En cuestión de sexo, muchos adolescentes de EE.UU. prefieren esperar

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Pese a la carga brutal de contenidos sexuales en los medios de comunicación; a una educación sexual que potencia las prisas y pone más atención en la “física” que en la “química”, y a la erotización de todo cuanto pueda ser forzosamente erotizado, el porcentaje de adolescentes norteamericanos que confiesa haber tenido relaciones sexuales ha continuado cayendo desde los años 80.

Los números los trae una investigación efectuada por los Centros de Control de Enfermedades (CDC) de EE.UU., entre 2011 y 2015. Según la institución, si en 1988 el porcentaje de varones de 15 a 19 años que se había iniciado en el sexo ascendía al 60%, en 2015 había descendido al 44%. En cuanto a las muchachas, que en el primer año mencionado exhibían un 51%, en el segundo ya cifraban siete puntos porcentuales menos.

Las chicas que vivían con sus padres biológicos manifestaron con mayor rotundidad que otras su temor a quedar encintas como consecuencia de una relación sexual

Los autores del estudio, sin embargo, no se han quedado en un “¿lo hiciste o no lo hiciste?”. Al abordar los motivos de su decisión, el hallazgo es que los valores morales –con todo y el omnipresente bombardeo de mensajes sobre sexo– continúan perfilando los puntos de vista de los más jóvenes respecto a la sexualidad. La principal razón esgrimida por las chicas para no haber tenido relaciones sexuales, fue que se lo impedían sus convicciones morales o religiosas (35,4%), mientras que para ellos lo fue el no haber encontrado todavía a la persona indicada (28,5%), si bien no muy lejos de sus motivos religiosos o éticos (27,9%).

Ha calado también en ambos grupos el temor a una infección de transmisión sexual (71,1% y 4,7%, respectivamente), el deseo de no precipitarse porque “tengo una relación, pero quiero esperar el momento correcto” (6,2% y 6,6%), y el rechazo a un embarazo precoz (19,3% de las muchachas, 21,2% de los muchachos). Respecto a esto último, cabe destacar el papel crucial de la familia pues, de las chicas, aquellas que vivían con sus padres biológicos manifestaron con mayor rotundidad que otras –convivientes solo con uno de ellos o con ninguno– que quedar encintas como consecuencia de una relación les causaría una gran angustia.

El “ligue”, sobrevalorado

Así pues, no son mayoría los adolescentes que han “pasado a mayores” en este tema, por más que muchos alardeen ante sus compañeros de haberlo hecho, algo que les supone en la opinión del grupo un plus de “madurez”, bastante más notable que el llevarse a la boca el primer cigarrillo y adoptar poses de estrella de cine.

Haya habido o no encuentro sexual real, la noticia de que lo hubo pone sobre los hombros de otros miembros del colectivo una intensa presión y la percepción de estar quedándose rezagados: si love is in the air (“el amor está en el aire”), es inexplicable cómo ellos no lo atrapan. Esta coacción cultural es la que los empuja muchas veces a buscar ocasiones de sexo informal, a pesar de no estar ni auténticamente interesados ni listos para ello.

Un estudio conjunto de la universidad de Harvard y el proyecto Making Caring Common se ha fijado precisamente en este aspecto –y en otros–. Los investigadores conversaron con unos 3.000 adolescentes y jóvenes, y detectaron que la cultura del “ligue”, del sexo informal, estaba sobreestimada; que la mayoría de los muchachos no la practicaba y que, antes que eso, preferían pasar tiempo con los amigos o, llegado el caso, tener relaciones con su pareja. “Esta sobrevaloración –dice el texto– puede hacer que muchos adolescentes y jóvenes se sientan contrariados o avergonzados al creer que no están siguiendo las pautas de sus semejantes”.

Más que estar apenados por esto, sin embargo, los jóvenes refirieron una queja: por faltarles una guía certera en asuntos de pareja, no se sentían lo suficientemente preparados para enfrentarse a una relación. El 70% de los chicos y chicas de 18 a 25 años expresó que hubiera deseado tener más información, por parte de sus padres, sobre algunos aspectos emocionales, entre ellos, cómo empezar una relación, cómo llevarla a su madurez, cómo gestionar una ruptura y cómo evitar ser dañado o dañar al otro miembro de la pareja.

