Episcopalianos: El declive de un credo liberal

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Hace unas semanas la Convención Trienal de Obispos de la Iglesia episcopaliana, rama estadounidense del anglicanismo, aprobó por una amplia mayoría un rito para bendecir las uniones homosexuales. En un artículo, publicado en The New York Times, Ross Douthat cree que esta decisión, que se ha justificado aludiendo a la necesidad de acomodarse a las nuevas demandas sociales, responde a un planteamiento religioso inadecuado.

La Iglesia episcopaliana, según este columnista, se ha introducido en una dinámica que puede poner en peligro su propia identidad: sigue siendo una religión, pero “es flexible hasta el punto de ser indiferente al dogma, ve con buenos ojos cualquier forma de liberación sexual, está dispuesta a mezclar el cristianismo con otras religiones y no tiene reparos en restar importancia a la teología para dársela a causas políticas seculares”.

En el caso de la homosexualidad, la tolerancia de la Iglesia episcopaliana ha provocado tensiones internas y ha sido un foco de disensión en el seno del anglicanismo desde que en 2003 se eligiera a un divorciado homosexual como obispo. Otras denominaciones anglicanas, sobre todo las africanas, llegaron a iniciar un proceso con el fin de expulsar a los episcopalianos de la comunión anglicana (Aceprensa, 29-VI-2009).

Menos fieles
Para el columnista del New York Times, resulta equivocado pensar que estos intentos de acomodación, que rebajan las exigencias religiosas, son un buen método para atraer un mayor número de fieles. Por el contrario, los credos que contemporizan con los valores seculares parecen perder atractivo. “Mientras la convención de los obispos aprobaba el nuevo rito –explica Douthat– se dieron a conocer los datos de asistencia a la iglesia entre 2000 y 2010 (…) La media de asistencia a la celebración dominical descendió un 23% en esa década y ninguna de las diócesis del país experimentaba un incremento”.

A juicio de Douthat, la condescendencia que muchas religiones han tenido desde las crisis de los sesenta –tanto con las nuevas actitudes sexuales, como con el consumismo, el materialismo y el relativismo– ha terminado por colapsar al cristianismo liberal, mientras que credos más tradicionales, como la Iglesia católica, han aumentado su atractivo. “Prácticamente todas las denominaciones –metodistas, luteranos, presbiterianos– que han intentado adaptarse a los valores liberales contemporáneos han visto un desplome como el de la Iglesia Episcopaliana en sus índices de asistencia a la Iglesia. También en la Iglesia católica, la mayoría de los movimientos de mentalidad progresista han fracasado y no han podido mantener la vocaciones necesarias para sostenerse”.

Según apunta Douthat, “hoy los líderes de la Iglesia episcopaliana y grupos similares con frecuencia no parecen estar ofreciendo algo distinto de lo que puede conseguirse desde el liberalismo meramente secular”.

Alcance social de las creencias religiosas
Es sintomático a este respecto que mientras los comentaristas de ideología progresista han alabado la introducción del nuevo rito de uniones homosexuales entre los episcopalianos, criticaran con dureza la intervención del Vaticano en la principal conferencia de religiosas de EE.UU. (cfr. Aceprensa 25-04-2012). Sin embargo, con esa intervención Roma quiere evitar la desaparición de muchas órdenes religiosas, desviadas de sus principios religiosos fundacionales. Estas órdenes, según Douthat “han fracasado en su intento de inspirar a una nueva generación de monjas, por lo que muchos hospitales católicos a lo largo del país están pasando a manos de administradores centrados en los beneficios, con las consecuencias que ello puede tener para los pobres”.

El declive de los credos que transigen con lo políticamente correcto no tiene que llevar, sin embargo, a descuidar el alcance social de las creencias religiosas. Así, para Douthat “la idea que define al cristianismo liberal –que la fe debería alentar el cambio social además del personal– ha sido una inmensa fuerza positiva en nuestra vida nacional”, pero los beneficios sociales del cristianismo deberían provenir de una mayor profundización religiosa.

De hecho, como ha apuntado Gary Dorrien, teólogo protestante afín al liberalismo, al que se cita en el artículo del New York Times, el cristianismo socialmente más activo, como el que alentó el Social Gospel o el movimiento de los derechos civiles, fue mucho más dogmático y defendió ideas que pueden calificarse de progresistas pero en el contexto “de un Dios personal, la divinidad de Cristo, la necesidad de redención personal o la importancia de las misiones cristianas”, es decir, sin olvidar su compromiso religioso.

Anglicanos: sin consenso sobre las mujeres obispos
Por su parte, la Iglesia de Inglaterra sigue sin llegar a un acuerdo sobre el acceso de las mujeres al episcopado, según informa La Croix (12-7-2012). El Sínodo General de la Iglesia de Inglaterra aprobó ya esta cuestión en 2010, pero la medida debía ser ratificada en 2012 por una mayoría de tres cuartos. En el Sínodo celebrado a mediados de julio, para alcanzar esa mayoría, la cámara de los obispos –la terceca cámara del Sínodo– adoptó dos enmiendas al proyecto. Estos cambios permitirían que las parroquias que no acepten un obispo diocesano mujer, se pongan bajo la autoridad de un obispo auxiliar varón.

Esta solución no ha gustado a los partidarios más fervientes de las mujeres obispos, que por 288 votos contra 144 han preferido rechazar esta solución, y volver a discutir el tema en su próxima reunión de septiembre. Pero no parece que sea posible contentar a unos y a otros, sin que se produzcan escisiones.


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