarde, en la vida laboral, tienes que redactar casi todos los textos por ordenador, por lo tanto, lo que interesa es tener destreza mecanográfica. Después de todo, la antigua escritura a mano es difícil de leer, y si es necesario, se puede enseñar a leer documentos históricos”, añade.

Para un finés que no vaya a salir nunca de Finlandia ni a leer otra cosa que textos escritos en pantallas, la idea promete. Solo que el mundo no se ciñe a Escandinavia.

Señorita, ¿cómo sostengo el lápiz?

Curiosamente, es un personaje finés, Santa Claus, uno de los que se benefician del arrinconamiento de la letra escrita: en el Reino Unido, cada vez más niños le envían emails en vez de cartas a mano, por lo que el anciano seguramente se complica menos con los regalos.

Pero tanta facilidad no sale gratis. Pulsar una tecla no es, a efectos de desarrollo cognitivo y habilidades motrices, lo mismo que conformar una letra con el lápiz sobre el papel. “Los niños no están llegando a la escuela con la misma fuerza en la mano y la destreza que tenían hace diez años –dice a The Guardian la pediatra Sally Payne–. Cuando vienen se les da un lápiz, pero cada vez son menos capaces de sostenerlo [correctamente], porque no tienen las habilidades de movimiento fundamentales. Para poder tomar un lápiz y moverlo, necesitas un control adecuado de los músculos de los dedos. Los niños necesitan la oportunidad de desarrollar esas aptitudes”.

Las propias dinámicas de la educación actual están acentuando el problema: poco hay que escribir cuando tenemos la posibilidad de fotocopiar y fotocopiar hasta el infinito, o cuando, a la hora de examinar los contenidos impartidos en clase, se abusa de las preguntas tipo test: “Marque con una X la respuesta correcta”, con lo que la posibilidad de emitir criterios o dar argumentos por escrito queda en nada.

Además, según los expertos, cuando se escribe a mano participan hasta 12 áreas cerebrales, trabajan unos 30 músculos en conjunto, y se activa en el cerebro la memoria motriz de los trazos específicos. En contraste, el movimiento de tecleado carece de significado, al no haber relación entre la forma de una letra y el movimiento correspondiente en el ordenador: para todas, sea A, B, C o Z, hay que hacer exactamente lo mismo: pulsar teclas.

Uno de los que se niegan a levantar acta de defunción a la escritura con lápiz o bolígrafo es el neurocientífico norteamericano William R. Klemm. En Psychology Today ha publicado recientemente el artículo “La escritura manual aún no ha muerto”, en el que cita el plus de habilidades que viene con esta práctica. Escribir a mano, dice, “exige más coordinación viso-manual, y un cambio en la conexión cerebral crea la infraestructura mental que muchos utilizarán más tarde en la vida real. La destreza con los dedos se vuelve crucial más tarde si el niño quiere tocar un instrumento musical, sobresalir en el deporte, manipular herramientas e incluso manejar un teclado de ordenador”.

Pulsar una tecla no es, a efectos de desarrollo cognitivo y habilidades motrices, lo mismo que conformar una letra con el lápiz sobre el papel

“Escribir bien a mano –añade– tiene otra derivación importante: el aprendiz tiene que prestar más atención y enfocarse en lo que es necesario para lograr que cada letra sea atractiva. Hacer un buen trabajo en la escritura a mano requiere disciplina. ¿Y quién puede negar que los chicos necesitan aprender a concentrarse y tener disciplina? Nuestra cultura de la multitarea está enseñando a los niños a ser despistados. Todos tienen algún nivel de déficit de atención”.

Enseñar, practicar y automatizar

En el Reino Unido, a diferencia de Finlandia, al lápiz y al papel todavía les queda buena prensa. Por tener, tienen, a semejanza de Alemania, una institución encargada de promover la práctica: la National Handwriting Association (Asociación Nacional de Caligrafía), cuya expresidenta, Angela Webb, ha conversado sobre el tema con Aceprensa.

Por ejemplo, ¿por qué, rodeados de ordenadores y móviles, interesa aún escribir a mano?

“Porque –explica–, aunque no está tan difundida entre la población adulta como hace 10 o 15 años, aún es la preferida para ciertas tareas, como la redacción de mensajes personales, emocionales, para el uso terapéutico, para tomar notas y, entre los escritores profesionales, para estimular el contenido creativo”.

“En cuanto a los niños y adolescentes –añade–, la escritura a mano es fundamental para el desarrollo cognitivo. Las investigaciones sugieren que escribir a mano es, de muy diversos modos, un apoyo al aprendizaje, como el fortalecimiento de la memoria y la retención profunda de lo aprendido, y ello en diferentes disciplinas, desde la lectura temprana, las matemáticas, las ciencias y la escritura creativa. Allí donde se emplean modos alternativos, la experiencia del aprendizaje sale peor parada”.

Según Webb, la escritura a mano tiene que enseñarse, practicarse y automatizarse. “Eso lleva tiempo y constancia durante al menos seis años. Los niños necesitan aprender no solo la forma de las letras, sino cómo hacer los movimientos correctos para formarlas. También necesitan aprender a unirlas correctamente, y practicar lo suficiente para adquirir fluidez”.

“Muchos países tienen un estilo nacional de escritura que todas las escuelas deben adoptar. En el Reino Unido, estas son libres de elegir cuál enseñan. Las escuelas que cosechan mayor éxito son aquellas que tienen una política clara para asegurar que se enseñe el mismo estilo en todos los años de primaria, hasta los 11 años”.

Por su parte, otra docente, Jane Medwell, especialista en Educación en la Universidad de Nottingham, nos comenta que, al final, la tecnología hará que la escritura a mano pierda importancia, “pero hasta ahora solo ha añadido una nueva posibilidad de transcripción”.

Las investigaciones sugieren que escribir a mano es, de muy diversos modos, un apoyo al aprendizaje

Para Medwell, se debe permitir que los estudiantes realicen exámenes en el ordenador, “toda vez que la mayor parte de la escritura estará en ese soporte, pero ello no quita la necesidad de escribir a mano”, lo cual es “especialmente importante en el caso de los niños pequeños, porque fija su conocimiento fonológico” y les ayuda en un aprendizaje más a fondo.

Así pues, animarlos a tomar el lápiz o el boli no es estar demodé. Al menos no mientras el cerebro pueda sacarles partido.

Algunas notas para padres preocupados

Si el niño, en el ejercicio de la escritura, produce textos escasamente legibles, sin limpieza ni orden; si escribe sin la velocidad adecuada y muestra una falta de motivación, la NHA aconseja a los padres averiguar qué parámetros se consideran pedagógicamente “normales” según la edad del menor. Además, pueden comparar sus textos con los de otros chicos, y consultar con los maestros para ver si comparten esa misma preocupación.

En casa, por otra parte, deben fijarse qué tal se maneja el niño con otros utensilios, como los cubiertos, para notar si hay algún tipo de descoordinación, y asegurarle un buen ambiente para escribir (no en el suelo, ni en el sofá, con la tele delante).

En cuanto a la escuela, la recomendación pasa por interesarse acerca del modo en que se enseña la escritura, si hay algún estilo particular que el niño deba practicar, y cómo puede ayudársele a sistematizar en casa ese contenido.


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