La educación sexual al uso no informa a los jóvenes acerca cómo desarrollar una relación de pareja sólida y saludable

“El 65% de los encuestados –precisa la investigación– (…) hubiera querido recibir orientación sobre aspectos emocionales de la relación romántica en las clases de educación sexual o de salud en la escuela. Pero la educación sexual tampoco va al fondo en cuanto a informar a los jóvenes acerca de lo que es el amor maduro, o sobre cómo desarrollar una relación sólida y saludable”.

Jóvenes más informados

A raíz de la publicación del estudio de los CDC, algunos expertos han opinado sobre los factores que pueden haber originado un cambio de conducta respecto a las relaciones sexuales tempranas.

Algunos, como la especialista Amanda Pasciucco, miembro de la American Association of Sexuality Educators, Counselors and Therapists, explican el fenómeno desde lo negativo. Según dice a Newsweek, el cada vez más fácil acceso a contenidos pornográficos en Internet inhibe la necesidad de buscar una pareja real.

Otros ven la influencia de la web desde otro ángulo. En un artículo en The Telegraph sobre el informe de los CDC, el periodista Gareth May echa mano de un estudio de dos investigadores de las universidades de Upsala y Gotemburgo (Suecia), quienes señalan que los temas de sexualidad responsable pueden llegar eficazmente a los adolescentes cuando son estos quienes se interesan por ellos en un ámbito extraescolar, toda vez que hablarlos en el aula o con los padres les resulta embarazoso a algunos. “La facilidad de uso de Internet, su disponibilidad para cada vez mayor número de jóvenes y su percepción de anonimato en cuanto a algunos asuntos sensibles, son excepcionales para la difusión de información sobre sexualidad en la era digital”, subrayan.

Según algunos, la abundante información sobre el VIH estaría funcionando como un disuasorio ante la posibilidad de tener relaciones sexuales

Por su parte, otros expertos ven una explicación en los efectos disuasorios de la información sobre el VIH y demás enfermedades de transmisión sexual. La Dra. Brooke Bokor, especialista en Medicina Adolescente del Children’s National Health System, de EE.UU., precisa que la puesta a disposición de la vacuna contra el virus del papiloma humano (VPH) para chicos de 11 años en adelante, ya es de por sí una razón potencial para que los estos encuentren menos atractiva la decisión de dar el paso hacia la relación sexual. Es más o menos la tesis de la Dra. Laura Lindberg, del Alan Guttmacher Institute, para quien la actual situación es llanamente una respuesta a la epidemia del VIH, a partir del abundante flujo de datos sobre ella que están recibiendo los jóvenes.

En todo caso, sin embargo, más que dejar el fenómeno al albur de que confluyan espontáneamente varias circunstancias favorables, habrá que subrayar el rol de la familia, decisivo –como se ha visto– en el caso de las chicas que prefirieron abstenerse para evitar un embarazo. Los padres, la familia, según recomiendan los autores del estudio de Harvard y Making Caring Common, tienen que estar para ayudar a los jóvenes a diferenciar entre el amor y la simple atracción, entre una relación saludable y una negativa, entre las actitudes éticas y las que no lo son. Porque la presión social es fuerte, y el presumir de haber llevado a alguien a la cama seguirá siendo un engañoso ritual de aceptación.

Menos hijos de madres adolescentes

Una investigación del Pew Research Center, de 2016, daba cuenta de un descenso de los nacimientos de hijos de madres adolescentes entre la década de 1990 y el año 2014: de 61,8 por cada mil madres de 15-19 años, a 24,2. Por grupos étnicos, la mayor caída se había producido entre las madres hispanas (un 50% menos), seguidas por las asiáticas (48%) y las afroamericanas (44%). Entre las madres blancas, el declive fue menos señalado: un 36%.

Entre los factores que propiciaron estos números, el Pew cita la crisis económica de 2007 a 2014, así como también una mayor abstinencia sexual, más información sobre cómo evitar embarazos y el empleo de anticonceptivos “más eficaces”. Según la fuente, la proporción de adolescentes sexualmente activas que utilizó la “píldora del día siguiente” creció del 8% en 2002 al 22% entre 2011-2013.


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